Revista Intemperie

Ganadores del Premio Roberto Bolaño en poesía entre 18 y 25 años

Por: Intemperie

Revista Intemperie publica un extracto de las obras ganadoras del Premio Roberto Bolaño 2012, género poesía.

 

Con un jurado conformado por los poetas Germán Carrasco, Yanko González, Sergio Parra, Andrés Morales y Carlos Cociña, el primer premio recayó en Lucas Costa, y las menciones honrosas, o premios especiales, en Francisco Ovando y Nicolás Labarca.

 

Tras una puerta cerrada, de Lucas Costa Ayala, Primer Premio

1

El perro aguachado en el juzgado de San Bernardo
mueve su cola al son de otra ley. No se jacta
del juego cuando bulle la olla tras las puertas.
No entiende ese intimar con la compostura de palo
que dictan en un golpe seco y certero. Las esposas
apretando la circulación abriéndose, cerrándose
a la manera del hocico cuando intenta ladrar
los pensamientos a medio camino entre el asiento
y la reja donde los chincoles se entrometen con las balizas:
un tema para peinar a los asistentes como correctos estudiantes.
Este quiltro no cabría en las colas bajo el sol de fritangas
fuera de la cana donde bien podría uno ser un elemento
del sartén, del chicle en que se transforman suela, zapato y pie.

2

Mi viejo entra al calvario con la cabeza gacha
sigiloso como un piño de gorriones
aleteando a duras penas que desmontan la escena
sobre el alambre de alta tensión y la amplifican
porque volverá a verlos cantar a la espera de alguien que le dé
las llaves de su celda con la misma costumbre
que un gendarme se rasca el culo o fuma
pagando una condena ajena.

 

Bloque

La arquitectura lisa, brillante como un cuchillo tan filoso que serviría para entrar y salir de cualquier miembro en lo que dura el parpadeo el guardia del módulo que lleva cuatro días sin pegarse un pestañazo. La fatiga nuestra se equipara con la mirada a este mutante que parece iceberg de peladero y la comparación sirve para valerse del frío que hace ahí dentro y argumentar que no se derretirá el día que jubile el paco, ni con el sol de enero en invierno al almuerzo. Parece industria del murmullo si acaso este fuera fabricable como una ley o la misma ropa que piden: los ruidos aprenden a hablar por nosotros.

 

Celdas

1

Estar precioso le dicen
como si el calabozo embelleciera.
Los rayos son fósforos untados en tu frente:
la ropa tendida en las ventanas
es el emblema de una paz pactada con el sol.
Una losa brilla, la ausencia de mi padre
me encandila.

2

El trino del tordo es un swing
confeccionado en la garganta
de los barrotes.

3

En la orilla de la ventana todo se ve
como estrechas franjas horizontales.
El mundo reducido a unas cuantas líneas
largas y rectas que se aprietan en el cielo.
En la tierra nada más que una pared.
Lo único que aquí se perfila nítido
es la productiva dificultad de la visión o el amor
a secas cuando no se tiene más sabiduría
estúpida que esta de los ojos.

4

Una ventana vendría a ser un hoyo en la muralla.
Un hoyo con un vidrio separando al paisaje
que colinda con otra muralla, tarugos, silicona
y –lo importante–: el vidrio. Una ventana
tapiada, eso sería.

 

Tapicería inconclusa

1

Año viejo, este uso sobrepoblado de gastos:
echar mano al paisaje como si de una misma postal
se pudiera disectar cada cosa por su plano con recortes.
Rendir cuenta de que todo pasa
desapercibido menos nosotros. En cambio
le damos al viento que chapotea en el agua del lago
reflejando esas chispas. Las golondrinas no son gajos
de carbón que soplamos para que cese la condena.
Las golondrinas son golondrinas: caligrafía entre los sauces
de alambres y nudos maestros de la exactitud.
Ellas juegan a espejear:  el techo es un telón celeste
a la espera de estos perdigones falseados por la brisa.

2

Las hormigas en la tele
cuando no había señal (ruido,
blanco para más remate) son las cárceles
sobrepobladas del país, las que no
sintonizamos, sintetizadas en pantalla
pero al guaipe. El blanco (color que todos los contiene)
es la bulla de la boca, la música de las costas
en la memoria, el repiqueteo de salmos en pleno vuelo:
un amasijo de sonidos necesarios
para un fondo innecesario como este.

3

Mal momento para pedir deseos y siquiera
desear algo que de antemano se olvida
como el nombre de las aves, la fecha en el calendario
con óleos chillones, caballos turnios o parajes
de Chile que conocen sólo gringos o mochileros
aperrados: no por eso era el brindis. La espuma
que apaga los carbones y la pirotecnia en otro cielo
no devolverán los días aunque las golondrinas
aniden en mi pieza. El agua de un cenicero
rebalsado con colillas prendidas y humeando.
Una cárcel en llamas.
Nada te turbe: los chispazos no sirven para los niños
y perros que aúllan, pero te sirven a ti.
Se desploma el año, Dios no se muda.

Lucas Costa vive en Santiago de Chile. Ha sido parte de variados talleres desde el año 2005. El 2010 recibe la beca de la Fundación Neruda. Trabaja, entre otras cosas, dictando el taller “Al pulso de la letra” junto a Cristian Foerster, en el Centro Lector de Lo Barnechea. “Encomienda” es su primer libro.

