Revista Intemperie

Lo último de Matías Celedón

Por: Francisco Ovando Silva

Francisco Ovando comenta La Filial, obra que se sitúa en el polo más experimental de la nueva narrativa chilena, mitad libro, mitad objeto.

 

La Filial es una obra escrita en los límites. Inquietante, no se presta para clasificaciones fáciles. Es libro objeto, búsqueda poética, una declaración de principios con ecos vanguardistas, una novela de la austeridad. Pero lo que opera como su gran acierto siembra más dudas que certezas. A ratos da la impresión de que el gesto (ya sea el narrativo o el gesto de la factura que implica la concepción de un libro objeto) fue dejado a medias. En su naturaleza de lados múltiples coexisten las potencias de diversas lecturas, pero ninguna de ellas pretende alcanzar la plenitud.

La dimensión textual de La Filial obliga al lector a asumir una actitud activa. La construcción de una fotografía mayor nos obliga a recoger migajas de frases, y sin duda el efecto final de la novela dependerá de cuánto se haya involucrado el lector en ella. Por un lado, aplaudo el oficio de Celedón para dar con la palabra justa. Escueto, con un par de oraciones por página logra crear un ambiente de asfixia que conduce a la desesperación y nos iguala con sus personajes. Pero ojo; esta no es una novela para aquellos que busquen la belleza elaborada de la prosa, sino más bien para quienes se encuentran a gusto en la crudeza de una palabra fuera de lugar. Y aunque podría reprochársele cierto facilismo, en tanto la propuesta aquí podría ser leída como una evasión de la responsabilidad narrativa que supone una elaboración más extensa, La Filial no es tan solo una novela, en cuanto no se le puede escindir de su dimensión material.

“EN LA FILIAL
USAN LOS CABLES
PARA OTRAS COSAS

POR PRECAUCIÓN
SE RETORNÓ
A LOS SELLOS
Y A LOS TIMBRES

PARA QUE LA INFORMACIÓN
EXISTA /
PARA QUE
CONSTE”

En una nota de edición se aclara que La Filial fue escrita y realizada con un sello Trodat 4253, con tipos móviles de 3mm y 4mm, en dos tablillas de seis líneas con un máximo de noventa caracteres por impresión. Ahí se cifra el mayor acierto de Celedón. Puesto que la decisión de escribir La Filial con timbres no queda reducida a un mero capricho estético, sino que funciona como una crítica a la digitalización y al descuido que existe hoy por hoy por esa parte material de la obra. Volver a una forma explicita de la tinta que no es perfecta funciona como un reclamo sobre la pérdida de la sensualidad. Sentir el texto para que exista, relacionarse con él de maneras más profundas que una simple lectura.

En lo textual se apuesta a un minimalismo (poético) en contra del barroquismo (plano) reinante en varios sectores de la literatura nacional, en pos de una crítica política que se alinea con las excursiones burocráticas de Chéjov y los laberintos claustrofóbicos de los edificios de funcionarios de Kafka. En lo material la influencia de la Nueva Novela de Juan Luis Martinez es clara. Sin embargo, las dudas que surgen frente a una propuesta que se posiciona en el extremo experimental de la balanza literaria, apuntan a la posibilidad de reproductibilidad. ¿No se anula acaso la intención de trabajar con sellos al terminar la obra con una edición de tapas blandas que permite la reproducción? ¿Es un sucedáneo del trabajo original? ¿Por qué no se ha seriado? Creo, al final, que un trabajo como La Filial debería haber apostado por una materialidad más marcada.

A pesar de estos puntos, que deben ser debatidos, La Filial es una obra valiosa por la posibilidad de lecturas que abre. Un texto que hace surgir dudas es infinitamente superior a un texto que sólo ofrece respuestas, y es el caso de la obra de Celedón, que nos ofrece una meseta de discusión sobre el estado actual de la narrativa y de la materialidad perdida de los textos, parándose siempre sobre los límites entre una cosa y otra.

 

La Filial

Matías Celedón
Santiago, Alquimia Ediciones, 2012

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