Revista Intemperie

Después del Golpe yo quedé con un país destruido en mi corazón. Una entrevista a José Ángel Cuevas

Por: Sebastián López
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El poeta José Ángel Cuevas nos habla sobre su infancia, la Dictadura, el POJ y la poesía, en conversación con Sebastián López

 

Más o menos pasó así: traté de pensarme a mi mismo y se produjo en mí una sensibilización especial cuando era niño. Yo vivía con mi papá y mi mamá, además de mis hermanos chicos, aquí en la calle Rosas con Teatinos. Mi papá era quien tenía que trabajar y tuvo que inventarse una pega, entonces, se le ocurrió arreglar máquinas de escribir. Después yo me transformé en ayudante de él y tenía que salir con él a las fábricas, a los molinos a arreglar máquinas. Mi papá era muy violento (además que en esos tiempos se les pegaba mucho a los cabros chicos) y de repente le pegaba a mi mamá, a mí, pero también después de los azotes nos hacía bailar, o jugábamos ajedrez; era bien extraño, como para la risa. Por lo mismo, yo le tenía mucha bronca a él, y como arrancándome, yo salía solo a caminar. Y ahí, con mi dolor, con una rabia, con una pica contra mi papá me ponía a recorrer calles y yo iba mirándolo todo: me iba interiorizando y extrañando de todo, a la vez que me sensibilizaba, primero, con el dolor, con la rabia, y después, con mi desquite y con mi salvación que era vagar. Desde ahí veía todo, veía el mundo: de Rosas con Teatinos llegaba, a veces, hasta Brasil, me metía y daba la vuelta por Mapocho. Había unos prostíbulos por ahí y veía a las mujeres, y después también conocí todas las fábricas por dentro. Así pensaba que el mundo tenía, y tiene, miles de recovecos.

Por otra parte, me llamaba siempre la atención una cosa: el misterio de la noche. No sé por qué me tenía cachudo la noche, qué pasaba ahí. Además, como para los niños estaba prohibido salir a esas horas, en las noches yo escuchaba que pasaban por la calle personas quienes gritaban, “Mueran los comunistas”, y cosas así. Entonces, ahora me tenía más cachudo qué eran los comunistas, y así una cosa tras otra. Lo otro que me interesaba en ese vagar eran los restoranes. Miraba los locales y pensaba, “¿qué es lo que estarán haciendo? ¿Cómo pueden haber personas sentadas ahí?”. Así que se me formaban dudas en la cabeza todo el tiempo.

También yo jugaba mucho con el lenguaje: inventaba palabras y hueveaba así con eso, de ahí me fui metiendo a las letras y la literatura. Y después mucho más porque me puse a leer. Como a los 12 años me hice socio de la biblioteca y leía, por ejemplo, a Nicomedes Guzmán, a Manuel Rojas. Después un poquito más grande leí a Romain Rolland, Juan Cristóbal, como diez libros.

Mi educación fue autodidacta por esos tiempos, aparte de lo que mi papá nos enseñaba y contaba porque era muy hablador. Él había tenido muchas aventuras, había andando por Buenos Aires, por el Golfo de Penas y por muchas otras partes, entonces, nos sentaba y empezaba a darnos clases. De repente nos podía contar que una vez en el Golfo, el barco empezó a moverse y la gente lloraba, y él se reía de los otros, de los débiles porque mi papá se sentía fuerte. Y así, muchas cosas que nos iba transmitiendo, nos hacía pensar, sin que nosotros quisiéramos nos metía a nosotros en todas estas cosas. Y entremedio mi mamá sufría, ella era cabrita, tendría unos veinte años, y de repente se iba de la casa, y, chuta, ahí nosotros llorábamos y nos desalmábamos. Se iba por las peleas y por el despelote porque la casa era un verdadero taller de máquinas.

Bueno, pasó que ahí me sensibilicé mucho en ese período. Con lo que leía además me identificaba, por ejemplo, con Nicomedes Guzmán. Yo conocía dónde iban a dejar los carros, ahí, en la calle García Reyes. Como que vivía totalmente la literatura que leía.

