Revista Intemperie

Las polémicas culturales del 2012.

Por: Intemperie
polemicas2012

Intemperie recuerda cuatro debates que agitaron las aguas de la cultura nacional el 2012, y rescata su relevancia para una discusión crítica de fondo

 

Uno de los propósitos de Revista Intemperie es revalidar la polémica cultural como una vía fructífera para poner sentidos en crisis y explorar nuevas formas de acceder y contrastar la realidad a través de la literatura, el teatro y la cultura. La polémica cultural no consiste en hacer énfasis en la disputa pequeña, el comidillo, o el “cahuín” personalista, como lo han entendido a veces los medios de prensa, siguiendo de manera muy degradada la muy discutible senda impuesta por Bolaño; no se trata de la cuchillada por la espalda o la descalificación gratuita a algún autor u obra literaria. Tampoco se trata de un simple “pataleo” mezquino, guiado por intereses personales, como a veces se nos quiere hacer creer, ni menos aún una tendencia a la victimización insulsa, como han planteado algunos, en un lenguaje que recuerda al de Mitt Romney.

Se trata, por el contrario, de propiciar el verdadero debate cultural y la crítica de fondo, de atrevernos a disentir y buscar nuevas vías para la comprensión y elucidación del entorno, del otro, a través de la confrontación de posturas diversas. Sin la crítica abierta y decidida el mundo cultural se atrofia y se muere.

Siempre habrá algunos, los que están más acomodados, los que se insertan en las tendencias o modas culturales hegemónicas, que querrán hacer creer que toda polémica de fondo no es más que una rencilla pequeña o un resentimiento personal. Este procedimiento dictatorial no hace más que ahogar el verdadero debate y la verdadera crítica. A pesar de que ocurre en todos los niveles y ámbitos, en el terreno cultural es más perjudicial que en ningún otro (más perjudicial incluso que en el terreno político), pues asfixia y cercena la posibilidad misma de explorar y construir nuevos sentidos culturales.

En el ámbito cultural se tiende a pensar que simplemente con criticar a la derecha, o al mercado o a las editoriales trasnacionales, se está adoptando una posición crítica, casi subversiva. Pero lo cierto es que la reflexión cultural requiere distinciones más finas, menos genéricas, que las antes mencionadas. La verdadera crítica cultural no se reduce a destrozar el best seller de turno o hablar contra el neoliberalismo, sino que implica una indagación más profunda en los poderes culturales, para buscar nuevas vías de síntesis, nuevos lenguajes, tal vez nuevos silencios.

A continuación presentamos cuatro polémicas culturales que tal vez hayan propuesto esta “tirada de mantel”; o a lo menos han suscitado encarnizado debate en el mundillo cultural nacional; algunas se relacionan con la institucionalidad cultural, otras con el rol de la crítica literaria, y el cruce entre política y cultura. De seguro se nos quedan varias en el tintero. Si es así, es pura falta de memoria o de ocurrencia, de manera que serán bienvenidos nuevos temas o propuestas. Estos son los que guarda nuestra bitácora.

 

La Feria del Libro de Guadalajara

Este año Chile fue el invitado de honor al evento literario más importante de Hispanoamérica, la Feria del Libro de Guadalajara. El Consejo de la Cultura designó al médico Beltrán Mena como “Comisario” para que se hiciera cargo de organizar el stand y la delegación nacional. Bajo este honroso título, Mena comenzó su labor con gran prestancia, declarando que llevaría una muestra ecléctica, incluyendo también a los superventas, y sin aceptar presiones políticas.

Al poco tiempo las cosas se fueron complicando, surgieron críticas a la falta de transparencia, las editoriales independientes se quejaron de exclusión y los escritores emitieron una declaración pública, demandando más poesía, más autores de regiones y mayor presencia crítica.

Los problemas se fueron limando en parte, se sumaron más autores y se dio cupo para más editoriales, pero la sombra de cuestionamiento sobre la organización de la feria persistió y varios autores decidieron bajarse, por distintas razones, entre ellos: Marcela Serrano, Isabel Allende, Germán Marín, Matías Rivas y Pablo Torche.

Al final, la presencia de Chile en la FIL, orientada a mostrar que Chile tenía una industria editorial sólida, fue un éxito, y aparentemente el stand nacional vendió una cifra récord de libros. Sin embargo sobrevivieron dudas y críticas en torno a la pregunta de fondo ¿tiene Chile realmente una industria cultural?

 

La crítica literaria en el banquillo de los acusados

En octubre el economista, académico y también escritor Sebastián Edwards, publicó una columna en La Tercera criticando la crítica literaria nacional, clasificándola de resentida, estrecha e ideologizada (aunque según muchos la ideología tiene que ser parte de la crítica).

