Revista Intemperie

Kiñe Piam: Héctor Llaitul contra el capitalismo

Por: Sebastián López
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Sebastián López nos comenta el libro de entrevistas que Jorge Arrate realizó a Héctor Llaitul, donde este expone su visión histórica y política

 

Hace dos semanas, Héctor Llaitul y Ramón Llanquileo, presos políticos mapuche y miembros de la Coordinadora Arauco Malleco, iniciaron nuevamente una huelga de hambre a la espera de que sus condenas de 15 y 8 años respectivamente sean rebajadas. Cabe recordar que el 2011 estuvieron en ayuno por 87 días, y anteriormente, el 2010, durante 82 días en contra de la aplicación de la Ley Antiterrorista, ley que los tiene encerrados. Tal como ocurrió en las ocasiones pasadas, los medios de comunicación han omitido a Llaitul y Llanquileo en sus agendas desde el 14 de noviembre. Lamentablemente, cuando hablen de ellos, lo harán bajo la siempre desconcertante luz de los calificativos terrorista y extremista. Más se me viene a la mente una cita no textual de Foucault: extremista es quien usa su cuerpo como arma política.

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“Es imposible concebir un mapuche sin tierra”, declara Héctor Llaitul casi al final del libro Weichan. Conversaciones con un weychafe en la prisión política. Pareciera ser una de las afirmaciones más claras que confidencia al recopilador y entrevistador del libro, Jorge Arrate. Sin embargo, Weichan — publicado por Ceibo Ediciones— destaca por la honestidad y claridad con la que Llaitul expone la lucha de la CAM contra el capitalismo y por la recuperación de las tierras ancestrales mapuche (el Wallmapu). Es particularmente enérgico en exponer que las transnacionales y, por encima, el neoliberalismo son las razones por las que los mapuche viven actualmente en la pobreza. A principios del siglo XX, el Estado chileno, les arrebató las tierras y los redujo a vivir en pequeñas comunidades, además de cederles tierras a poderosos latifundistas. Sin embargo, a fines de los ‘60 y principios de los ’70, producto de la reforma agraria, los mapuche pudieron recuperar algunos paños de tierras ancestrales. La dictadura vino y el Estado volvió a cercenar el Wallmapu, pero esta vez se alió con el neoliberalismo para así explotar hasta dejar inerte la tierra y hacer desaparecer la biodiversidad que ha dado “sustento y sentido a la visión de mundo de los mapuche”, explica Llaitul. Por eso es que la resistencia subsiste, tiene que existir una defensa de la tierra. No es y nunca ha sido violencia en contra de personas, pero sí en contra de la explotación del territorio ancestral porque, tal como dice Llaitul, “hay que evitar a toda costa una lucha cruenta”.

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En 1997, a la luz de las llamas y producto de una quema a un camión forestal, el “conflicto mapuche” comenzó a arder en las noticias. La quema de camiones en Lumaco podría ser, en palabras de Héctor Llaitul, uno de los momentos decisivos para la creación de la Coordinadora Arauco Malleco. Él precisa que no fue un acto terrorista, sino que un acto de rebeldía, una manifestación de la rabia acumulada por el hambre y la discriminación. Llaitul narra que a fines de 1997, en una recuperación de tierras en el fundo Pidenco y tras arrebatarle unas radios a los forestales, un grupo de personas escuchaba las conversaciones entre carabineros y trabajadores forestales. Al oír lo siguiente, no hubo vuelta atrás:

—Oiga, mi cabo, ¿se han visto más indios de mierda por ahí?

—Negativo, no se encuentran indios de mierda.

—Mi cabo, si vemos a un indio culiao, lo vamos a atropellar, le vamos a pasar por encima el camión.

—Positivo, háganlos mierda.

El miembro de la CAM contextualiza que fue un acto ejecutado por “una sensación insuperable de rabia surgida del desprecio, del hambre, de la miseria de las familias” porque “hasta un animal tiene derecho a reaccionar cuando está herido”. Sin embargo, para las forestales y el Estado, el terrorismo y la violencia siempre es del mapuche.

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Weichan significa “lucha” y weychafe, “guerrero”. Conocidos guerreros han sido Leftratu, Kilapang, Kalfucura, entre otros. Ellos, y en especial Leftratru, fueron grandes weychafes porque supieron aprender y nutrirse de las situaciones que enfrentaban. Héctor Llaitul entiende que hoy en día existe la necesidad de restablecer el rol del weychafe en la sociedad mapuche. Sin embargo, como todo se mueve con la historia, no tendría que ser un guerrero tal como el de antaño. Sí basarse en él, pero “hoy la cultura occidental dominante deber ser también para [los mapuche y los weychafe] un terreno” donde explorar, y así formar a un “luchador multifacético”. Un gran weychafe sería el que sabe cómo moverse en el actual contexto, quien puede coordinar acciones que debiliten al enemigo, y quien está al tanto de las otras luchas que se libran contra el mismo enemigo: el capitalismo. Feykimiweichan. De un nuevo weichan y un nuevo weychafe habla Llaitul, una lucha en contra del neoliberalismo, pero ajena a la izquierda y obviamente en contra de la derecha. Un movimiento político descolonizador, que no encierre a los mapuche en categorías de campesinos pobres (tal como lo hizo y lo sigue haciendo la izquierda chilena), ni mucho menos que trate de eliminar al mapuche con asistencialismos. El weychafe y su weichan por una liberación y restauración del Wallmapu en tiempos de la mercantilización y asesinato de la naturaleza.

 

Weichan. Conversaciones con un weychafe en la prisión política.

Héctor Llaitul / Jorge Arrate
Santiago, Ceibo Ediciones, 2012

 

Foto: Felipe Ignacio González, El Mercurio.

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