Otra cosa también era que con mi hermana nos encaramábamos mucho sobre un techo y mirábamos el cielo tardes enteras desde la casa y ahí nos quedábamos cuando mi papá no estaba. Nos sentábamos ahí a mirar las nubes. Mirar el cielo era una maravilla, podíamos ver que algunas nubes eran osos que caminaban despacio, o que se nos acercaban y después luchaban contra otros, o bien mirábamos miles de otras cosas.

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Yo nunca me imaginé vivir una dictadura, además que no tenía idea lo que era. Es atroz, yo creo que uno ni se imagina cómo es: como que ahí termina todo. Bueno, y en realidad, terminó todo porque el pueblo se deshizo completamente, le rompieron su cultura, su organización en las poblaciones, además de que echaron a miles. A la semana y los meses después del Golpe, la cesantía se disparó, yo recuerdo muy bien: todos buscando pega y no había nada. Con amigos míos anduvimos metidos un poco en el POJ, y ahí nos daban un trabajo que, suponte tú,  pagaban 6 lucas a la semana y tenías que ir a pintar murallas y lo que fuese,y andábamos varios grupos de personas con el chuzo al hombro. Se desquitaron y le quitaron al pueblo todas las conquistas.

La vida cambió tanto que nadie tenía confianza en nadie, se dudaba de todos, además el centro estaba lleno de infiltrados. Por ejemplo, el hueón que estaba cerca de uno podría haber estado escuchando lo que conversábamos. Además, los bares estaban llenos de sapos. Por ejemplo, yo iba mucho al bar La Unión, donde iba Jorge Teillier, Rolando Cárdenas y muchos otros, y ahí estaba infiltrado. Había que conversar de otras cosas, ellos hablaban de la delantera de 1941 o cosas por el estilo. Sin embargo, un día me encontré con un gallo que me dijo, “ustedes se hacen los tontos nomás, pero a mi no me hacen leso, yo tengo una bala lista para todos estos conchesumadres que vienen acá”.

A mí me detuvieron varias veces, pero una vez me convidaron a una cosa terrible para esos tiempos: tenía que hacer unas reuniones con el MIR y me dieron un plazo preciso, una semana para juntarme en un bar. Bueno, como ya me habían detenido en el centro y sabían todo de mí, lo primero que hice fue pescar todos mis poemas con los que había ganado unos concursos y en un día los copié todos a máquina, me hicieron unos diez o veinte libros, amarrados con anillos, y fui a la SECH a inscribirme. Entonces, quedé con mi carnet pensando que cuando me vinieran a detener, yo iba a decir, “soy escritor”. Una pura hueá, la verdad, pero era, quizá, una defensa más, quién sabe. Lo bueno es que no pasó nada y no me detuvieron, pero después de eso, no volví al centro.

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Escribir poesía en dictadura era, primero que nada, una cuestión ética. Yo me hice el propósito moral, como un judío lo puede hacer en un campo de concentración, de escribir sobre el sufrimiento y el tipo de vida que nunca me había imaginado llegar a tener y que no tenía para cuando terminar. Y me la jugué toda por hacer un recorrido y escribir un poquito sobre lo que pasaba. El escribir escenas políticas no es bien visto en poesía, no es muy apreciado, eso lo sé bien porque el lenguaje y el trabajo del poema están muy condicionados por un hecho que es el de la denuncia, el de un acontecimiento. Entonces, al poema se lo lleva para un lado y ese es el peligro; es una doble dificultad porque dentro de las circunstancias que hacen al poema, hay que construir algo golpeador y sorpresivo. En mi caso, yo lo hago con el lenguaje: es un trabajo sobre el habla, un habla popular y una construcción de una mentalidad que hable de una manera especial.