 

Boca noche, de Francisco Ovando, Premio Especial

Decúbito supino
por la resistencia
de las calles en ascuas
y los tejados
con sus luces a penas
los sueños de arriba y el griterío
de adentro, siempre al borde

Con la espalda mojada
y la camisa llena de manchas de pasto,
las loicas cantan
como las muchachas de inglesa
con sus guitarras de palo
yesterday: todos tus problemas
parecían tan lejanos, tanto
parecía
que nunca iban a pillarte
yéndose por las ramas,
pero te cantan:
nos vamos a quedar

Los tejados arden
y las luces arden
y arriba la noche arde
se te acaban las opciones
mejor decir
oh resoplando
girarse al decúbito prono
e intentar dormirse
esperando el alba.

 

Final de mano

Aquello que hay en el mendigo,
y no es el mendigo,
que busca
con la mano abierta, los dedos extendidos
la palma hacia adelante, todo hacia abajo
como quien dijera en vadara-mudra,
cruzado de piernas
en los portales.

Esperando no ser lo que cree
se raya un hexagrama unicursal
con un lápiz bic
en el dorso de la mano y luego lo venda.

Comienza el viaje
con los dedos empuñados
anunciando el final que ha visto
pero nadie le cree
nadie
aunque es cierto
y el Hades se abre a su paso
por el dibujo, piensa,
y dirime sobre si no sería mejor cortarse el brazo
quizás un poco más abajo del codo
y dárselo de comer a los caballos

 

Terminal

Al A-bao A-qu

Derrumbada la Torre de la Victoria
con la memoria fresca
del último piso
y la repetición de los escalones
pide alojo en la Santa María
reducido en un rincón
de la salida de emergencia.
Pero no llegan los puros
ni los valientes
todas las glorias breves
suben por el ascensor
y se siente vano
terminal.

Ni en una clínica
o un mall
de nada servirían
con sus escaleras mecánicas

A Bao A Qu
busca
un edificio antiguo
y el conserje lo apacigua
lo enlaza
sube con él
con él baja
deshaciéndolo en el telar de sus talones
Él ríe:
a veces lo confunden con un perro
o con una mancha.

Francisco Ovando es egresado de Licenciatura en Literatura Hispánica en la Universidad de Chile. El 2011 fue finalista del concurso de cuentos Paula. Recibió el 2012 la Beca de creación literaria Emergente otorgada por el Fondo del Libro para escribir un conjunto de relatos. Actualmente está trabajando en ellos y en su tesis. Es colaborador habitual de Revista Intemperie.

 

Pequeña biografía ilustrada, de Nicolás Labarca, Premio Especial 

Ramejes (fragmentos)

Papá vivió en una isla y sus canciones me nombran en una partida. Su nombre es un talón. Una ostra que cultiva coágulos. Tironea, pisa la espalda, la deja trunca.
Fundo su armadura. Dejo correr la sangre
para sacarme del odio.

 

Diario de huesos niños (fragmentos)

Comienza un sonido de helicóptero. Me acompaña la roca, un charco tibio.
Luego el olor a hospital y el scanner. La sutura, el casco ortopédico.
En la cabeza una cicatriz lleva la forma de una A.

Hay que escoger instrumentos musicales.
Elijo el triángulo o el xilófono, doy golpecitos leves.
Me pregunto si así sonará el metal que tengo incrustado en el cráneo.

Cuando llego a casa me recibe un cadáver. Es puro hueso y leve barniz.
Lo compramos en una fosa común.  Ahora sirve para dejar abrigos.
Le hemos puesto un nombre extranjero..

Al fondo del patio resguardo un cementerio secreto.
Vivimos en el cerro, la casa tiene grandes ventanales. A veces los pájaros se estrellan. Recojo cadáveres, confecciono ataúdes con  palitos de helado.

Entierros y ceremonias.

.

Ejercicios de estilo (fragmentos)

Aprendí a escribir en un cuaderno cuadriculado, me enseñó mamá.
Estamos en una cabaña que huele a madera y sal.
Con papá sacamos estrellas de mar y las dejamos secando al sol.

Restos de espuma en la lámina.
Seguramente me arrancará el brazo.
Estrella de mar. Seremos dos.

Yoleo.
Mamá también leía.
Con un vestido blanco y salsa de tomates, juega a La Amortajada, cuenta su historia.
Tomo nota. Pronto llegarán visitas.

Escribo mi primer poema. Trata sobre la tala de los bosques.
En el poema, mamá era el bosque.
Por el poema gané un premio.
Quedamos reducidos a astillas.

Nicolás Labarca (Santiago, 1986), el año 2009 obtuvo el primer lugar del concurso de la revista Grifo, categoría poesía. El 2010 publicó la plaquette “fábula de no” (Ediciones Cuadro de tiza)  y fue becario del Taller de la Fundación Pablo Neruda. Desde ese año se desempeña como monitor en talleres de educación poética, proyecto a cargo de Alejandra del Río. El 2012 es incluido en el DVD “La ronda de los animales”, antología de poéticas audiovisuales jóvenes.

Foto: cultura.gob.cl

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