Revista Intemperie

Cinco minutos con Nona Fernández

Por: Intemperie
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La autora Nona Fernández, que acaba de lanzar Fuenzalida, novela sobre una generación que creció guacha en Dictadura, responde el cuestionario Intemperie

 

¿Cuáles son los cinco libros que te han marcado?

Son todos bien tópicos, pero bueno…

Las crónicas marcianas, de RayBradbury. Lo leí a los 15 años y ahora, después de la muerte de Bradbury, lo volví a leer con mi hijo. Una crónica por noche hasta llegar a Marte. La delicia de construir otros mundos, de conquistar otros planetas. ¿Qué es la escritura sino esa conquista interespacial?

El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso. El delirio y la libertad creativa en la que se instalame destaparon la cabeza. Me hicieron pensar que el único lugar posible de escritura es ese, el del desborde, el de la efervescencia, el del desate, la locura y el desorden.

Los asesinados del seguro obrero, de Carlos Droguett. Un libro cojonudo, escrito con una rabia estomacal, con una urgencia visceral conmovedora. Da cuenta de un suceso feroz, narrado con una prosa envolvente, hipnótica, anclada a la Historia y a la realidad. Con él supe que la escritura solo vale la pena si se ejerce con la ventana abierta, vinculándose a la realidad y a la Historia.

El teatro y su doble, de Antonin Artaud. Un libro alquímico. Un mapa de ruta para el que quiera escribir entre reflejos, con letras de humo, habitando sueños o sombras. Siempre vuelvo a él. Nunca termino de desentrañarlo.

El pueblo del mal amor, de Juan Radrigan. Vi la obra cuando era chica, una escolar, y luego leí el texto en la escuela de teatro. Recuerdo haber alucinado. Esa narración fracturada, con ese protagonista intentando establecer un relato en medio del olvido, canalizando las voces de sus muertos. Creo que sin saberlo mi trabajo ha continuado esa tradición, la del médium, la del espiritista que intenta darle una voz a los muertos.

¿Qué es lo que menos te gusta de Chile (o que más te gustaría cambiar)?

Su estructura centenaria de fundo, donde los patrones son unos pocos y siempre los mismos.

¿Qué ves en televisión?

Las series del cable, especialmente de HBO o de la BBC. The Wire, Boardwalk Empire, Treme, Life on Mars, Ashes to Ashes, Breakingbad, Mad Men, entre otras.

¿A qué lugar te gusta salir para relajarte, pasar un buen rato?

A la plaza de la esquina con mi hijo.

¿Qué es lo que más te gusta, o te deja satisfecha, de tu novela recién publicada, Fuenzalida?

Fuenzalida es la historia de una hija guacha y de su intento por armar el borroso y fragmentado puzle de su pasado. Pero mientras contaba esto me descubrí haciendo el relato de una generación, de mi generación, que creo, es lo que he venido haciendo desde Mapocho, mi primera novela. Un grupo de cabros chicos medios guachos, que creció cuando el país entero estaba en otra, criados entre toques de queda, casas de seguridad en la cuadra, velatones, funerales, apagones, bombazos, gente que amanecía quemada, baleada, torturada, fusilada, etc.

Y no lo digo como una pataleta, sino como una constatación real de mi imaginario de infancia y adolescencia. Vivimos la dictadura teniendo conciencia de lo que pasaba, pero sin ser protagonistas porque los protagonistas fueron nuestros padres. Yo creo que nos corresponde hacer la posta y establecer el relato de esos años desde otro punto de vista. No ya desde el discurso, la nostalgia de la izquierda, la victimización o la solemnidad. Contar el cuento de esa época desde otros lugares para que se reactive y sirva de pieza para poder entender nuestro presente y vaticinar nuestro futuro.

 

Foto: El Mercurio de Valparaíso

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