Revista Intemperie

Matías Rivas entra en la polémica literaria

Por: Intemperie
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El director de las Ediciones UDP se baja de Guadalajara, “repasa” a Sebastián Edwards, y se despacha declaraciones de antología contra la indiferencia de los intelectuales chilenos.

 

Matías Rivas, el director de las Ediciones UDP, se ha ejercitado también en el oficio poético, de columnista y crítico literario. Su voz tiene peso en el debate cultural principalmente por la labor que ha llevado adelante con la editorial de la Universidad Diego Portales, que ha sido una de las principales responsables en la última década de la reedición de obras fundamentales en la poesía chilena. Con presencia visible en la mayor parte de las librerías del país, la editorial que Rivas dirige ha ampliado significativamente sus colecciones, y propiciado la circulación de autores y obras que de otras formas muy difícilmente encontrarían su rumbo hasta los anaqueles de los lectores chilenos.

De ordinario remiso a entrar en la discusión pública, la última semana Rivas ha tenido diversas apariciones en prensa, donde no ha rehuido ni la frontalidad ni la ironía para hacerse cargo de algunos de los principales temas en debate.

Lo primero fue una nota aparecida en Qué Pasa, donde Rivas anunciaba su bajada de la delegación chilena a la Feria del Libro de Guadalajara. Su renuncia se fundamentó en el Programa de Adquisiciones del Consejo del Libro, que califico como “una vergüenza”, plagado de libros “de relajación y autoayuda” y con poco énfasis en lo literario. “En los 10 años que llevo en la editorial nunca había visto que se comprara tan poca literatura. Este gobierno cambió la cultura por la autoayuda”, acuñó.

A pesar de que Rivas no había estado entre los más de 150 escritores que firmaron la declaración pública solicitando cambios en el programa chileno para Guadalajara –y aún cuando su renuncia no se relacionó directamente con este tema–, su publicitada bajada obviamente refuerza las críticas surgidas en ese momento al evento. Su opinión es significativa también por provenir de la Universidad Diego Portales, que había sido cuestionada en esa ocasión precisamente por estar sobre-representada en los autores seleccionados para la FIL de Guadalajara.

Posteriormente, a propósito de la polémica suscitada por la columna de Sebastián Edwards cuestionando la crítica literaria nacional, Rivas también entró al ruedo. En una irónica carta enviada a La Tercera, vapuleó al destacado economista por sus opiniones, poniendo incluso en entredicho la seriedad del diario al publicar esta columna: “Felicito a Sebastián Edwards por su leal defensa a su amiga Carla Guelfenbein de los críticos que trataron su última novela como deficiente” señaló, y luego “Si Edwards trata las críticas de J.M. Vial (crítico literario de La Tercera) como repletas de errores, en el fondo está atacando a quienes lo editan, que son los que velan por evitar los errores en lo que escribe.”

No contento con estas declaraciones, Rivas dio después una entrevista al Clinic donde literalmente “repasó” a Edwards con apreciaciones del tipo “En el caso de Edwards, es evidente que hay un problema de narcicismo y falta de información (…) en su texto no hay planteamiento. Es sólo una pataleta escrita con mala leche y desde la ignorancia acerca de lo que significa la crítica literaria” Luego se de un tour por la falta de cultura del economista, y remata: “Está resentido como un niño al que no lo encuentran tan bonito como él cree ser”.

En la misma entrevista vuelve a criticar al Consejo del Libro, defiende el premio de la FIL de Guadalajara para Bryce Echeñique, y se despacha también cuestionamientos de antología –pocas veces vistos en la complaciente tertulia nacional–, acerca de las indiferencia de los intelectuales chilenos frente al debate cultural o social: “Hay cosas que no se pueden dejar pasar, aunque no faltan los acomodados que me han dicho histérico. Hay un nivel de indiferencia de muchos intelectuales ante lo que sucede a nivel social que da asco. Muchos están satisfechos con la actual situación, sean marginales de exportación o de los que van a tertulias con los amigos del CEP. (…) Venden pomadas para no mirar y practican un cinismo que terminará por socavar sus propias obras, deslegitimándolas ante sus lectores.”

¿A qué se refería específicamente Rivas? ¿A un diletantismo generalizado que se conforma simplemente con alabara al autor de moda en vez de propiciar un debate crítico y exploratorio? ¿A la a literatura de “tecito” que se solaza con una joyita oculta del romanticismo italiano y no tiene visión sobre las polémicas del país? ¿A la literatura como objeto de consumo, o los escritores como commodities pop o hipsters, sin búsqueda estética o de sentidos críticos? El debate sigue abierto.

 

Foto: La Tercera

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2 Comentarios

  1. Jorge dice:

    la carta de rivas es, justamente, lo que denuncia edwards en su artículo (quien por lo demás es un escritor facho y del montón, pero que iluminó un punto que varios teníamos atragantado desde hace tiempo): el apego dogmático (yo diría, RELIGIOSO) de ciertos críticos a las teorías literarias de la izquierda del primer mundo, a su adicción por las camarillas y el olor a encierro. y a ese discurso arrogante y sectario tipo “ustedes no saben nada”.

  2. Francisco dice:

    Estoy de acuerdo con el último comentario. Autores como Bisama o Jara, profesores de la UDP que se venden como vanguardia joven, pero que solo son medallitas hipster que van a México en el carro de una Universidad privilegiada por el gobierno de derecha. No firmaron la carta de solidaridad con sus colegas, jamás han apoyado el movimiento ni han abierto la boca a favor de la educación a pesar de su posición e influencia y nunca han aparecido usando su poder en los medios para nada útil, solo para criticar o ensalzar a Yingo o algún reality. Son de los que bajan la cabeza y se quedan calladitos cuidando su metrito cuadrado de privilegios en vez de salir a enfrentar la vida. Puro Liguria, pura boca, pura tele, cero solidaridad, sentido de grupo o sociedad. Temor al despido, moral Kreutzberger?

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