Revista Intemperie

Poesía y capitalismo: la muerte de la inspiración

Por: Felipe Ruiz
dirty

 

Extraigo un título de Walter Benjamín pues me parece atingente para plantear ciertos asuntos relacionados con la poesía y su estado actual en tanto arte, en tanto producto de arte. Nadie pudo hacerse el ciego frente al surgimiento y auge de las editoriales independientes en Chile. De eso hace ya un tiempo. Hoy por hoy, las posibilidades, para el poeta, de publicar se han ampliado al punto que ya ni siquiera se hace necesario previsualizar una posible “carrera literaria” para pasar al lugar de los poetas con obra publicada. Existen muchas editoriales independientes que dan la facilidad a escritores sin ningún libro y con escaso o nulo currículo de publicar sus primeras obras. En la mayoría de los casos, los autores ponen de su bolsillo el costo de la edición; en otros, la editorial cofinancia los títulos.

En esta zona amable para la poesía, algunos prefieren esperar a ser editados por una editorial más reconocida asegurando distribución. El caso es que hoy por hoy a los escritores se les hace más fácil que antes ingresar a la categoría de escritores no aficionados o, como dice la nomenclatura del Consejo del Libro, escritores “profesionales”. Todo recurso es bueno en su justa medida. Por lo mismo, y porque son en su mayoría jóvenes, los poetas deberían ser capaces de reivindicar un espacio de creación de largo aliento, no presionado por un escurridizo tiempo presente. Por ejemplo: T.S Eliot se demoró 12 años en escribir Los cuatro cuartetos. Reiner Maria Rilke más de diez en completar Las elegías del Duino. Para no ir muy lejos, Pablo Neruda escribió las dos Residencia en la tierra en un plazo superior a ocho años. Y eso que ni siquiera hablo de libros extensos, como podría serlo los Cantos de Ezra Pound.

De ese modo, llegamos a la comprensión que durante los últimos 15 años no solo se ha modificado el circuito de editoriales, sino también el cómo se escribe poesía. En efecto, hoy somos testigos de la muerte de la inspiración. El escritor actual “produce” poemas a conciencia de que puede publicar en un plazo no muy extenso. Muchas veces, se escribe incluso pensando en un ilusorio espacio de reconocimiento social. La inspiración misma, si es que se  le puede llamar tal, se ha modificado. De ese modo, se modifica también en el autor la experiencia misma de escribir. Si alguien no publica en mucho tiempo, parece como si desapareciera del mapa. Así, se escribe poesía como si fuese de antemano un camino antes recorrido por otros. Una dirección unívoca ha reemplazado a la libertad creativa.

La urgencia de este modo es lo que alimenta a la poesía. Una constante y angustiosa necesidad de actualidad reina en los poetas más recientes que he tenido la oportunidad de leer. Se pierde, entre tanto slogan, el sentido del silencio, del secreto de los poemas, de reserva e incluso del recelo con que antes se cuidaba una obra. El exhibicionismo literario acompaña entonces esta urgencia de la publicación. Se escribe, en ese sentido, como casi a la fuerza. He escuchado incluso a poetas que juzgan sus poemas como si “funciona” o no. Eso es escribir pensando en el mercado.

La única salida que veo a este problema, es la de potenciar editoriales que funcionen fuera de la capital. Me parece nefasto y perjudicial una poesía exclusivamente “capitalina” siendo que en el sur y el norte de Chile hay muchos buenos poetas, pero muy o nulas posibilidades de publicar. Es necesario extraer de las regiones alejadas de la para nada inspiradora Santiago cierto encanto y magia que aquí se ha perdido. Quizás de ese modo se pueda por fin escribir el siguiente capítulo de la poesía chilena.

 

Foto: Dirty white trash, Tim Noble & Sue Webster, 1998

4 Comentarios

  1. Jorge dice:

    pedazo de texto. lo compartiré de inmediato.

  2. Andres Olave dice:

    El otro día con un amigo conversábamos el tema y claro, surge la paradoja que al final si bien las editoriales independientes han revitalizado la literatura en Chile, se corre el riesgo que tanto libro publicado acabe por agotar al sistema. Hay que ver hasta donde nos lleva el juego, pues no es algo que se pueda regular. Los lectores, entretanto, brillan por su ausencia.

  3. Gastón Carrasco A. dice:

    Tomando el último punto tratado, me parece que en regiones sí existen posibilidades de publicar (Valparaíso y Arica son ejemplos claros de esto; pienso en el trabajo de Ed. Inubicalistas y de Cinosargo, respectivamente). El punto estaría, en este caso, en los lectores y críticos que centralizan la producción y, en cierto sentido, determinan y cierran las posibilidades de ampliar el panorama.Básicamente, la crítica desconoce los títulos y los autores que están trabajando fuera de los circuitos tradicionales. Si no existe un cierto mecenas que visualice a los autores o una visa de existencia en lecturas, ferias, talleres, etc., y concuerdo en esto contigo Felipe, se da por sentado que un autor dejó la poesía por otros oficios o prácticas. Ahora bien, el dilema está en que esa “ansiedad” por publicar (traducido en menos trabajo o incluso “menos calidad”, por lo que entiendo de la opinión en cuestión, dado los macroejemplos presentados)se daría justamente como un fenómeno propio de la capital. Puede ser, y no hay ninguna posible certeza al respecto, que las voces de regiones respeten o entiendan más sobre ese silencio deseado. Quizá, y tampoco podría haber certeza sobre esto, la gran obra de la poesía chilena está ahí escrita hace años en un pueblo perdido del extremo sur de Chile y desde nuestra centralidad somos incapaces de acceder a ella.

  4. Eduardo Farías A. dice:

    Felipe Ruiz

    Sin duda, estás adelantando un proceso en la relación entre autor de provincia y editorial independiente santiaguina que, hasta el momento, no existe o cuenta con casos excepcionales (publicación de Rafael Rubio en Camino del Ciego, por ejemplo). Que nazcan editoriales fuera de la capital ayudaría a una construcción descentralizada de la poesía chilena, pero debe estar acompañada con una distribución que permita el encuentro con el lector en el resto de Chile, y el gesto también tiene que ser dual, es decir, una editorial regional debe dar cuenta de la escritura literaria en Santiago, y una editorial capitalina debe dar cuenta de la escritura regional. Sin embargo, la publicación no se debe basar en el lugar de nacimiento de un texto, lo importante es la calidad literaria que demuestra el texto en sí mismo.

    El proceso de la ansiedad del escritor, puede ser nociva, en el sentido, de para qué publicar: alimentar una carrera literaria, o entregar una obra sólidamente articulada. Pero ese proceso lo define también el editor, finalmente, él decide en su editorial qué es lo que se publica o no.

    Sobre la funcionalidad de una obra, discrepo contigo, para mí, un punto de vista para la exhibición pública es si la obra funciona, o si se sostiene, lo cual no es escribir pensando en el mercado, sino que es trabajar el texto logrando que sea mucho mejor de lo que fue, y ese proceso depende del tiempo de trabajo de cada autor con su propia obra. Creo, finalmente, que la inspiración no es el problema ni tampoco que ha muerto.

Deje su mensaje

Debes estarsuscrito para enviar un comentario.