Revista Intemperie

Siete poemas para valorar el vino

Por: Intemperie
vino

 

“Donde no hay vino no hay amor”, dijo Eurípides, Plinio el viejo “en el vino la verdad” y Baudelaire, en loas a su amada, escribió “Piscina llena de virtud, vino divino, Francisca”. Aquí Intemperie presenta una antología de 7 poemas para valorar el vino, de Li Po a Carlos Pezoa Véliz, de Jorge Teillier a Héctor Figueroa.

 

Mientras bebo solo a la luz de la luna, de Li Po

Un vaso de vino entre las flores:
bebo solo, sin amigo que me acompañe-
Levanto el vaso e invito la luna:
con ella y con mi sombra seremos tres.
Pero la luna no acostumbra beber vino,
y mi perezosa sombra sólo sabe seguirme.
Festejemos, con mi amiga luna y mi sombra esclava
mientras aún es primavera.
En las canciones que entono vibran rayos lunares;
en la danza que ensayo mi sombra se aferra y deshace.
Los tres juntos, antes de beber, holgábamos;
ahora, ebrios, cada cual va por su lado.
¡Regocijémonos muchas horas todavía,
en nuestro festín inanimado,
para encontrarnos al fin el Río de las Nubes!

 

El alma del vino, de Charles Baudelaire

Una noche, el alma del vino cantó en las botellas:
“¡Hombre, hacia ti elevo, oh dilecto desheredado,
Desde mi prisión de vidrio y mis morados lacres,
Una canción colmada de luz y de fraternidad!

Yo sé cuánto trabajo toma, sobre la colina inflamada,

De dolor, de amargura y de abrasado sol

Para engendrar mi vida y  infundirme de alma;
No he de ser desdeñoso ni mezquino

Pues es enorme el goce que pruebo al caer

Por el gaznate de un hombre desgastado por su labor,
Y su cálido pecho es una dulce tumba
En la cual reposo más a gusto que en mis norias frías.

¿Oyes resonar las canciones dominicales
Y la esperanza que gorjea en mi pecho palpitante?
Con los codos sobre la mesa y arremangado,
Tú me glorificarás y te sentirás feliz;

Yo iluminaré los ojos de tu mujer arrebatada;
A tu hijo le devolveré su fuerza y el ánimo

Y seré para ese frágil atleta de la vida
El ungüento que fortalece los músculos de los luchadores.

En ti yo caeré, vegetal ambrosía,
Grano precioso arrojado por el eterno sembrador,
Para que de nuestro amor nazca la poesía
¡Qué brotará hacia Dios cual una rara flor!”

 

El brindis del bohemio, de Carlos Pezoa Véliz

No escupáis a los beodos que perecen
aturdiendo en el vino sus dolores;
si odiáis a la embriaguez, odiad las flores
que ebrias de sol en la mañana crecen.
Los ojos de las vírgenes ofrecen
la sublime embriaguez de los amores,
y los besos son báquicos licores
al caer en los labios, estremecen.
Embriagada de luz, Ofelia vaga
en las sombras de un campo desolado;
el sacerdote en el altar se embriaga
con la sangre de Dios crucificado,
y el poeta mirando de hito en hito
la gran pupila azul del infinito.

 

Estatuto del vino, de Pablo Neruda (fragmento)

Yo sé que el vino no huye dando gritos
a la llegada del invierno,
ni se esconde en iglesias tenebrosas
a buscar fuego en trapos derrumbados,
sino que vuela sobre la estación,
sobre el invierno que ha llegado ahora
con un puñal entre las cejas duras.
Yo veo vagos sueños,
yo reconozco lejos,
y miro frente a mí, detrás de los cristales,
reuniones de ropas desdichadas.
A ellas la bala del vino no llega,
su amapola eficaz, su rayo rojo,
mueren ahogados en tristes tejidos,
y se derrama por canales solos,
por calles húmedas, por ríos sin nombre,
el vino amargamente sumergido,
el vino ciego y subterráneo y solo.
Yo estoy de pie en su espuma y sus raíces,
yo lloro en su follaje y en sus muertos,
acompañado de sastres caídos
en medio del invierno deshonrado,
yo subo escalas de humedad y sangre
tanteando las paredes,
y en la congoja del tiempo que llega
sobre una piedra me arrodillo y lloro.

.

Poema del vino, de Jorge Teillier

Silencioso en el umbral de todas las puertas
el ángel rojo del vino espera.

