Revista Intemperie

El fin de radio Horizonte

Por: Andrés Olave
horizonte

Andrés Olave revisa los posibles alcances y consecuencias que se ocultan detrás del siempre creciente cierre de medios de opinión y espacios para la cultura en pos del rédito comercial

 

Hace unos días radio Horizonte, una de las plataformas de música indie más importantes del país, ha desaparecido. ¿La razón? La decisión de sus nuevos dueños, el todopoderoso grupo Luksic de colocar en su lugar Top fm, una radio de gusto masivo igual que todas las otras radios que saturan el dial. De seguro, estos hombres de negocio han hecho su tarea y calculado que pueden así ganar más dinero aunque de paso, tengan que borrar de un plumazo y sin contemplaciones una de las pocas alternativas que le quedaban a un importante grupo de oyentes en nuestro país.

Bajo tales circunstancias creo que es valido preguntarnos si la obsesión por el dinero y la necesidad de siempre ir por la mayor cantidad posible, ¿no acabara por achatar nuestras vidas hasta una grisura insoportable? Darse una vueltas por los canales de televisión locales y ver que a muchas horas todos están dando programas de farándula, o recordar la época en que Canal 13 daba todo el día los Simpsons por la simple razón que cada capitulo le reportaba casi ocho millones de pesos en conceptos de publicidad nos dan indicios de lo oscuro que puede ser nuestro futuro. Uno puede revisar los titulares de los diarios populares y ver como celebran extasiados los altos puntos de rating que tuvo algún programa o serie. Como si el ideal supremo fuese que al final todos acabasen viendo el mismo programa, secuestrada la atención de la masa bajo una sola vertiente, una sola luz que los pueda encandilar a todos.

Por supuesto, nos queda Internet, una suerte de trinchera hiperespecializada donde podemos ver los programas que se nos antojen o escuchar radios de Inglaterra o Papua Nueva Guinea. Pero hay que notar que eso implica una retirada, un apartarse de la cultura imperante, pasar de las conversaciones de café donde la fijación por la ultima estrella de la farándula caída en desgracia, y el encanto por el nuevo tema de moda que es coreografiado una y mil veces para subirlo a Youtube. La retirada implica convertirnos en unos outsiders, aquellos que están fuera de la sociedad establecida, la misma de la que hasta hace poco éramos parte y que, merced del mal gusto de los medios masivos, hemos sido progresivamente expulsados.

Reviso los tuits del día de la despedida de radio Horizonte y el desconsuelo es generalizado. “Muchas gracias y hasta siempre” fueron las ultimas palabras de la locutora para después de un silencio de casi un minuto dar paso a ese espanto que es Top fm. Había mucha tristeza entre los auditores, también rabia, y aquí me parece surge otro problema: la pérdida de la indiferencia. Ante el Gangnam Style o la última canción de Wisin & Yandel, ya no podemos ser simplemente indiferentes pues en realidad la hegemonía de ese imperio realmente nos afecta. Los dioses, en busca de más espacio para los nuevos ídolos, desalojan nuestros últimos refugios, nos lanzan al exilio y entonces el rencor y el resentimiento se convierten en una posibilidad abierta, casi una exigencia.

Otra arista del problema es el que sugiere Goethe en su famosa carta a Lavater: “quien se encuentra situado en medio el vasto mundo construye otro dentro de él, un pequeño mundo rodeado y protegido de muros y decorado a su imagen”. Si habitamos un mundo donde la codicia y la homogeinización de los gustos imperan, hasta cierto punto internalizaremos a nuestro modo dichas practicas. Nos degradaremos. O dicho de otro modo: si vives en un paraíso capitalista donde parece haber cada día menos espacio para la alteridad, ¿qué le pasa entonces a tu alma?

Puede ser que al final, sin fuerzas para luchar contra lo inconmensurable, todo acabe en una claudicación masiva, haya que cruzar la línea de batalla y aceptar los nuevos códigos culturales: informarse de las últimas andanzas de Rony Dance o Tanza Varela, mientras se escucha un reggaeton o se baila el Harlem Shake. El horror de un mundo que pese a su diversidad coquetea cada vez más con los estándares del totalitarismo: todos unidos bajo una sola voz, el juego de una sola conciencia.

 

Foto: radio Horizonte

4 Comentarios

  1. Mónica Victoria dice:

    Conozco caleta de gente que la escuchaba hace años. En verdad es una pena. En esto radica la monocultura al fin, y luego el dilema de ser -o cómo- no ser un outsider. Por lucas, nadie piensa en la otredad.
    Una amiga me recomendó una radio peruana semejante a la horizonte.

    Saludos.

    http://tunein.com/radio/Indie-Radio-s148739/

    alguien podría dejar su radio acá igual, pensando en su prójimo, plis.

  2. Mesías dice:

    Primero que nada quisiera hacer notar que habría sido muy bueno contar con esta columna hace 2 semanas atrás.

    En segundo lugar, quiero sumar un cuestionamiento más a los ya expresados por Andrés Olave y que en mi caso no solo quieren fusilar a Luksic sino también a quienes pusieron en venta la radio: ¿Porqué Julián García-Reyes la vendió? ¿el negocio andaba mal? ¿el proyecto no le resultaba interesante? ¿o simplemente lo conmovieron las lucas? ¿cuál es/era la idea?

    A partir de toda la suspicacia que me genera esta venta de un proyecto que a todas luces era lucrativo y sostenible, es que prefiero entender que los conceptos de capitalismo y alteridad de esta columna, toman como excusa lo sucedido con la Radio Horizonte, pero no son un ejemplo sobre LA Radio Horizonte, que a todas luces siempre funcionó coqueteando con el marketing de su propia identidad.

    Por otra parte ¿cuál es LA cultura imperante de la que hablamos? ¿es una? ¿es solo el consumo desenfrenado de basura mediática popular propiciada por los monopolios? ¿No es también el consumo de música indie, -con un vaso de café de grano al atardecer en Barrio Lastarria haciendo la cola para ver una obra de teatro en el Centro Cultural Puma-, una arista más del relato hegemónico cultural? ¿entonces, fuimos realmente expulsados de la cultura? ¿somos outsiders de la cultura? ¿no será más bien que nos autoexiliamos de esa noción ordinaria de cultura para recalar en una noción más exclusiva y elitista de cultura, que en ningún caso supone un alejamiento del relato cultural ofrecido por el capitalismo?

    Saludos, buena revista.

  3. Ricardo dice:

    Es una gran pena el fin de radio Horizonte es igualmente triste darse cuenta que no existe respeto alguno por las personas que durante tanto tiempo escuchamos la radio. La sensación que te deja es la misma cuando terminas una relación desolación.
    Por sierto totalmente acertada la columna de Andes Olave

  4. arturo dice:

    RADIO HORIZONTE NO DESAPARECIO! Sigue pero solo en internet!
    http://www.horizonte.cl

    😉

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