Revista Intemperie

¿Es la pornografía censurable?

Por: Intemperie
jennie-ketcham

El New York Times ha abierto la polémica sobre el significado, uso y abuso de una industria cada vez más masiva en la cultura contemporánea.

 

Con notable espíritu crítico y convicción liberal, el New York Times ha causado sensación abriendo en primera plana el debate por el real valor o daño de la pornografía. Desde distintos puntos de vista, que incluyen creadores y actores, académicos, escritores y críticos, se discute sobre una industria que nuestra era consume en cifras record.

En Chile el tema ha cruzado las pantallas televisivas principalmente asociado al escándalo de la pornografía infantil –que constituye inexcusablemente un delito–, pero raramente se ha abordado un debate de manera más integral sobre la pornografía para adultos.

Aquí se presentan algunos de los argumentos destacados del debate abierto en Estados Unidos, y se deja abierta la pregunta al público chileno y latinoamericano por el valor, o el daño, de la pornografía.

Candida Royalle, autora de una web porno, arguye que, salvo ciertas precauciones, el porno alimenta una sana relación sexual, ofrece fantasías creativas y ayuda a los espectadores a conectarse con su propios canales de excitación. Respecto de si quienes actúan en producciones pornográficas son víctimas o no, disiente de este prejuicio generalizado. A muchos simplemente “les gusta mucho el sexo y lo consideran una buena forma de ganarse la vida” dice. Otros lo ven como una forma de “escenificar sus propios conflictos psicológicos subconscientes”. Por último, señala que la relevancia del tema quizás se asocie principalmente con una sensación de culpa y vergüenza en relación con el sexo.

David Loftus, escritor que ha abordado el tema, plantea una visión similar, en términos de que consumir pornografía puede causar dificultades en algunas personas, y en otras no, al igual que muchos otros hábitos, desde el consumo de alcohol al exceso de trabajo o la ambición económica. “Los criminales sexuales” señala “se asocian con mayor probabilidad con hogares con normas religiosas estrictas, que con el consumo de porno”. El problema en general, no es el porno, sino lo que algunas personas hacen con él.

Anna Bridges, académica que ha estudiado el tema, coincide con la idea de que el porno puede tener efectos positivos o negativos. Muchos terapeutas lo recomiendan con buenos efectos, señala. Sin embargo, a partir de una investigación, señala que es necesario tomar en consideración la gran variedad de material pornográfico. En el caso de ser no violento y no degradante, es en general bien percibida por las personas, en cambio cuando es violenta y degradante, es negativamente percibida por las mujeres (aún cuando no por los hombres).

Mireille Miller-Young, académica feminista que ha investigado el tema, llama la atención sobre la discriminación de la mujer, en particular de mujeres de color, en la industria del porno. En este sentido, pone en el tapete la importancia de respetar los derechos de las mujeres involucradas como trabajadoras en esta industria, en vez de repetir solo prejuicios provenientes de tendencias religiosas o políticas.

Jennie Ketcham, ex-actriz porno, ofrece por su parte una lúgubre imagen del efecto de esta actividad en las vidas de los actores o involucrados. Según ella degrada la autoestima, conduce inevitablemente a una relación con la sexualidad menos placentera y produce una sintomatología asociada a un trastorno psicológico.

Por último Gail Dines, Robert Jenkins, académicos que ven de manera crítica el efecto que puede tener la pornografía en el significado y ejercicio de la sexualidad y los roles de género, arguyen que el porno tiende a saturar el espacio público con imágenes que “erotizan la dominación masculina y la subordinación femenina”. En realidad, estos autores critican un tipo particular de pornografía, aquel de carácter degradante y discriminador. Sin embargo, citan estudios serios al respecto y revelan que la gran mayoría de las películas porno asocian la sexualidad con agresividad, descalificación de la mujer y otros temas similares. Incluso señala que investigaciones con parejas heterosexuales que utilizan porno frecuentemente en el marco de su relación de pareja, reportan conductas incómodas, agresivas, y dañinas, de las cuales después les resulta difícil salir y que terminan dañando la relación de pareja. En el fondo, según ellos, la pornografía es la “industrialización y commodificación” del sexo.

El debate queda abierto para detractores y defensores, consumidores y críticos.

 

Foto: Jennie Ketcham

4 Comentarios

  1. Francisco Ovando dice:

    ¿Y en Chile? ¿Por qué el artículo hace tanta referencia a USA? ¿Nos estamos transformando en otro pijama surf? ¿Qué hay de citar opiniones de hueones chilenos?

    Ojo.

  2. Pablo dice:

    Estaremos felices de publicar opiniones de autores chilenos

  3. Andres Olave dice:

    jajaja, verdad, este es el tercer articulo from New York, en menos de dos semanas, habrá que acelerar el ritmo de los artículos mandados desde San Pedro de Atacama, entonces….

    aguante Pijama Surf!!! Alguna vez hay que pedirle un articulo al Aleph de Pourtales 😀

  4. Jorge dice:

    el debate llegó por lo menos 15 años tarde. hoy en día, el mejor xxx está en las páginas amateur.

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