Y espera al principio de todos los caminos,
en las más perdidas calles de lejanas ciudades,
en todos los trenes tomados de improviso,
bajo todas las viejas lunas cantadas
por los viejos poetas, con una copa en la mano.

Espera,
con la llave de las casas donde aun no hemos
llegado y que siempre esperamos ver abrirse.

Tras el oleaje manso de las colinas en invierno
el ángel del vino vela el sueño
de las cunas verdes de las vides que el viento mece.

Y cuando lo encierran bajo tierra
su sueño de resurrección
llena la copa que alzaremos en la Fiesta
y se une al nuestro.

Y de nuevo es verano en el mundo y aparece el noble tiempo
de los pájaros contemplados por los solitarios
en las cantinas de las aldeas
y los vagabundos y los desterrados
pueden leer la escritura de las nubes y los árboles.

Porque han vuelto los antiguos cortejos de los
alegres dioses,
y para nosotros vuelve el día
donde la primera copa de vino llegó a nuestros labios
junto a los alimentos ofrecidos por padres y amigos
y extendidos sobre la florida mesa de la tierra
a quien bendecía la clara mirada del vino.

 

Bar cosmopolita, de Marino Muñoz Lagos

Arribamos al mesón como un barco
se acomoda a los muelles.

El bar respira el humo azul
de numerosos tabacos distintos
y apenas alcanzamos a distinguir
los gestos de la cantinera.

Se habla de largos viajes
y los parroquianos más ebrios
se miran en los fantasmas que surgen
de los espejos trizados.

De improviso se abre una puerta
al golpe del viento
y todos nos vemos navegando
en un mar de tinieblas
rumbo a la embriaguez más espantosa.

 

Período de seca, de Héctor Figueroa (fragmento)

De las botellas no han salido precisamente doncellas,
bellas genios, buenos augurios o princesas morenas; no ha ido mal.
Así y con todo los vidrios nos celebraron el gusto,
la fruición por beber.

*

Por la noche en mi pieza no hago nada
-hace dos meses que no bebo (no puedo)-
y en el insomnio como que la planta crece más,
VEGETO
cada mala noche y mañana otra vez a la faena:
más de ocho horas diarias para que todo siga igual.

*

Miércoles 8:30 a.m.:

¡Oye, dejaste de tomar pero seguí llegando tarde!
-mi jefe

y es cierto, sigo ojeroso, con el cuerpo malo
pero no me voy a poner a explicarle la verdad:
que me quedo hasta las 5 de la mañana
escribiendo huevadas como esta.

*

(…)

¿…? despertar de pie y borracho –situación repetitiva ad absurdum– como desperdicio que arrojó la ola antes del alba, pato y confuso alrededor de una garita de micros, en los márgenes delincuentes de esta ciudad asfixiada… (tratar de hacer un poema objetivista acerca de la orfandad de los etílicos en las garitas de micro. Averiguar bien qué chucha es un poema objetivista.)

 

Foto: Thomas Hawk

4 Comentarios

  1. tere dice:

    que buena idea! me gustó mucho, una iniciativa edificante a propósito del 18

  2. Otro de Baudelaire dice:

    Creo beber un vino de Bohemia,
    amargo y vencedor,
    un cielo líquido que siembra
    de estrellas mi corazón.

  3. alejandro dice:

    Muy buena selección, sólo faltó el “Canto a la vid” de Manuel J. Castilla (Salta, Argentina)

  4. gonzalo arteaga dice:

    les presento oda al vino, de mi cosecha, que circulan por el mundo
    ODA AL VINO I

    Tierra
    piel morena
    que cubre al mundo.
    Desde tus entrañas
    brota fluida la savia
    de las vides y,
    se transforma
    y transporta
    hasta los cristales
    de copas engalanadas
    de fiesta y de quimera.

    Aroma de extracto
    de madera envejecido.
    Vino que nos haces contar
    secretos,
    vislumbrar pasiones,
    tambien alegrias,
    adormecer penurias
    hasta el olvido.

    Eres sangre que presiona,
    sangre que estremece,
    sangre que perdura,
    siempre en su envase licuada.

    De las fiestas eres el rey,
    consagrado en demasía.
    Baco te protege
    y vitaliza,
    y es más,
    Dionsio te mantiene
    y te fecunda.

    El tiempo con el tiempo
    se compara,
    pero tu nombre Vino
    jamás debe hacerlo.
    argon
    gonzalo Arteaga Reyes
    CHILE

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