Revista Intemperie

Maori Pérez: el medio literario chileno está lleno de personas urgidas por sobrevivir

Por: Andrés Olave
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Andrés Olave conversó con el prolífico escritor Maori Pérez acerca de los escritores que están saliendo del país, del proceso de su escritura, y en especial de su última novela, Oceana.

 

En una época donde algunos de nuestros escritores celebran orgullosos sus obras cada vez más fragmentarias, breves y esporádicas, casi como queriendo presagiar la futura desaparición de la literatura chilena, resulta necesario echar un vistazo al trabajo de otros autores, aquellos que si escriben continuamente y que tienen un convencimiento profundo en el poder de la escritura más que en el juego incesante y solipsista de la autopromoción.

En Chile la obra de los escritores muchas veces sale a cuentagotas. Tú, con 26 años ya tienes siete libros a tu haber, y sigues contando. ¿Cómo ves, en ese sentido, lo que es la construcción de tu obra? 

Uno primero aprende a ofenderse del oficio, luego admira en esto y en lo otro a los escritores, a los supremos e inmortales de los que tanto se habla, luego aprende a amar lo que escribirá, y lo que sigue es, solo entonces, enteramente literario. Objetivamente, toda obra nace como el teatro, o como el cuento de Poe. Luego del nacimiento, podemos observar el brillo inmanente de una obra, incluso la mía, pero solo una vez que nos hemos desecho del conflicto y nos adentramos en otras placenteras sinuosidades. Las del sueño, por ejemplo.

Escribir muchas veces implica visitar territorios inexplorados, establecer una cartografía de lo que hasta entonces permanece oculto.  ¿Cómo podrías describir tus propios territorios, tus mundos ficcionales?

Dicta el acontecer que mis mundos ficcionales a veces parezcan resúmenes paródicos de lo que ha permanecido: aquella novelita de Zambra, lo último de Bisama; o de lo que surgirá (que un personaje es Diego Zúñiga, que Hidalgo, Simón Soto y/o Toro). Baradit, también. Felipe Becerra. Pequeños torneos de artes marciales de la literatura chilena. Pero esto es en el conjunto de la literatura chilena actual (que no deja de ser). Como piezas individuales, yo debo haber creado algo así como novelas de excepción: mundos distinguibles en el cielo de nuestra obra literaria. Libritos que parecen estrellas por sí solos, pero que no son, por más que nos dé la tincada de todo lo que puede haber en el cielo visible de una literatura nacional. Son tal vez mundos en donde habitan estrellas.

A propósito, que opinión tienes entonces de la literatura chilena. Hablas de pequeños torneos, como si hoy en día en nuestra literatura nada importante estuviese en juego.

Muchísimo hay en juego. ¡Hay más de la cuenta! pero alguna narrativa tiene que registrar eso. No se trata de un simulacro.

Pero la época de los grandes reyes, Donoso y Bolaño parece haber quedado irremediablemente atrás. ¿Qué nos depara entonces el porvenir?

No observo que haya quedado irremediablemente atrás. Hay varios que llevan esa bandera, o que proponen ocupar ese puesto a futuro. Zambra afirma ser el hermano menor de Bolaño, Felipe Becerra pareciera planteársenos a veces como su hijo, o su anti-hijo, ya que Felipe es donosiano. Dentro de la variedad, en cualquier caso, es importante agarrarse de un favorito.

Volviendo al tema de tu escritura, ¿cuales son tus rutinas y rituales, tus modos de trabajar el proceso escritural?

De vez en cuando, de día o de noche, tengo un sueño, un sueño despierto o un sueño como cualquiera pero sobre todo uno muy jodidamente bueno. A continuación, me planteo cómo hacer para trasladar cada imagen a una historia de extensión. Ya tengo la trama. A partir de la trama van surgiendo los personajes, las situaciones específicas, y finalmente el plan por capítulos. Luego es cuestión de afianzar un ritmo con el que desplegar el tejido, el texto, y obtengo mi manuscrito.

