Revista Intemperie

El connotado crítico español

Por: José Ignacio Silva A.
ignacio-echevarria

Ignacio Echevarría habla sobre la crítica, los best sellers y la buena literatura

 

Intemperie se ha transformado, en el último tiempo, en un improvisado foro en el cual se ha hablado sobre la crítica literaria chilena. Esto, que comenzó con la publicación de un artículo del economista Sebastián Edwards, en el que no tiene ninguna contemplación con comentaristas nacionales como Patricia Espinosa y Juan Manuel Vial, continuó luego con la carta al director enviada por Matías Rivas, y que La Tercera publicó, prolongando el contubernio, que se ha visto eclipsado por la mayor polémica que la bajada del propio Rivas y de escritores como Germán Marín del avión chileno que trasladó a escritores a otras personalidades del mundo del libro a Guadalajara.

No obstante, si de hablar de crítica literaria se trata, el español Ignacio Echevarría es una autoridad. O al menos lo más parecido a eso. Voz respetada a nivel iberoamericano, Echevarría concedió una entrevista donde habló en detalle sobre –desde luego- la crítica literaria, las relaciones del crítico con los escritores que reseña (especialmente cuando hay amistad entre crítico y lector), los premios literarios (que en España, al parecer, se los llevan los libros “intrascendentes, sentimentales y comerciales”), los escritores sobrevalorados (en este caso, Almudena Grandes, orientada a lo comercial antes que lo artístico), el bestsellerismo, y de cómo aquellos escritores que subvenciona el Estado  nunca estarán libres de la sospecha pública. Tampoco los que reciben el patrocinio de un mecenas.

Dentro de los dichos que entrega Echevarría en el texto, uno de los más rescatables surge en el momento en que se le pregunta por la posteridad de los escritores. El reseñista hispano apunta, en este sentido, que la crítica no tiene que trabajar con la posteridad, sino hacerse cargo del presente.

La crítica literaria también comete pecados, según Echevarría. ¿El más grave?, el no ser capaz de descubrir a los buenos escritores de su tiempo, el desoír las voces emergentes, explorar insuficientemente lo que hacen las editoriales independientes. En esencia, no tener el oído afinado.

 

Foto: publico.es

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.