Revista Intemperie

“En la berma”: el fracaso de la clase media

Por: Carlos Henrickson

En su último libro de poesía, Sergio Sarmiento toma como punto de partida la caída de una clase social para explorar el fracaso y la marginalidad como locus poético, nos dice Carlos Henrickson.

 

Cuando Sergio Sarmiento (Santiago, 1963), al entregar En la berma (Esperpentia, 2011), decide hacer eco del lado más vivencial de la poesía beat, cabe notar que asume una elección válida: ¿de dónde sino de la experiencia de fracaso de toda una generación en medio de la más poderosa retórica del triunfo del siglo XX podría Sarmiento escoger su abierto antecedente? Ya que la elección de los modos del beat, desde Ginsberg hasta su epígono generacional más comercialmente disponible (Bukowski), supone una serie de trasfondos de experiencia que no están tan lejanos de lo que tocó a nuestra manoseada “clase media” en los últimos cuarenta o cincuenta años. Y no es casualidad que haya regiones completas de nuestro campo literario y microeditorial que aspiran e inspiran del espíritu beat, aunque eso implique más bien una tolerancia a la demencia y al delito que una posición de fondo.

Lo que Sarmiento hace, desde la misma estructura del libro, va bastante más allá de lo obviamente esperable de un epígono del beat, por más que veamos acá la cancelación de toda posible interioridad, la celebración de la corporalidad hasta llegar a celebrar ostentosamente incluso la decadencia o una característica insistencia recargada en la personalidad del hablante. Esto porque En la berma trasciende con mucho a una extensa reflexión del autor sobre sí mismo: la experiencia del hablante se ofrece como espacio para dos inquietudes fundamentales que, casi sin pretenderlo, hacen de esta poética una expresión de época. La primera es el devenir de la “clase media” desde los 70; la segunda, el lugar de la poesía y de su creador en el Chile contemporáneo; el hablante termina siendo el lugar de cruce de estas dos inquietudes, lo que determina, además, la estructura del libro.

La primera sección (bajo el título Lenguas de dragón) señala el punto de partida, al referirse a la experiencia de infancia y la pubertad del hablante, en una expresión autobiográfica detallada y precisa, en un entorno marcado por la experiencia de una clase obrera ascendente que modifica sus lugares y formas de vida de manera profunda -en este sentido, las referencias a hábitos cotidianos y marcas de cigarrillos o bebidas no son para nada gratuitos. Al período de formación del hablante responde una experiencia que aún presenta a la naturaleza como garantía ante la inminente e inevitable enajenación del mundo por venir; la vegetación adquiere un no disimulado rol de testigo y presencia simbólica. La ineluctabilidad del abandono definitivo de este estado, de hecho, se presenta sin dudas en Gusano de la manzana (LaspeyresiaPomonella), en que de manera expresa, la cavilación por desentrañar el misterio de la existencia (asociada a la adolescencia) se equipara a la acción del gusano sobre la piel de la fruta.

Desde la sección Maquetas en adelante, Sarmiento se empecina en la imposibilidad de situarse de modo natural en un mundo en que no hay destino para el individuo y para el arte: tan sólo el presente de la vida y la práctica, un presente desfondado en que al hablante sólo le queda la conciencia de su marginalidad, de la berma que debe habitar como virtual justificación de sí mismo. La berma, franja adyacente a la calzada de un camino, es tan sólo uno de los no-lugares (carreteras, salas de espera, jardines de industrias, etc.), “espacios del anonimato” como subtituló el antropólogo Marc Augé su libro de 1992, en que un hablante como el de En la berma puede encontrarse compartiendo el mismo carácter de obsoleto que su arte, espacios en que la experiencia de una soledad radical permite que Sarmiento pueda escribir, obligado a justificarse desde sí mismo, una poesía sin lectores es / una poesía irreductible. O bien, la poesía es muerte traficada, como dice en el poema Traficante, en que la experiencia del fugitivo de la justicia vuelve a remitir a la falta de un espacio habitable. Por esta razón, precisamente, cabe el existencialismo vivencial del beat: cualquier dimensión de interioridad sonaría fuera de lugar en esta poética –destacaría en este sentido Futón, en la sección Balance, en que los juegos retóricos que surgen de esta cancelación de un pliegue interior pueden ostentarse en una decidida elección de una superficialidad a flor de texto.

En cuanto a la situación de la poesía, Sarmiento ocupa gran parte de los poemas del libro –y en especial, la sección Balas perdidas– a un diagnóstico desolador sobre el lugar (o más bien, el no-lugar) del arte poético en el Chile contemporáneo; si bien, como ya sugerí, me parece absolutamente traspasado subjetivamente por la condición social e histórica del autor. Lo veo claro en Aeromodelismo (nos desconectamos del tejido social / armamos avioncitos en miniatura / jugando al aeromodelismo / en un mundo cuyo cielo / se vino abajo hace rato); por más que el autor sea sumamente cuidadoso en no plantear una tesis concreta al respecto, se puede leer que lo no dicho en En la berma es el parentesco profundo de esta poética con el larismo. Esto es, se escribe hacia atrás; la situación del hablante es mirando hacia el pasado, por más que parezca en un presente eterno; el juicio histórico es sobre la derrota de una visión de mundo, no sobre la absoluta inexistencia de una visión de mundo. Un giro hacia la conciencia de este desplazamiento temporal en la escritura, y no como un índice más o menos sugerido en el texto, podría darle a la poética de Sarmiento un ribete político sumamente interesante, posibilidad que queda nublada por el afán de superficialidad que impone el tono epigramático, plena herencia del beat.

Dicho lo anterior, y considerando que en ese afán se cae en cierto exceso de insistencia nihilista, es necesario consignar que En la berma muestra una seguridad de oficio que tiene momentos excepcionales en lo referente a evitar ornamentos y apuntar al corazón de una idea poética sin demoras ni desvíos, especialmente en la última sección, Viudez del conviviente. Y es en este acertar de la bala al blanco donde el oficio se justifica como posibilidad de conocimiento, el paso siguiente –el necesario- tras la conciencia del vacío.

 

En la berma

Sergio Sarmiento
Santiago, Ediciones Esperpentia, 2011

2 Comentarios

  1. esperpento dice:

    pesimo libro, siempre de lo mismo…sarmiento, mala copia de bukowski….realmente una perdida de papel.

  2. ruso_perdido dice:

    No estoy de acuerdo con esperpento. Leí el libro, lo pasé bien y me parece que Sarmiento es mucho más lírico y oscuro que Bukowski. Para mí no es papel malgastado.

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