Revista Intemperie

¿Dónde estará Genet?

Por: Victor Montero
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Víctor Montero desmenuza el último estreno de Luis Barrales, Jardín de Reos, pero se queja de la escasa vinculación con el original de Jean Genet, de la que se vanagloria el folleto de Matucana 100

 

Jardín de reos se propone desde el cartel como una revisitacion, reescritura o revisión, o cualquier eufemismo para decir basada en, del texto de Genet por parte de nuestro Barrales, por lejos el dramaturgo más importante, prolífico e interesante de este pedacito de siglo que llevamos. En Chile, por lo menos.

Y es que ahí se produce la primera zancadilla al entrar a la sala Patricio Bunster del Matucana 100. Pues uno entra buscando al Genet. Ni una mala onda con Barrales, al contrario, pero es que se le dio tanto a la reescritura que uno entra buscando eso. Y no. Nada de aquello. Estuve el montaje completo esperando el enfrentamiento entre el reo sentenciado y el que le escribe las cartas a su mujer, y que al parecer quiere quedarse con ella. No. Acá Barrales traslada esa situación a otro lugar. No le vamos a contar. Vaya a verla.

Las expectativas de esta versión van, además, al montar el gran texto Genetiano, censurado y apiedrado en su época, por el contenido, la sugerencia hacia lo homosexual, etc. Pero tampoco hay nada de eso. Habría que hablar con el que escribe las reseñas en el sitio del centro cultural, pues habla de otra cosa, que no aparece en la obra, en tanto que deja traslucir muy poco de lo que realmente se ve.

¿Y que se ve? Asistimos a un ejercicio de dirección del joven Jaña, apoyado por un fondo estatal, buena idea de diseño integral, y por buenos intérpretes, donde destaca Juan Pablo Miranda, quien a esta altura vendría a ser el decano en los textos de Barrales: nadie debe decirlos mejor que Miranda. Descubrió, a punta de declamarlos muchas veces, cierta musicalidad que se corresponde muy bien con la estructura lúdico-lingüística propuesta por el dramaturgo. Además, da la impresión que fueran textos hechos a la medida de Miranda, quien entra cómodamente en ellos, los juega, los compone y los proyecta desde la misma calle que enriquece la dramaturgia Barraliana. Desde la misma esquina, barrio y pichanga.

Ahora, a pesar de la densidad aportada por Miranda, no se alcanza a definir el lugar desde donde se quiere narrar este drama. Claramente ganaría el lugar interno desde donde “habla” cada actuante. Lo social no se alcanza a concretar, salvo por los intentos de los actores Zarate y Angulo, quienes proponen algo “marginal” desde sus construcciones, pero la resultante es devaneante, al tiempo que Miranda propone algo mas trascendente, quizá porque le tocan textos revestidos de más metafísica que los de los otros personajes.

El espacio también tiene algo que decir, al tiempo que provoca la trampa de la duda: ¿por qué ahí?, ¿por qué esa preconstitución de escena final?, ¿por qué lo que pareciera más importante textualmente, lo relacionado con la madre, se diluye en lo relacionado con el crimen, develado hacia el final?

Ciertamente la puesta en escena moderna permite una serie de injustificaciones no necesarias para la comprensión, o no, de un producto teatral determinado. Acá estamos frente a un ejercicio de montaje realizado por un joven y talentoso equipo, de la mano de la cada vez mas interesante y seria dramaturgia de Barrales, a quienes creo que le hizo un flaco favor el folleto de la obra que se repartía a la entrada: creo que no existe ni el cruce con Genet que se anuncia, ni estructuras sociales que modifican destinos, ni metáfora del sistema social, ni la problemática planteada por la violencia, la marginalidad ni el poder. O sea, están, pero solo enunciados en el texto, o proyectados en la ejecución de los actores, pero no fraguados en la escena. Una escena burguesa, por lo demás.

 

Jardín de Reos

Dirección: Sebastián Jaña
Dramaturgia: Luis Barrales
Elenco: Juan Pablo Miranda, Moisés Ángulo, Nicolás Zárate
Asistente de dirección: María Catalina Villanueva
Asistente: Benjamín Villalobos
Diseño espacial: Marcos Guzmán
Música: Anselmo Ugarte
Diseño de vestuario: Daniela Vargas
Diseño de iluminación: Pablo De la Fuente
Realización escenográfica: Pablo De la Fuente
Fotografía: María Paz González y Eduardo Cerón
Video: Cristopher Murray
Diseño gráfico: Javier Pañella
Producción y prensa: Francisca Babul

2 Comentarios

  1. Mesias Alieste dice:

    Parece solo Miranda tenía nombre, “los actores Zárate y Angulo” fueron bautizados solo con su apellido. Fuera de ese detalle que solo le importa a los actores, comparto las conclusiones finales del autor.

  2. Silvio dice:

    Hola Víctor, antes que nada hay que comenzar por reconocer que hacer crítica siendo actor es un ejercicio complejo y tu comentario deja entrever la dificultad; no se puede ser demasiado duro con los colegas porque sabemos que el lugar de la creación es complejo, después puede ser uno el críticado y al parecer siempre es conveniente mantener las buenas relaciones, ¿qué sucede en este caso? que no estamos ni frente a una crítica, ni a un comentario, sino ante un extraño híbrido que pretende “desmenusar” una obra, sin hacerlo tampoco. El riesgo y la sensatez presentes en tu mirada son a medias tintas porque, según tus palabras habría que deducir que el trabajo de Barrales está perfecto y que el gran error está en quienes diseñaron el folleto o cartel y en el señor que hace las reseñas para Matucana 100 y no en el dramaturgo que se suponía realizaba una adaptación, revisión, reescritura, reinvención y nada de eso había.Surgen entonces varias preguntas ¿Cómo comentar, escribir o criticar siendo actor, director o creador sin intentar protegerse? ¿Cómo dejar de temerle a la crítica y comenzar a entenderla como un aporte constructivo, una visión necesaria para el crecimiento del objeto artístico que se esté analizando? Este comentario es solo una manifestación de ciertas dudas y preguntas que me surgen cuando pienso en la fundamental relación de la obra con su público.

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