Revista Intemperie

Bajo la ilusión de protección.

Por: Nicolás Poblete

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En un exclusivo colegio, una serie de alumnos y profesores conviven confinados en un ambiente de misterio y violencia bajo la falsa ilusión de protección, en medio de un mundo politizado donde el destino natural sería miserable. Escribe aquí Nicolás Poblete.

 

Al leer Cuatro por cuatro de Sara Mesa, se intuye que detrás de esta narración hay una mano poética a cargo de su arquitectura. Esta novela, Finalista del XXX Premio Herralde de Novela, es una de las muestras narrativas de esta poeta madrileña-sevillana, quien ganó el Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández el 2007. Cuatro por cuatro cuenta la historia de un internado exclusivo en (suponemos) España, donde una serie de alumnos y profesores confluyen para dar cuenta del alto grado de politización que se vive el establecimiento, a la vez que fuera de él. Mesa se luce con su estilo directo y perceptivo, y, gracias a la condensación poética con la que describe y detalla la cotidianidad del colich (como llaman en grafía a este internado), su lectura resulta en un deslumbrante ejercicio representativo.

La novela se encuentra dividida en dos partes. Primero leemos las notas sobre los personajes que habitan el Wybrany College, y luego el diario de un profesor que llega como sustituto de un profesor del que no se sabe hacia dónde ha ido, o qué le ha ocurrido. Esta trama permite a Mesa hacer un recorrido por los espacios y personajes del internado, revelando de paso, la tensión con la que se construyen las relaciones de poder, dependencia e incluso afecto que mantienen al colich en pie. En ese sentido Cuatro por cuatro es la ideal narración que se querría un alumno de tesis en busca de un texto al cual aplicar teorías postmodernas: el nivel de resistencia que se gesta en torno a la institución y que se dispara hacia todos los actos cotidianos, amerita un estudio aparte en cuanto a las relaciones de poder, espacio y tiempo. Al callo se aplicarían las aproximaciones teóricas de Foucault, Soja, Bhabha, Agamben, De Certeau, etc.

Sin embargo, creo que el interés que reviste esta novela se refiere más bien a la fascinación literaria con la que dialoga en sus páginas. A primera vista se pueden encontrar referentes tan actuales como Kazuo Ishiguro (Nunca me abandones) e incluso la versión almodovariana (La piel que habito) de Tarántula, la novela del francés Thierry Jonquet. Asimismo, la novela tiende un puente (como se encarga la propia autora de explicitar al final del escrito) con una serie de autores canónicos: Tolstoi, Bernhard, Gabriel Marcel, H.G. Wells, Elias Canetti, Alfred de Musset o Tarkovsky, quien también es homenajeado a través de su filme Nostalgia.

Cuatro por cuatro es una alusión que encontramos entre los papeles de García Medrano, el docente al cual el protagonista ha ido a reemplazar, y que tiene que ver con el espacio físico en el que se encuentran confinados ciertos seres… Esta imagen permite hablar del mundo politizado del colegio; el afuera y el adentro, y permite denunciar cómo el adentro, con su ilusión de protección, termina por enloquecer a sus habitantes, quienes, paradójicamente, agradecen su existencia (uno de los profesores del colegio confiesa a Bedragare: “Somos afortunados, Bedragare. Cuanto más mediocre es uno, cuanto más hundido está en el hoyo, más agradecido tiene que estar de que lo rescaten. Nuestro destino natural sería miserable. Y sin embargo aquí estamos, desayunando en un colich de lujo”). Acá hay una serie de redes subterráneas que mantienen vivo el espíritu del colegio: los becados, los chicos que, se sugiere, son ofrecidos para satisfacer los deseos sexuales de ciertos empleados del colegio, y que se camuflan con los otros que se han suicidado en un ambiente de misterio y violencia.

El delirio de Isidro Bedragare, quien se supone, está en el colegio bajo una falsa identidad (como su propio cuñado, según se revela) llega a un extremo con su intento por burlar las leyes del colegio, atrevimiento que lo termina enfermando, y su relación con su hermana, quien vive en una ciudad asediada por la delincuencia y la violencia, se transforma en un reflejo de las redes disponibles: frágiles y en constante amenaza. “No es fácil determinar si alguien nos mira mal o no, si sospecha o desprecia”, reflexiona.  Los vínculos que nos mantienen en contacto con los otros se diluyen en cada momento, uno tras otro. Los personajes en el colegio, incluido el de Gabriela, la mucama a cargo del aseo de la habitación de Bedragare, con quien él desarrolla una relación afectivo-sexual, terminan tristemente. En una escena nítida vemos a Bedragare desconsolado y aterrorizado por su confesión: Gabriela ha sido esterilizada al ingresar al colegio. Él entiende entonces por qué ella deja, con tanta tranquilidad, que él acabe dentro de ella… Cuatro por cuatro, es una novela altamente recomendable.

 

Cuatro por cuatro

Sara Mesa
Anagrama, Barcelona, 2012.

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