Revista Intemperie

Hamlet en el espectáculo del siglo XXI

Por: Federico Zurita Hecht

En Máquina Hamlet la obra de Shakespeare adquiere un nuevo sentido que es muy significativo para los espectadores de hoy.

 

Marco Antonio de la Parra dice de Heiner Müller que “canibaliza los autores con el ancestral deseo de hacerse de sus almas. Los destruye y al mismo tiempo los recrea al interior de su obra”, a propósito del gesto del alemán de citar y resignificar a Sófocles (Filóctetes), Eurípides (Medea material) y Shakespeare (Máquina Hamlet), entre muchos otros. En Máquina Hamlet por ejemplo, aunque a veces las palabras del Hamlet de Müller sean semejantes a las del príncipe de Dinamarca compuesto por Shakespeare, el dramaturgo alemán no ha plagiado (como tampoco lo han hecho los romanos que siguieron modelos griegos o los neoclásicos con inspiración grecolatina, o autores posteriores con la misma inclinación). Tal como en la escritura del Pierre Menard de Borges, cuyo Quijote pronuncia lo mismo que el de Cervantes para finalmente decir otra cosa, el Hamlet de Müller emite, ya bien entrada la década del 70 del siglo XX, palabras pronunciadas en el nacimiento del siglo XVII, y dice algo diferente a la duda existencial que contribuye a inventar la idea de lo humano (esto, si pensamos a Shakespeare como un exponente del pensamiento humanista). Cómo no, si en los años de Müller el ser humano (el sujeto) está comenzando a morir, según describirán las formas de pensamiento emergentes. ¿Pueden connotar lo mismo, entonces, las palabras pronunciadas por diferentes Hamlet?

Las ideas anteriores parecieran estar circulando en la obra Máquina Hamlet que la Compañía Tiatro está presentando en el Galpón C.A.C. Más aún, pese a mantener un vínculo más estrecho con Müller que con Shakespeare, el montaje de Tiatro envuelve las palabras con un nuevo contexto, y la cita se resignifica por segunda vez. Nos encontramos entonces en un espacio blanco donde se vuelve a realizar la boda entre Gertrudis y Claudio que moviliza el descontento del príncipe Hamlet, y que lo lleva a sentirse conminado a obedecer al fantasma de su padre que le solicita venganza tras haber sido asesinado por Claudio. Hamlet vacila y actúa con torpeza, confronta a su madre Gertrudis y a su tío Claudio, recurre al teatro para cambiar la realidad y también desprecia a Ofelia (nada nuevo). Pero, como ya propone Müller (en los textos que él agrega), el muchacho se niega a sí mismo (anuncia que “fue” para más adelante preguntarse si “ser o no ser”) y se hace cargo de su condición de personaje teatral.

Pero Tiatro arrastra a todos los espectadores a la misma condición del príncipe. Están todos invitados a la boda y, luego, a las representaciones que Hamlet organiza en el palacio para desenmascarar a Claudio. El giro está en que, cuando creíamos que el juego consistía en arrastrar a los espectadores a hacerse parte de la ficción de Máquina Hamlet, podemos caer en la cuenta de que, más bien, es el Hamlet personaje el que se ha salido de la ficción sin dejar de ser ficticio (incluso no hay un solo actor para este personaje), porque acá, en la realidad nuestra, todos usan máscara, especialmente los que sirven al poder, como el oportunista Polonio disfrazado de Richard Nixon (indiscutible sirviente del capitalismo que ayudó a su enquistamiento en Latinoamérica: el nuevo contexto del que hablábamos en el segundo párrafo), cuyo lugar puede ser ocupado por cualquiera que se ponga su careta. Crudo, tan crudo como el espectáculo de la vida al que está habituado cada espectador. Efectivamente, tal como en la cotidianeidad, el mundo, en Máquina Hamlet, está saturado de micrófonos, cámaras, proyecciones, maquetas y personificaciones; todos elementos que caracteriza el show de la vida diaria del siglo XXI, cuando el capitalismo ha comprado incluso las rebeliones y la máscara pública se arroga el lugar de la verdad por sobre el rostro privado. La obra se pregunta, entonces, ¿si tomamos una bebida gaseosa podremos cambiar el mundo?

 

Máquina Hamlet

De Heiner Müller
Dirección: Mauricio Quevedo
Elenco: Liliana Ross, Otilio Castro, Andrea Pelegri, Ornella de la Vega, Pablo Mois, Juan pablo Troncoso y Gonzalo Venegas
Diseño: Rocío Troc
Diseño de iluminación: David Scognamiglio
Creación musical: Aníbal Leal, Pablo Contreras
Técnicos: Mauricio Quevedo, Rocío Troc, Aníbal leal
Productora: Maite Lanchares
Audiovisual: Paulo Fernández
Del 5 al 28 de octubre
Viernes, sábado y domingo 20 hrs.
Sala Galpón C.A.C. Factoría Italia. Av. Fco. Bilbao esquina Av. Italia. Entrada por Luis Montaner 512

Un comentario

  1. Tiatro dice:

    Como siempre notables tus reflexiones, Federico. Aprovechamos de avisarle a la gente que este domingo 28 SÍ HAY FUNCIÓN DE MÁQUINA HAMLET. Ya que la ley permite hacer actividades culturales pasadas 2 horas del cierre de las mesas de votación. Y es la última función. Más info en http://www.facebook.com/TiatroCia

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