Revista Intemperie

Unidos después de la muerte

Por: María José Navia
aura2

María José Navia comenta las obras literarias de una pareja de escritores separados por una muerte trágica.

 

Esta es una reseña de dos novelas que a la vez son dos historias que se entrelazan. Dos vidas que confluyen en una experiencia de lectura (la mía). Y que duelen como el demonio.

Say her Name, recientemente traducida y publicada por Sexto Piso como Di su nombre, cuenta la historia de una muerte. Un día de julio, en una playa mexicana, la joven escritora Aura Estrada era embestida por una ola que la dejaría con daños severos y sin vida a las pocas horas. Era una estudiante de doctorado de Columbia, se había casado hace poco con el escritor Francisco Goldman que era veinte años mayor que ella, y había comenzado a tener renombre literario, publicando ensayos y cuentos en variadas revistas.

Di su nombre es una novela que no se lee con los ojos. Es una historia que impacta todo el cuerpo, que se va infiltrando de a poquito, al principio como gotas que no molestan… hasta llegar a inundarlo todo. Porque así se siente, así se lee, como una inundación paulatina pero fulminante. Goldman escribe con un talento preciso y magnífico su historia con Aura, comenzando por su muerte, llegando al día que la conoció, paseándose por los recuerdos de su noviazgo y su boda. A ratos las palabras apuntan a un amor de gigantes, a ratos a una culpa inmensa, a una pena insoportable. Y el lector es arrastrado en ese vaivén, sí, como una ola.

Hay capítulos en los que no se menciona el acontecimiento trágico y uno como que se olvida (porque sí, quiere olvidarse y a toda costa) de que éste existe y se encuentra fascinado por la narración de esas primeras citas y las descripciones de Aura, esa chica que cuando tomaba de más se ponía a recitar a poetas ingleses de siglos pasados, que siempre se perdía en la ciudad (para que su marido la encontrara finalmente en alguna apartada estación de metro), que se rebelaba contra la frialdad de la Academia. Uno sonríe en tantas, tantas partes de este libro, conmovido, como cuando Goldman habla en la voz de una ficticia (y ya imposible) hija que hubiesen tenido con su mujer… y entonces arremete esa pena enorme, avasalladora, de acordarse a dónde va a parar esta historia.

Porque esta novela es sobre un duelo y se vive como un duelo. Con ese negarse a lo acontecido, ese negociar con la memoria, esa rabia que se entremezcla con la aceptación que a veces llega y a veces se escapa.

Y yo terminé de leer Di su nombre y tuve que ir a “escuchar” a Aura. Correr a ella. Porque poco después de su muerte, Goldman sacó una colección de sus escritos: algunos bien terminados, otros en calidad de ejercicios de taller literario, poemas e incluso fragmentos, bajo el título Mis Días en Shanghai (Almadía, 2009). Entre ellos, se encuentra “¿Hay señales en la vida?”, el cuento que estaba escribiendo la mañana de su muerte.

El volumen comienza con una invitación/cuento que engloba perfectamente la sutileza y pulso de estos relatos: “Ven, te invito a entrar a mi bosque. Verás: no es un bosque cualquiera. Mi bosque es un animal…”. Un cuento que luego termina con: “El cielo está oscuro hasta que un rayo en la distancia lo ilumina de súbito y brevemente.

La vida es buena, aún bajo la lluvia. As long as there are good books and good music around.”

Hay una extraña atención a los detalles en la obra de Aura Estrada. Una mirada distinta sobre la infancia, que se detiene en instantes; un humor especial que se burla de la academia y las prácticas editoriales, como el cuento “Fact Checking” donde un Fact Checker (o quien corrobora los datos de un reportaje o entrevista) se contacta con un escritor para cuestionarle cada una de sus decisiones de estilo; hay una mirada atenta a las relaciones humanas, a los amores que no fueron (como en el cuento “Alemania”), a la rivalidad entre dos hermanas en “Un Viaje Fallido”, en el cual la hermana menor se fuga de casa para ir a parar a un McDonald’s recién inaugurado en Ciudad de México, lleno de una desesperación estridente. Hay ensayos literarios de gran lucidez (como uno en el que estudia a Borges y Bolaño, o uno en el que analiza la obra de César Aira) y, por sobre todo, mucho talento.

Generalmente, cuando uno lee reseñas o críticas de libros, si bien sabe que se trata de la opinión subjetiva de alguien, siempre piensa que se trata de un mismo libro, vale decir, un libro que para ese crítico tiene una interpretación, un valor posible. Libros como Di su nombre y Mis días en Shanghai, nos recuerdan –me recordaron, al menos- que un libro no es nunca una unidad, contenida entre tapa y tapa, fija en un momento del tiempo, concentrada en sí misma. Un libro es una experiencia de lectura, que depende del momento de ésta y las conexiones que ella ilumine. Un libro es una invitación a otros libros, que lo complementan, que lo contradicen, que le dan una vida nueva, distinta, cada vez. Yo no sabría leer o hablar de Di su nombre sin el eco de Mis días en Shanghai, uno se tiñe con la luz del otro; el primero invitaba al segundo como una voz urgente y así se leen (se leyeron, se leerán) en mi cabeza como voces que se contestan unas a otras, que se entrelazan, como algo más impresionante que la muerte.

 

Di su nombre

Francisco Goldman
Sexto Piso, 2012

 

Mis Días en Shanghai

Aura Estrada
Almadía, 2009

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.