Viniendo de un tecnócrata, que escribe además best sellers que han sido poco apreciados por la crítica nacional, la diatriba de Edwards tuvo el efecto de una bomba en el susceptible mundillo literario nacional: se lo calificó de oportunista y mediocre, por decir lo menos. Lo que más molestó sin embargo, en un país poco acostumbrado a personalizar las críticas, fue que Edwards mencionara directamente a dos críticos literarios en su columna, Patricia Espinosa, que escribe en LUN y José Manuel Vial, que escribe en La Tercera.

Surgieron varias voces defendiendo a los aludidos, y algunos críticos literarios se molestaron bastante. Intemperie persiguió el debate, publicando un especial con distintas opiniones en torno al tema, algunas que profundizaban el cuestionamiento a Edwards, otras que aprovechaba el impasse para poner en tela de juicio la crítica literaria ejercida desde los medios de prensa tradicionales.

 

La lista de adquisiciones de libros escolares

Aunque muchos no lo sepan, el Estado es uno de los grandes compradores de libros del país. Fundamentalmente a través del MINEDUC, y del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, el Estado realiza compras millonarias en libros a las distintas editoriales de la plaza, con el objeto de distribuir después las adquisiciones en bibliotecas, colegios, y otros canales públicos. Muchas editoriales (tanto independientes como trasnacionales), virtualmente subsisten de estas grandes compras estatales, más que de lo que venden a público directo a través de librerías.

En este contexto, la compras estatales constituyen un tópico sensible que este año hizo crisis en torno a dos compras importantes realizadas por el Estado (no está claro cuál fue la que suscitó la mayor polémica). En primer lugar, está la compra de libros realizada por el Consejo Nacional del Libro, que aparentemente, a pesar de haber beneficiado a editoriales independientes, habría adolecido de centralismo, y otras falencias.

El problema mayor, sin embargo, parece haberse debido a la lista de adquisiciones del MINEDUC, que a través del CRA (Bibliotecas escolares) realiza compras verdaderamente millonarias, de decenas de miles de ejemplares, que pueden mantener a una editorial funcionando por todo un año. Aparentemente este año la elección favoreció libros de autoayuda de muy baja calidad, desatando las iras de importantes editores de la plaza. A propósito de este tema Matías Rivas, el influyente Director de las Ediciones de la Universidad Diego Portales, levantó la voz y, a modo de crítica, decidió bajarse de la selección oficial a Guadalajara a la que había sido invitado.

Su sola defección –a pesar de no estar vinculada directamente a problemas de organización de la delegación a Guadalajara–, tuvo mayor cobertura en los medios de la que había obtenido la declaración firmada por más de 150 escritores y editores independientes criticando la Feria, unos meses antes.

 

La película del NO

Después de abordar la década de los 80 en Tony Manero y la muerte de Allende en Post Mortem, el cineasta Pablo Larraín decidió lanzarse con una película sobre uno de los eventos de la historia de Chile con mayor repercusión internacional: el plebiscito del ’88, y en particular la franja de propaganda televisiva que tendría una importancia decisiva en la defenestración de Pinochet.

Con el protagonismo estelar de Gael García Bernal, la película tuvo un avant premier estilo Hollywood, que aglutinó lo más graneado de la elite política nacional, algunos de los cuales figuraban en la película, ya sea personificados por actores o bien de cuerpo presente.

La película planteaba la muy polémica tesis de que la trascendental campaña televisiva fue el producto más bien personal de un solo publicista, antes que un discurso político de una de las facciones políticas relevantes de la época. Al cocido hay que agregar el hecho de que el personaje encarnado por García Bernal no parece haber tenido un correlato en la realidad, y además que buena parte de los roles protagónicos de la película (tanto de lado de la Concertación como del Régimen Militar) eran personajes completamente ficticios, a pesar de que se sabe muy bien quiénes fueron los personajes históricos de carne y hueso que ocuparon esos cargos en la realidad. Estos hechos producen un raro efecto de ficción dentro de la historia, es como si se hubiera hecho una película sobre la propaganda en el régimen nazi, pero sin Goebbels, con un personaje inventado.

En un comienzo la película obtuvo comentarios positivos, y buena respuesta del público, pero las críticas despiadadas no se hicieron esperar. El sociólogo Manuel Antoni Garretón la calificó de “basura ideológica”, listando una serie de “mentiras” de manera bastante fundamentada. Por su parte, Raquel Olea opinó que la película de Larraín es “de un refinamiento perverso que sirve a los intereses dominantes del capitalismo”.

En todo caso, la película ha obtenido buena aceptación internacional y ahora está nominada al Oscar a Mejor Película Extranjera.

 

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