Oceana, tu última novela, incluye un epígrafe de Masato Kato: “para cuando todo se haya resuelto” ¿Qué es lo que piensas de dicha sentencia?

Me pareció el epígrafe perfecto para contrarrestar el efecto de “última novela” al que llama 2666 de Bolaño, con una especie de última novela, una especie de última novela que perteneciera al género de la ciencia ficción, es decir, al género del adelantamiento a los hechos. La verdad es que no sé si seguiré escribiendo después de ella y cada vez hay más cosas que aumentan la dificultad de hacerlo, pero surgen iniciativas. El lujo es que la escribió Masato Kato, el guionista de Chrono Cross, más o menos dos años antes de la muerte de Bolaño, y, por lo tanto, adelantándose también a su última novela en vida.

Hablas de dificultades y en general la literatura parece pasar por momentos difíciles. Pero sin ella pareciera que perderíamos una parte importante de nosotros mismos, como en tu caso, la comprensión, el aprendizaje de nuestros sueños. ¿Qué piensas al respecto?

Muy de acuerdo contigo, la verdad. Es fundamental no perderla de vista. Ojala no me ocurra a mí ni a nadie, ¿qué puedo decir? Trágico sería.

En Oceana, aparece el Neo Chile, una visión disonante de nuestra realidad. ¿Como ves el país que tenemos y del que tantos escritores hoy en día están derechamente arrancando? 

Muchos escritores están arrancando y con ello afianzando la confianza que merece un escritor en distintos lados, concretando así un proyecto publicitario superior. De ese modo, pueden publicar luego en trasnacionales, a sabiendas de que ya han sido traducidos en tales países que han habitado y por ende son conocidos, pueden vender. Las salidas de cada quién, central o no en este país, por decirlo así, nuevo, son desesperadas, pero aportan algo que nos puede dejar optimistas, si sabemos jugar nuestras cartas. Eso es todo.

¿Si tenemos escritores que están más preocupados de autopromocionarse que de la propia literatura, adonde vamos a llegar? 

Al bandejón inferior de los premios literarios, probablemente. La preocupación por la literatura es política, es mucho lo que hay que conocer. Por eso es inevitable que surjan, de vez en cuando, enormes ejemplares de poderío escritural. Pero no creo que podamos hablar de gentes preocupadas de la autopromoción, sino de muchas personas urgidas por sobrevivir. Ese es el meollo del asunto, sea predominantemente literario o tan diametralmente político o autopromocionativo.

 

Foto: Sangría

Oceana (extracto), de Maori Pérez, Sangría Editora, 2012.

8 Comentarios

  1. Menoschinchin dice:

    malito este huevón, pero escribe harto y es probable que mejore, aunque parece ser él, el más autoproclamado, la mina más gritona de la cuadra, siempre hablando del panorama, del medio, donde parece que todos, incluido este, perdieron cierta lucidez mínima y olvidaron la posibilidad de cerrar el pico un rato

  2. Menoscocaína dice:

    Ingrese a rehabilitación, Menoschinchin, aprenda a utilizar su libertad de discurso responsablemente y con tolerancia, no puede ser que no se pueda ni hablar, menos si se trata de los intelectuales cuya labor es precisamente esa.

  3. Carlos dice:

    Si da a entender que a los 20 y algo ya está a la altura del último Bolaño y que es un escritor “de excepción” como él mismo se proclama, mejor que empiece por bajarse del cajón y escribir un libro pasable. Esos trucos ya no sirven. Ya no somos tan ingenuos: los tiempos donde una novela de meta ficción punk-animé sonrojaban a las señoritas pasaron hace rato. En Perú ya llevan varios años cultivando esas mezclas (las narrativas del caos) y en los EEUU esas narrativas vienen de vuelta (la bizarro fiction, los mcsweeney’s, etc). Si quiere imponer la nueva ola con un rifle, allá él.

