Revista Intemperie

Repensar Latinoamérica

Por: Federico Zurita Hecht
nuestra-america

Nuestra América, de la compañía Teatro Público, intenta configurar ese rompecabezas aún por repensar que es el proyecto de colonialismo en Latinoamérica. Escribe, Federico Zurita

 

Nuestra América, título usado por José Martí en un texto de fines del siglo XIX que habla de la unidad y libertad de Latinoamérica frente a los diferentes yugos metropolitanos, es hoy también el título del nuevo montaje de la compañía Teatro Público que ya en 2010 había presentado la obra Celebración bajo la dirección, al igual que en este nuevo trabajo, de Patricia Artes. El montaje Nuestra América busca formular una historia dramatizada de la construcción de la idea de Latinoamérica. Para formular esto, se introduce en la huella de su fundación, que no es otra cosa que una agresión, y avanza por el camino trazado por ese génesis traumático hasta la conformación, tras quinientos años, de la violencia como elemento participante de la identidad de este grupo de sociedades que se construyen, en su conjunto, como entidad inventada por otros y arrojada al mundo como una periferia despreciada por el centro inventor.

Para sostener esta reflexión, Nuestra América se articula siguiendo un modelo similar al de Celebración (lo que nos habla de un intento por configurar una poética propia por parte de Teatro Público), el que se lleva a cabo a partir de fragmentos que construyen pequeñas piezas de un rompecabezas. Este entramado, en la ausencia necesaria de una linealidad, se hace visible por el espectador como un objeto que irrumpe ante sus sentidos para enrostrarle algo que ha permanecido oculto a la vista de todos. Esta es una de las características que ofrece la influencia del teatro épico en este montaje, la que se intensifica con la presencia de carteles, música en vivo, cambio de personajes por parte de los actores (con cambio de vestuarios delante de los espectadores) y aserciones dirigidas al público, entre otras herramientas.

Lo que más destaca del modelo formal señalado en el párrafo anterior, es la posibilidad que ofrece este de sostener ideas que permitan que el objeto-montaje que irrumpe ante los espectadores se vuelva políticamente activo. Hay, ante todo, en Nuestra América, una necesidad de formular un juicio sobre el tópico de la agresión que da como resultado el génesis de Latinoamérica. Estas ideas, por cierto, no surgen a partir de lugares comunes como los chovinismos localistas, las ideas de regreso al origen o las descontextualizaciones del proyecto bolivariano. De hecho, la acción se articularía a partir del entendimiento de la heterogeneidad de Latinoamérica y de sus múltiples causas de reclamación, ya sea del norte, del centro o del sur (y las múltiples subdivisiones de cada una de estas zonas).

Si no es desde el sentido común desde donde se habla (que ya es hora de que se vaya entendiendo que no es un lugar productivo para hablar), esto finalmente se hace desde el sustento teórico. Nuestra América está construida (y se hace evidente al espectador medianamente instruido) de las lecturas de las historias de Latinoamérica, de las teorías acerca de la invención del llamado nuevo mundo por parte de las llamadas metrópolis y de las teorías sociales que describen la forma en que occidente y los territorios occidentalizados (como Latinoamérica por ejemplo) se construyen jerarquizadamente, sacrificando a una inmensa mayoría en función de proyectos macroeconómicos: la forma en que la modernidad en el supuesto nuevo mundo se entiende peyorativamente como colonialidad por la teoría latinoamericana. Todo lo anterior, sin embargo, no implica que un espectador no instruido no pueda acceder a los significados de la obra, pues efectivamente las problemáticas tratadas, algunas más que otras, pueden resultarnos familiares.

El recorrido es riguroso y va desde la conquista hasta la actualidad. Se transita, entonces, por la inauguración de la violencia, por la pregunta por la propiedad de la tierra (idea occidental), por la fundación de la modernidad europea a partir de la creación, explotación y (simultáneamente) exclusión del llamado nuevo mundo, por los intereses de las metrópolis en el continente (España e Inglaterra, por ejemplo), por la independencia de Haití, por el paso del colonialismo político al neocolonialismo económico, por los proyectos oligarcas y, en oposición, los revolucionarios, tanto mexicanos (el de Zapata y Villa como el de Marco), cubanos y chilenos, por las reclamaciones de las madres de la Plaza de Mayo y por la instalación de las ideologías de la clase dominante que difunden el blanqueamiento de la identidad nacional y el desprecio por las otras etnias. México, Cuba, Haití, Perú, Paraguay, Argentina y Chile, entre otros, transitan por el espacio de la escena.

Nuestra América es, por tanto, un montaje que se ubica con elocuencia y valor en un lugar de una discusión que debe llevarse a cabo. Ese lugar es el de la visión crítica del proyecto definido como colonialidad. Por tanto, la obra habla desde la necesidad de repensar Latinoamérica desde la idea subversiva (la decolonialidad) opuesta a la que ha construido un nuevo mundo violentado.

 

Nuestra América

Dirección: Patricia Artés
Asistencia de dirección: Manuel Ortiz
Documentación: César de Vicente Hernando
Elenco: Cristián Lagreze, Cecilia Acuña, Javiera Zeme, Martín Muñoz, Álvaro López
Dramaturgia: Teatro Público
Música: Alejandro Miranda
Diseño escenografía y vestuario: Marcela Gueny
Diseño gráfico y de iluminación: David González
Producción: Andrea Vera Puz
Asistencia de producción y difusión: Cristian Aravena
Fecha: del el 3 al 21 de abril
Horario: jueves, viernes y sábado a las 21 hrs. Domingo a las 20 hrs.
Lugar: Escuela de Teatro de la Universidad Mayor. Santo Domingo 711. Metro Bellas Artes

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