Revista Intemperie

¡Qué vuelvan los poetas malditos!

Por: Vairon Vidal
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Vairon Vidal critica el “síndrome Bolaño” de muchos jóvenes que juegan al maldito con poemas que parecen sacados de una trasnochada publicidad de Coca-Cola

 

Hemos tenido la suerte de vivir en un país en donde, cada día, un nuevo poeta nace y, muchas veces muy temprano, ya en su adolescencia, marca tendencia y da que hablar en los medios de comunicación nacionales. Todo esto gracias o a través de concursos, lecturas públicas e incluso publicaciones personales, ya sea por medio de internet o en pequeñas editoriales pagadas, etcétera.

Hoy no es la excepción, y a pesar de que no existe alguna institución oficial dedicada a investigar cuántos poetas o cuánta gente escribe poesía hoy en nuestro país, de alguna manera sabemos que existe un gran surgimiento de poetas, no solo jóvenes sino que también adultos que tratan de colgarse de este “boom”, porque ser poeta hoy significa para muchos casi lo mismo que ser una estrella de rock. Por tanto muchos creen que escribiendo, la fama, que tanto les interesa, llegará como si nada, y que las mujeres se desvanecerán a sus pies, y la poesía termina convirtiéndose en una de las cosas más despreciables de nuestro tiempo.

Lo que me causa risa es que estos poetas pueden alabar la luz del sol en sus poemas, reflejada en el opaco del pavimento, cuando por las calles andan con gafas diciendo “puta el calor de mierda”, o que por las playas caminan con zapatos porque “el agua está muy fría” o “una espina puede hacerme mierda el pie”, mientras que en sus poemas hablan del orgasmo cálido de un mar infinito o de la sangre desalmada que chorrea del vientre. ¿No aman tanto la sangre los huevones que por ella darían el verso y la estética? ¡Que vuelvan los poetas malditos!

Lamentablemente, desde que Roberto Bolaño se transformara en leyenda por su muerte a temprana edad, todos desean ser víctimas de una gran enfermedad y morir a los 37 años como Rimbaud, ser buscados como Ulises Lima en Los detectives salvajes, perder un ojo en alguna guerra, que le amputen una pierna por tanto caminar buscando el verso que falta, etcétera, etcétera y etcétera, convencidos al mismo tiempo que todo lo que han escrito marca tendencia y abre nuevos caminos, cuando en realidad a veces escriben peor que Coelho o la poesía banal de Mario Benedetti, lo cual no es malo, pero es muy distinto y está muy lejos de ser –como ellos creen– El barco ebrio de Rimbaud o Los cantos de Maldodor de Lautréamont, o, para ser más chilenos, lejísimos de los XII cantos de las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda, de la Balada de Pablo de Rohka, de aquel autor, y ni cerca de Nada tiene que ver el dolor con el dolor, de Enrique Lihn. Entre muchos otros, claramente.

Si el futuro de la poesía es el de estos casos, me da miedo pensar en él, pues hace años creo que la poesía es un medio personal para escapar y desahogarse de aquello que nos acongoja en momentos difíciles, e incluso simplemente decir por medio del lápiz y el papel lo que no podemos decir frente a una persona para transmitir amor u odio, debido a la timidez, sumisión o cualquiera que sea el motivo; pasar desde la metafísica a la sencillez más cotidiana de un niño mirando el cielo. Pero ahora, tras ver a “poetas” leyendo libros acerca de “cómo hacer poesía”, o estudiar qué es el soneto, qué es la metáfora, me lleva a pensar que el poeta es muy cercano a ser ingeniero, y que la poesía no es más que una botella de Coca-Cola, preparada cuidadosamente para que nada se escape y se venda como pan caliente.

“¿Y los exploradores?
Se habían transformado en poetas y cantaban de pie sobre las olas derramadas.
¿Y los poetas?
Se habían transformado en exploradores y buscaban cristales en las gargantas de los ruiseñores.
He aquí por qué Poeta equivale a Vagabundo sin oficio activo, y Vagabundo equivale a Poeta sin oficio pasivo.”

Vicente García Huidobro.

La puerta del creacionismo, que Vicente Huidobro nos dejó tan abierta para conquistar un nuevo infinito y que debiera ser el pilar de muchos poetas, sobre todo chilenos, la hemos dejado pasar teniéndola tan cerca y a completa disposición, dándole la espalda y prefiriendo el reconocimiento, el elogio barato, el espacio público; la fotografía y los flashes.

En fin, desde siempre hemos sabido que el escritor guarda una pedantería infinita detrás de toda bella palabra, y quizás toda esta imagen falsa viene sucediendo hace siglos, de manera que la visión que se tenía acerca de la poesía como tal, siempre pudo haber sido falsa, y el poeta, por otro lado, pudiera ser otra gran decepción dentro de este mundo decadente. Pero bien, como dice Gustavo Adolfo Bécquer; “Podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía”.

Como término, sobra decir que hace falta un inflexible detector de falsos y genuinos poetas, ya que de nosotros –los lectores– depende qué escritor quede instalado en el circuito poético y quiénes como una falsa amalgama de vacío. Tampoco la idea es discutir y crear una farándula literaria, ya que ese es otro punto que molesta hoy en día, por lo menos entre jóvenes lectores como yo, que se percatan de la rivalidad y envidia que existe entre escritores, porque uno es más leído que otro, o quién sabe qué, pero ese es otro tema, y da para escribir otro artículo.

 

Foto: Coca-Cola (4) Large Coca-Cola, (1962), Andy Warhol.

Un comentario

  1. Samir Muñoz dice:

    No me parece bueno tu desprecio a la técnica. No hay problema que investiguen y conozcan herramientas: el tema es cuando se territorializan en tal posición, en tal recurso siempre de otro y hasta un cliché ajeno. Entonces la técnica se los comió a ellos, y viven reiterando una lengua muerta y dominada.

    Por otro lado, la institución literaria es mucho más grande que el lector dado. Quizás sean críticos, académicos y editores los que quieran a esos poetas. Por que si existen, si proliferan, es porque algo los sostiene. Los sujeta.

    No sé si quiero que vuelvan los poetas malditos. Ojalá pudiéramos cambiar el arquetipo, inventarnos un nuevo héroe.

    Saludos.

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