Luego, como sentí que tenía que hacer este trabajo, usé al poeta, pero esa figura del poeta antiguo, ese que daba anuncios o profecías, pero que nunca se cumplieron, que eran puras hueás. Entonces, quedaba un espacio para la burla y desde ahí inventé un sujeto poético que es el ex-poeta: el que colgó los guantes, como un boxeador, pero que ahora encuentra otro camino de habla. Y desde ahí se pueden hacer miles de otras cosas nuevas, se abren espacios para hacerlas.

Mi punto es que, primero, mi línea es la de una enunciación desde el habla que es una mucho más directa, mucho más tallada de riquezas. No el sentido de la palabra de otros poetas, esa palabra por la palabra, por ese sonido fino y que vuela alto, que es muy importante, pero al cual yo le dije, “no”. Porque, y aquí viene el segundo punto, uno siempre enuncia desde una parte y yo hablo desde una también. Y claro, si es que yo estoy cesante, voy a escribir de eso. Por ejemplo, en tiempo de dictadura, yo me daba cuenta de la riqueza de la poesía de Enrique Lihn, pero yo también tenía otra voz y yo andaba por otro lado, y muchos decía, “ah, no es poeta como él”. Yo hablaba desde mi aquí y desde donde había y hay mucho material.

Ahora pensando sobre Chile y el ex-Chile, yo creo que un país puede tener muchos destinos, y uno podría pensar sobre la esencia de Latinoamérica, de Chile y su poesía. Por ejemplo, hay un trabajo que hizo Patricio Marchant partir de Heidegger, específicamente de Heidegger sobre Hölderlin, y como en la poesía se encuentra la palabra y en ella se encuentra el ser de una comunidad, como una aproximación a una verdad. Entonces, Marchant lo aplicó en Chile y analizó a Gabriela Mistral, y era como una palabra y poesía de la cual uno podía agarrarse, como un árbol.Como la madre, el árbol es algode dónde agarrarse, y claro, yo pensaba esto y lo conectaba con Salazar Bondy, un filósofo peruano, quien decía que el latinoamericano está como falto de mata, como que le van a pegar el balazo y va a saltar paracualquier otro lado. Y claro, falta siempre algo donde agarrarse.

Entonces, yo trato estodesde la poesía, pero no trato de hacerlo como programa, sino que es lo que vivo de verdad. Es ver esa destrucción de Chile porque después del Golpe yo quedé con un país destruido en mi corazón y con una comunidad destruida. Además, estoy hablando desde ese lugar, eso para mi no es ajeno, yo no estoy hablando de otro lado, sino de dentro, de lo que me ha tocado vivir. No es como la poesía de Teillier, sobre esa ensoñación del pasado y que desecha vivir en el presente, no, yo me enfoco en la realidad dura. Se ve como una poesía amarga, pero también es el camino presente, es un pedazo de verdad a través de las palabras. Ahora, digamos, a veces cumple el efecto de botar toda la pena y lo malo para quedar limpio también.

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Aquí en Chile se consolidó la sociedad de mercado y de consumo, y se metió en el interior del individuo, todas las personas quieren tener. Y, pucha, yo pienso, si hubiera seguido Salvador Allende, hubiéramos estado bloqueados totalmente, pero te aseguro que hoy día viviríamos una belleza al estar conviviendo con las juntas de vecinos, con nuestro folclore y muchos otros procesos, pero de seguro que tendríamos muchas dificultades. Aunque a mi me importa un coco y yo hubiera pasado ese hambre y esa dificultad tranquilamente porque la amistad y la sinceridad es lo que uno realmente necesita; yo fácilmente lo único que necesito es un par de pantalones, una chomba, una parca y unos zapatos, pero, claro, eso muchos no lo comparten.

