Revista Intemperie

Con ánimo de aplaudir

Por: Oscar Orellana

Oscar Orellana ve en Gladys un intento por hacer del pasado de esta familia también el pasado de Chile.

 

Elisa Zulueta dice en una entrevista al ser consultada por los cuatro premios Altazor que ganó este año por Gladys (mejor actriz, mejor actor, mejor dirección, mejor dramaturgia) que son objetos pesadísimos; que uno se lo regaló a su mamá y que el otro lo tiene ahí, sobre una repisa, en caso de que algún ladrón intente entrar a su casa. Lo que no deja de ser una decisión brillante y recuerda en algo a lo que afirmó hace muchos anos atrás Marguerite Duras en una entrevista para la televisión francesa: los premios junto a  los museos, son una idea elevada y ridícula del hombre.

“En esta casa los muertos se enterraron demasiado bajo” sentencia uno de los personajes de Gladys y esta declaración bosqueja el sencillo argumento de la obra: una familia corroída desde adentro por la necesidad, la urgencia de ocultar algo que incomoda. Toda esa aparente normalidad en cautiverio que pronto se vendrá abajo frente a nuestros ojos.

Intentemos reproducir la secuencia de los hechos: Ander (Sergio Hernández), un hombre viudo –correcto, ejemplar, trabajólico-  junto a su solterona y estrangulable hermana Ane celebra acompañado por sus tres hijos (Uxue, Ian y Lucía) la Noche de Reyes. Hasta ahí todo bien; todo retorcido e insustancial como cualquier familia. Ane (Coca Guazzini) -discurso incluido frente al arbolito de pascua iluminado- es el mártir esforzadamente corrosivo que se encarga de desear y pedir lo mejor para todos: que las lluvias no mojen más de los necesario los barrios de nuestra ciudad, que los empleados de su lavandería continúen sanos porque cuesta mucho enseñarle a los nuevos, que el país mantenga el orden y los valores establecidos por nuestros héroes patrios. Y así. Hay en las palabras de Ane una fijación eugenésica, casi clínica por lo sano. Estar sano resulta para ella pertenecer a una clase superior. Ser sano es por supuesto casarse, ser heterosexual, ser blanco. En un momento refiriéndose a un vecino dice: “Es negro, como zapato de colegial. Yo pensé que era peruano”.

Sin embargo, ese paraíso desengrasado, absolutamente higiénico que han construido sobre la raíz del incesto emocional, el orden establecido del cual tanto Ander como Anne han sido fieles coleccionistas, se verá alterado con la llegada de Gladys (Catalina Saavedra) la hermana no sana que regresa de su forzado aislamiento en Estados Unidos, invitada en secreto por su sobrino Ian. A partir de  este momento  el “todo está bien” entra en estado de ebullición.

La sucesiva revelación del misterio, el por qué del alejamiento de esta integrante de la familia, encuentra razones miserables y patéticas –como suelen ser casi siempre las razones del mundo adulto- en comportamientos monstruosamente saludables que intentan justificar el destierro y abandono de Gladys. No hay en este tramo de la obra evidencia de ternurismo, ni sensibilidad fatigosa ni poética forzada.

Pero como nadie puede ser sublime ininterrumpidamente, Zulueta no logra esquivar del todo ciertas pretensiones sociológicas de hacernos pensar y saca más ramitas de las que necesitaba de este árbol genealógico, desempolvando la figura de un abuelo y su cuestionable pasado político. Cae hacia el final, en la metáfora gruesa, estérilmente apasionada, en un intento por hacer del pasado de esta familia dada al ocultamiento de lo indeseable, de lo que se debe olvidar, también el pasado de Chile.

Pero cuando se aleja de toda esta pedagogía innecesaria y se entrega al impulso de poner en escena una historia entera alrededor de una simple y efectiva idea, la obra crece. Y es aquí, en el detalle de los diálogos, donde se aprecia el verdadero tamaño de su trabajo.

Al terminar la función que ha sido a sala llena, observo como las actrices Catalina Saavedra y Coca Guazzini  avanzan entre la gente tomadas del brazo y se me viene a la memoria esa fotografía de Diane Arbus titulada “Two Ladies at the Automat”. Esa Diane Arbus, una artista fascinada por la belleza de lo insólito, que escribió en su diario antes de suicidarse: Lo que está fuera de lugar es menos fácil de descubrir. Pero yo quiero hacerlo. Es en esos casos cuando se producen mis mayores combates y mis encuentros más terribles.

 

Gladys

Dramaturgia y dirección: Elisa Zulueta Yañez
Elenco: Catalina Saavedra, Sergio Hernández, Coca Guazzini, Elisa Zulueta, Antonia Santa María, Álvaro Viguera
Asistencia de dirección: Rodrigo Santa María
Diseño escenografía: Andrea Ugarte
Diseño vestuario: Isabel Budinich
Diseño iluminación: Claudio Rojas
Música original: Rodrigo Santa María
Arreglos musicales: Elvira López, Gabriel Donoso
Diseño gráfico: Otros Pérez
Fotografía afiche: Andrés Herrera, Catalina Pérez
Producción: Antonia Santa María
Del 1 de septiembre al 27 de octubre
Jueves, viernes y sábado 20:30 hrs. (salvo sábado 15 y jueves 20 de septiembre)
Entradas: $7.000 general, $5.000 convenios y tercera edad, $3.500 estudiantes y jueves populares
2x1 Club de Lectores El Mercurio y Claro Club
Teatro Universidad Católica
Jorge Washington 26. Plaza Ñuñoa, Santiago

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