Revista Intemperie

Shakespearemanía del teatro nacional

Por: Pablo Torche
shakespeare

En los últimos meses los escenarios chilenos han propuesto múltiples montajes, adaptaciones o lecturas de las obras de William Shakespeare. ¿Por qué esta obsesión con el bardo inglés? Luis Barrales y Patricio Pimienta nos cuentan sus propias experiencias con Shakespeare

 

Luis Barrales, dramaturgo y director, autor de Shakespeare falsificado.

¿Qué te atraía de Shakespeare, qué te motivó a tomar como punto de partida una de sus obras?

Un sinnúmero de factores que nos fascinaban. Desde la lucidez de su obra a los pasajes oscuros de su existencia y como ésta existencia terminó tiñendo su obra. Shakespeare era un fabulador, un constructor de ficciones permanente, que no dudaba en arrebatar fábulas históricas para apropiárselas al recontarlas. No poseía ni pretendía, por ejemplo, un mínimo rigor histórico ni siquiera en sus llamados dramas históricos

Tomaba fragmentos de realidades y los subía a sus ficciones, según le convenía a la escena, la artística y la comercial. La majestuosidad de la trabajo hizo que instalase con su obra una especie de verdades históricas y morales. Pero él fabulaba. El rey Macbeth, por ejemplo, existió y reinó en Escocia efectivamente, pero en épocas y con obrares absolutamente distintos a los que les achaca Shakespeare en su tragedia, tomados a su vez de la vida y obra de otro rey escocés, tirano de 17 años efectivamente y curiosamente de la misma línea de sucesión de Jacobo I, rey de Inglaterra a la fecha de su estreno. Entonces nosotros quisimos ficcionar sobre la ficción, reflexionar sobre la reflexión y hacer una crítica sobre la crítica. En este caso sobre el poder y la(s) ambición(es). Diseccionar el texto y descubrir las claves que, en una lógica falsificada, le hicieron, según nosotros, tomar las decisiones que tomó al escribir el Macbeth tal como lo escribió.

¿Cuál es la singularidad, el valor único de las obras de Shakespeare?

Creo que la fascinación de la que te hablaba se produce por la estructura mítica que edifica sus relatos. Son de la especie y para la especie (humana). Invita explícitamente a mirarnos en sus personajes, como en una clase forense donde en una disección expuesta de un cadáver vivo, abriendo el cuerpo, de la carne se escapase el espíritu. Si es que hubiese uno.

¿Qué crees que tiene que decirle Shakespeare a la sociedad actual?

Cada vez que lo leo, intuyo en él o ellos una nula pretensión de trascendencia. El hombre o el grupo de hombres escribían urgentemente porque iban a montar teatro urgentemente, para esa época, para esa comunidad, para la inmediatez que exigían esas gentes. Dentro de las razones de su trascendencia, a mi juicio debiese incluirse este factor de no pretensión de trascendencia. No pretende moralizar (sus sentencias morales son de un nihilismo desolador) y se dedica a exponer. Muestra vestigios de una especie antigua que en principio creemos extraña, y que mirando con detención entendemos luego como infamantemente parecida a nosotros. Si tuviese que explicarle a un extraterrestre cómo es nuestra especie, le haría leer a Shakespeare

Patricio Pimienta, dramaturgo y actor, autor de La violación de Lucrecia.

¿Qué te atraía de Shakespeare, qué te motivó a tomar como punto de partida una de sus obras?

Antes de escribir teatro y adaptar teatro estuve muy vinculado a la literatura. De esa forma llegué a algunos autores contemporáneos que me llamaron la atención, adapté un texto de Boris Vian para una obra teatral que llamé “De miel y espina”, luego trabajé con textos de Juan Emar, y en la medida en que fui revisando lo contemporáneo, sentí la necesidad de ir más hacia atrás.

Hace ya varios años había leído el poema dramático de Shakespeare La violación de Lucrecia y me había impactado mucho. En ese momento no imaginaba cómo poder montarlo en teatro. Yo estaba pensando en un nuevo proyecto para la Cía Arkitexto (la cual dirijo), y dos actrices (Carla Echeverría y Hellen Cáceres) me plantearon una idea teatral para ellas dos. Yo devolví la propuesta con una condición: “Hagamos La violación de Lucrecia. Pensé que la podría hacer sólo con ellas dos, dejando al inminente violador en una imaginario de las mujeres, pero a poco andar me di cuenta que necesitaba un tercer actor (Eyal Meyer). Comencé la adaptación, y a poco escribir me di cuenta que necesitaba otro adaptador, y así sume a Javier Zoro.

En resumen la motivación se fue gestando por las circunstancias, como te dije, yo arrastraba una inquietud en mi, pero a esta inquietud le fui dando forma en la medica que iba armando el texto, y en ese proceso también me fui dando cuenta de la imperioso que significa montar a Shakespeare.

¿Por qué crees que Shakespeare sigue vigente, qué le dice a la sociedad actual?

No creo que Shakeapeare tenga un problema de vigencia, es más, creo que la universalidad de Shakespeare no da espacio para cuestionarse su propia vigencia, simplemente está, es vida, es cotidiano, es cercano, es emoción.

En el caso de La violación de Lucrecia, en la medida que lo fuimos montando aparecieron hechos sociales relacionados con el abuso y el poder que se convertían en vigencia latente de la obra de Shakespeare, lo del cura Karadima, todo lo relacionado con el espacio del poder y su concreción en el abuso como instancia de subsistencia.

La misma Lucrecia busca plantear en su discurso la idea de no caer en las garras del abuso y no ceder a él a través del silencio. En este sentido, Lucrecia es la antítesis de Filomela, la mujer de la mitología griega que es violada por su cuñado. Lucrecia reconoce en su lengua viva y dolorosa el poder de la denuncia. No todo poder es nocivo, su poder es guerrilla, es social, es revolucionario. Dentro de la literatura universal, Lucrecia es una de las primeras mujeres que se manifiesta a través de la denuncia: “él, nobles señores, él ha sido quien induce mi mano a infringirme esta herida, en cuanto a mí, soy dueña de mi propio destino”.

En general, creo que una de la fortalezas más admirables de la obra poética y dramática de Shakespeare radica en trascendencia histórica que no tiene lugar ni tiempo, que por sobre todo ES y está continuamente SIENDO.

¿Por qué te llamó la atención, de todas las obras de Shakespeare, este poema tan particular, que es comparativamente menos conocido?

Yo llego a un texto simplemente porque primero me gusta, lo leo, y me agrada me impacta y me dan unas ganas tremendas de que las personas más cercanas a mí también lo conozcan, lo lean, lo comentemos. Así llego a elegir un texto. Cuando mi círculo más cercano ya me queda pequeño necesito gritar al texto hacia otros lado, y hago una obra de teatro. De esa forma busco llegar a un mayor número de personas que siento yo, que deben escuchar este mensaje, mal que mal, cada obra es un decir, un mensaje, un susurro de lo que uno quiere decir de esta vida. A mí me interesaba hablar del poder y el abuso, y quería poder llevar ese discurso al teatro, de la forma que yo sé hacerlo, con sus defectos y virtudes, pero con el deseo profundo de transmitir lo esencial de lo que en un principio sentí que me gustaba de esa obra.

 

Foto: William Shakespeare, Martin Droeshout, 1623.

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