Yo nunca me arreglé los bigotes, y, la verdad, nunca pude tampoco porque después de que quedé cesante, no pude volver a los colegios de la poblaciones donde hacía clases,y he estado en este camino. Quizá si me hubiera arreglado los bigotes, estaría en otra, tendría mi feroz auto, andaría por ahí, pero no pasó nada de eso. Aunque, la verdad, yo tengo una cosa moral re grande. Por ejemplo, pasó que en el ‘76 yo trabajaba en el centro y apareció un aviso en el diario donde salía, “necesitamos redactores”. Fui y era nada menos que para Walter Thompson, una de las grandes empresas de publicidad. Pasó que me pusieron a prueba como tres días con otras ocho personas y dijeron, “ya, hemos visto todo, y de aquí quedan dos personas: Cuevas y otro gallo más”; y yo pensé, “¡ah, qué bueno!”. Los otros se fueron y el tipo me felicitó por mi buen trabajo. Eran como las 12, me quedé ahí en esa oficina que estaba en el Golf, y de repente miré por la ventana y dije, “chucha, ¿qué estoy haciendo? Estoy trabajando pa’ estos hueones. Seguro que voy a hacer propaganda para las grandes empresas”. Y cuando por la ventana miré y divisé a lo lejos, entre medio de Santiago, el lugar donde estaban mis alumnos de la población donde antes hacía clases y pensé, “¡estoy haciendo un crimen, dios mio!”, así que pesqué el vestón y me mandé a cambiar. No fui más. Así que, lo más importante, creo yo, es la ética, eso es la columna vertebral de una persona. Y yo me he movido por eso, por esa línea, pero ¡he pasado las de Quico y Caco po!

 

Foto: Sebastián López

3 Comentarios

  1. alejandro freire dice:

    Gran entrevista, gran personaje que todavía hay que aprender a valorar igual que la sencillez en que está escrita esta crónica.

  2. Angelica Pizarro dice:

    Agradezco la entrevista, Cuevas el mejor poeta actual de Chile!
    Desde que lo descubro, es el la poesia y Chile.

  3. Micky dice:

    Seba…felicitaciones, es necesario que la juventud sepa, que antes del golpe miliar, teniamos un pais pobre (economicamente) pero millonario en mente, gente pensante que se cuestionaba la vida, que era capaz de crear, de soniar, de escribir poemas etc.
    Fui , como muchas peronas, una de las tantas que apoyabamos el Golpe Militar…tenia 18 nanios a la fecha y veia como mi pais se venia la crisis del desabasteciemto…. no habia nada que copmrar pero sobraba el intelecto, nadie queria pasar desapercibido y cual mas cual menos, nos preprabamos para poder afrontar una conversacion interesante. Los jovenes de la epoca, si sabiamo discutir de politica, sabiamos claramente lo que querimos , nadie protestaba con el rostro cubierto , ni hacia actos de vandalism como ahora, el poder de la palabra y la discusion frente a frente era o que primaba.
    Mi ninez fue muy parecida a la de Jose Angel Cuevas….recuerdo que cuando mencionaba la palabra aburrimiento, me mandaban a aburrirme sola a un rincon por ahi, me iba a mi pieza y me entretenia mirando un haz de luz que entraba por la ventana y eso hacia volar mi inmaginacion y era capaz de sonar…de crear, de inventar juegos, de confeccionar Caleidoscopios, pues no habia dinero para comprarlos y eso me hacia inmensamente feliz.
    Los ninos de la epoca, disfrutabamos mirando los juguetes de la vidriera, haciamos juegos de palabras, jugabamos a Las Naciones (al menos debiamos saber las capitals e los paises)….los ninos y peor aun , los jovenes de hoy , en su garn mayoria, con suerte sabe su segundo apellido, pero lo que si saben, es que metiendose en la Politica, pueden llegar rapidamente al poder y gobernar a este pais que clama por Politicos e verdad que realmente les interese el valor de la sociedad y que el fin que persiguen sea el bien comun y no llenarse los bolsillos de plata.
    Si tan solo hubiese sabido que un hecho de esta naturaleza arrasaria con el intelecto , la imaginacion, la libertad…nunca lo hubiese apoyado, hoy, veo mi pais desde afuera y solo siento tristeza como los odios y los resentimientos van minando una vez mas la Democracia.

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