  4. Menoschinchin dice:

    Menoscocaina, menoscocos, no entendió ni una huea. Que hable lo que quiera, solo me pareció curioso que este tipo siempre salga atendiendo algo que él representa muy bien. Leo el titular de la entrevista y luego de terminarla da la impresión que el mas urgido, el escroto más arrugado y frio de todos, es el.

  5. maori pérez dice:

    Carlos, yo no me he autoproclamado nada. Si no se entiende ni pito es porque ambos escriben y leen muy mal, y a mi me leen particularmente muy poco como para diagnosticar si tengo un libro malo, bueno o regular, posiblemente no puedan nombrar ni tres de corrido. Estaría bien, porque son muchos los autores, pero a decir verdad no tienen la autoridad para hablar de mí, meramente la posibilidad. Andarán con la bala pasada que no hablan de los otros autores, de quienes saben bastante. Sin embargo, ambos discursos, el de Carlos y el de Menoschinchin, son oportunistas y publicitarios, tampoco han hablado realmente de literatura, a lo más han nombrado ejemplos, que es lo que debieran dar. En cualquier caso, ni ustedes están para desperdiciar sus días, meses o años de vida tirando mierda, ni yo para contestarla. Aguante Carolina Melys, el Bulla y el Pedagógico.

  6. Troll dice:

    Interesante que quienes critican a un escritor no son capaces de escribir un buen post ni entender lo leido, pero bueno de literatura yo no se mucho, pero aqui en internet eso de trollear ya es cuento viejo, si lo hace, hagalo bien.

  7. julio dice:

    Hace un par de días salió en El País un artículo que hablaba de por qué se publica para que existan más libros en lugar de que nazcan nuevos lectores. Hay escritores con un puñado de obras publicadas que han expandido el mundo de muchísimos lectores a lo largo de las generaciones.
    Hay una escritora británica que escribe un cerro de novelas al año pero sólo publica una dentro de ese periodo, y a veces se da más tiempo.
    La escritura es un oficio-iceberg: su resultado visible es ínfimo en relación al trabajo que te llevó a todo eso y que, creo yo, es el valor supremo de toda literatura.
    La escritura es, antes que todo, un ejercicio que entraña una férrea rutina que te exige ser prolífico pero más que nada para ti mismo(a). Hay que escribir mucho, es verdad, pero eso no implica publicar mucho.
    Quizá no hay que pensar tanto en el torneo de las artes marciales (imagen que me encantó, por cierto), sino que en el camino propio a lo kung-fu (David Carradine). Ya no me enojo porque nadie me publica. Mando un par de hueás a páginas de internet y sigo haciendo novelas. No soy nadie. Nadie. Y tal vez estas cosas que escribo algún día significarán algo y más que Gokúes luchadores serán marinos borrosos que se toparán, un buen día, con un par de lectores que colonizarán para siempre.

    Besos para todos

    Julio
    Nadie importante

  8. Maori Pérez dice:

    Julio, yo tampoco soy nadie importante, pero lo que produzco no es todo lo que publico, y lo que publico no es porque quiera sino porque algún valor actual tiene para una cierta cantidad y calidad independiente de editoriales en un mundo donde la calidad es el mismo cuento de la objetividad que trata de imponer la modalidad burguesa y donde la verdad de las cosas es que existen lectores, hay lectores para todo tipo de escritos si se conoce el adecuado planteo de una obra. No existe una fórmula para cultivar lectores, pero así como usted ha apreciado mi metáfora del torneo de artes marciales de la literatura chilena, yo feliz lo encomiendo a persistir en acceder a un puesto o a instalar su propio barco o incluso tienda de espantos. Lo importante es separar de una buena vez a los que gustan tanto de la literatura que desean hacerlas todas, de los que solo quieren destruirla o al menos algún augurio. Y separarlos no porque los últimos no tengan sus razones, sino para rescatar el todavía válido ahínco de puro hacer arte, aunque este tenga que acceder a ser ‘el arte’ de destruir el arte y lo que lo autoriza.

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