Revista Intemperie

La mejor noche

Por: Carmen Mantilla
pj-harvey

Una crónica sobre lecturas poéticas, noches de sexo e interpretación. Escribe aquí Carmen Mantilla.

 

Me agota la sobreinterpretación. Tú lo leís y la verdad que no encuentras lo que de este huevón se dice. ¿Me cachai? Me violenta este tipo y sus ínfulas de intelectual cuando no es más que un tremendo megáfono (p’algo que le sirva la media jeta que se gasta). Las vacas sagradas lo alimentaron con pan con vino como a los loros. Sin embargo, pa’onde me dé vuelta me lo presentan como la cuadratura del círculo. No, huevón, no me invitís a escuchar a este pendejo. Me cago en su teoría literaria. Prefiero tirar con la Marta hasta mañana, levantarme a mear a la carrera, no tomar desayuno y seguir tirando con olor a noche, con olor a sexo y con olor a este “fenómeno amoroso” del que me intenta convencer la Marta, esta cosa de nosotros que pasa con nosotros pero también en nuestra ausencia. Prefiero tirar con ella y bancarme pasar la semana con sus dientes marcados en los hombros (¡por la cresta! tan rica pero tan buena pa’ morder, después de que te deja recogido sobre ti mismo ¡seco, huevón! seco, sin una gota de nada en el cuerpo: sin sudor, sin semen, sin lágrimas, se masturba mirando las marcas que me deja, los chupones, sus dientes como rosarios irregulares, puta, huevón, ¿y me vas a creer que me vuelvo a calentar y empiezo a pajearme lentito también?). Como te decía, prefiero tirármela que ir a escuchar a ese huevón con ese letrero ridículo de “poeta revelación del año”. ¡Puta! Los poetas no pueden ser revelación, los poetas deben rebelarse con “b”. ¿Me cachai el juego? No, compañero, yo me quedo con la Marta a coger en su pieza mientras su hermana lo hace con su prima en el otro dormitorio. (No te imaginai la cantidad de veces que me he imaginado con las tres, pero de sólo pensar que las otras dos capaz que también sean buenas para morder se me quitan las ganas de un paraguazo, ¡soy caliente pero no soy mártir poh, huevón!).
Pero te quiero, hermano, igual te deseo que te vaya bien, no “bien” así como que el santo pelota que vas a ver te regale su libro ni nada de eso si no “bien” del tipo que te encuentres una mina que vaya a buscar poetas para amar (porque las mujeres piensan que los poetas son sensibles y todo eso, no los conchesumadre que somos… Sin ir más lejos a mí me ama mi mamá y a veces la Marta, porque otras veces me odia con una persistencia que me asusta, y pienso “hasta aquí no más llegamos”…). Te decía, hermano, que vaya una de esas mujeres que buscan poetas y que te vea con esa pinta de artesano consciente que te gastai, que te ponga más atención a ti que al poeta-revelación y que termines la noche caminando de la mano con la minita recitando poemas de Lihn y tomando una chela en lata, mientras yo tiro con la Marta en su cama que huele a ella y a mí y me aguanto los mordiscos. Esa sería una buena noche, hermanito, una buena noche….

 

El solemne

El solemne habita una pajarera,
Una pajarera azul con petunias.
El miedo lo lleva a la cintura
para sostenerse el pantalón gastado.

Quizás un café a destiempo
le recuerde la muerte,
las rotondas mal diseñadas,
las tortillas con ají.

El solemne es un libro titulado imprecisamente,
por eso su humanidad menta madres en los semáforos
y acude a prostitutas para que le acunen los domingos.

Lee a Lihn: con una mano sostiene Manhattan
y con la otra se acomoda el sexo,
lánguido como alstroemerias rojas un jarrón.

Se encomienda a Teillier con risotadas cuando brinda en bares;
en privado, es un cuervo que llora en calzoncillos.

 

Foto: PJ Harvey, por Valerie Phillips

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