Revista Intemperie

¿Alguien dijo crisis?

Por: Andrés Olave
Seated-man-reading

Andrés Olave comenta la encuesta de comportamiento lector y aventura hipótesis para el 84% de “bárbaros” que no comprende textos largos y complejos.

 

Cada año, más o menos por esta fecha, aparece la encuesta anual de Comportamiento Lector y se desata el Apocalipsis. La encuesta, por supuesto, no dice nada que no sepamos: que los chilenos leen cada vez menos, que los libros los aburren y les dan sueño, que a menos que pertenezcan al quintil más alto (y rico) no leerían un libro aunque se cayeran de narices encima de uno y que la tele ostenta un lugar de privilegio en su corazón a la hora de disipar su tiempo libre.

Acto seguido vienen los lamentos griegos: intelectuales, escritores, bibliotecarios, editores y todos los que consideran que tienen algo para decir al respecto lanzan soluciones para la sempiterna crisis del libro, un poco como los hombres de Hitler atrincherados en el bunker de Berlín hilvanando soluciones a la crisis y esperando inútilmente el milagro, que las tropas del General Kesselring aparezcan y salven el día.

La cifra más cruda, solo por añadirle más sal al asunto, es ésta: 84%. El 84% de la población, más o menos, 14 millones de chilenos no comprenden textos largos y complejos. Están obligados a decirle adiós para siempre a don Quijote de la Mancha, adiós Leopold Bloom, adiós K., adiós Ignatius Reilly, etc, etc. Al menos hasta que hagan la película.

Este escenario siempre me trae a la mente el ensayo de Alessandro Baricco, ‘Los Bárbaros’, donde el prestigioso narrador italiano se da vuelta la chaqueta, se pasa a las filas enemigas y ataca a todos aquellos que aún defendemos el libro y la alta cultura, signándonos como victimas de la nostalgia y rebajándonos al gesto histérico del abuelo Simpson y su manido “allá en mis tiempos…”. En Los Bárbaros, Baricco dice que nos tranquilicemos, que a lo largo de la historia son usuales las “mutaciones metafísicas”, que el mundo del mañana será digital y ojala vayamos acostúmbranos a la idea.

Por su parte, consultados a raíz de la encuesta, nuestros intelectuales recomiendan, una vez más, la eliminación o rebaja del IVA a los libros; rehacer la industria de modo lúdico, fomentando la creación de editoriales cartoneras que abaraten los precios drásticamente; hacer publicidad en diarios, tele y revistas sobre los beneficios de la lectura; promocionar las bibliotecas como espacios de encuentro y trabajar con los niños que son acaso los puntos más sensibles del ecosistema lector. Son todas buenas ideas ciertamente, y que acaso, si alguna vez el Gobierno se dignara a oírlas, o yendo más allá (lo que ya suena a quijotada) incluso ponerlas en práctica, en algo podrían revertir nuestra terrible situación. ¿O no Alessandro Baricco?

Baricco nos contesta:

“Los bárbaros llegan de todas partes. Y esto es algo que nos confunde un poco, porque no podemos aprehender la unidad del asunto, una imagen coherente de la invasión en su globalidad. Uno se pone a discutir acerca de las grandes librerías, de los fastfood, de los reality shows, de la política en televisión, de los chicos que no leen y de un montón de cosas de este tipo, pero lo que no conseguimos hacer es mirar desde arriba y captar la figura que las innumerables aldeas saqueadas dibujan sobre la superficie del mundo. Vemos los saqueos, pero no conseguimos ver la invasión. Ni, en consecuencia, comprenderla.”

Puede que Baricco sea un visionario o esté crasamente equivocado (puede que el gesto barbárico por excelencia sea el no escandalizarse cuando llegan los bárbaros y arrasan con todo a su paso). Pero vale la pena señalar el hecho que ya hay voces que no se interesan por salvar nuestra cultura. Indudablemente ha surgido un Caos que no entendemos ni sabemos de dónde proviene, pero que ya ejecuta sus primeros gestos, como cuando Paulo Coelho suelta que Joyce era un incompetente o que él es el intelectual más importantes de Brasil. Son declaraciones claramente barbáricas, pero que apuestan a poner en duda la hegemonía, el poder del Antiguo Orden; un sistema de valores que se resquebraja y donde los primeros saqueadores ya vislumbran una oportunidad. Bajo tal estado de cosas, supongo que aquellos que aún leemos, nos convertimos gradualmente en una suerte de parias o exiliados, habitantes de un mundo privado e incomprensible para la gran mayoría, nuestro pequeño reino de la soledad condenado a desaparecer en la niebla.

 

Foto: Seated man reading a book, 1888. Collection of National Media Museum / Kodak Museum

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