Revista Intemperie

No quiero que mi poética sea clasificada sólo como mapuche: una entrevista a David Aniñir

Por: Sebastián López
aninir

Sebastián López se juntó a conversar con el poeta David Aniñir, que le habló de las estigmatizaciones de la poesía mapuche, flujos sanguíneos, el sentido de la vida y la experiencia de “sobremorir”

 

Hace uno días me iba a encontrar con Jaime Huenún en la Biblioteca Nacional, en la mañana. Le traje un fernet de Buenos Aires. Ahí lo estaba esperando, en la escalera de la Biblioteca, y llega un loco, como de 20 ó 25 años, con los ojos rojos, como de estos que leen mucho, y me dice, “¿Aniñir?”. “Sí”, le respondo yo. “Me gusta tu poesía”. Cada cierto rato alguien se me acerca para decirme eso y yo miro pa’l lado y digo “Uh, la volá”. Es que yo siempre estoy ensalzando la figura del poeta o del escritor, y en comparación con los que admiro u otros escritores contemporáneos, yo estoy para pre-poeta. Yo no quiero victimizarme, pero pienso que el proceso que se ha dado conmigo ha sido más bien por el contexto en el cual se desarrolla mi poesía y mi estética. He estado más ligado a vivencias poblacionales y cosas así. Algo que  ya estoy como reafirmando a la distancia, pero en su tiempo, ese fue el medio que me instó a escribir: la drogadicción, la delincuencia, el mapuchismo, el loco de la pobla’. Ese es como el perfil de mi sujeto poético, picado a flayte. Todo eso ya lo estoy verbalizando a la distancia, pero sí les doy una significación a eso, las re-significo. Y de ahí también hay un arrojo político y estético. Sin embargo, yo aún estoy pensando en cómo me instalo como poeta.

Me gustaría pulir mi trabajo, sacarle la coraza y darle un flujo a todo ese campo sanguíneo. Ahí en mi cama, en las sábanas y en la almohada, están todos los poemas. Gran parte de mi poesía está en los sueños. Estoy como hilando de a poco mi escritura, con esos espacios, con mi dimensión onírica. Y, claro, pienso que gran parte de mi poesía han sido mis sueños, imaginaciones, alucinaciones. Tienen que ver con eso también: no soy yo el que escribe, la poesía es la que escribe por mí. Se me aparece en sueños y en ellos están nuestros antepasados quienes quieren llorar y reír por mí a través del verso.

*

Me dicen poeta mapuche y me carga por todo lo que conlleva: la discriminación positiva, el palmoteo en la espalda, y el ‘venga por aquí y pase por acá’. Mi poesía habla por sí sola y es poesía porque tiene una carga estética en sí. Claramente, mi condición es mapuche y hablo de cosas que tienen que ver con lo mapuche, pero no quiero que mi poética sea clasificada sólo como mapuche. Yo creo que la poesía en general es poesía porque sí. Es cierto, habla de ciertos tópicos y ciertas generaciones, de algunos tiempos; está arraigada dentro de un contexto, pero me choca esa discriminación positiva. Aunque también creo que soy muy consciente del hecho de ser un creador dentro de mi mundo mapuche porque no me hago el hueón frente a lo que está pasando. Tal como lo que sucedió con mapurbe, como concepto. Ha trascendido al historial contemporáneo mapuche. En un principio me asustó y sorprendió porque se me iba de las manos. A estas alturas no me pertenece, es parte del patrimonio cultural mapuche urbano, al movimiento mapuche en general. Es un reflejo, una radiografía de los tantos mapurbes que hay acá. Esa es la digestión o el trabajo de mi poesía, y es un orgullo, un honor dejar esas semillas. Pero tampoco quiero ser un oportunista porque está la papa: tení los pómulos altos, un trarilonko y un apellido tal, y ¡listo! No, no me gusta eso. Quiero que la calidad de mi obra hable por mi, no por el hecho de tener tal o cual apellido.

Algunos siempre van a estar cuestionando tu compromiso político, con cómo cooperas con alguna causa, pero yo creo que un artista está primero comprometido con su obra, y eso ya es un acto poético y político que a mi costó entender. Siempre pensaba que la poesía estaba solamente por un afán o un por una apuesta de compromiso social y político absoluto. Pero también se puede hacer la lucha desde otros lados. Mi poesía también es una trinchera desde donde puedo tirar miles de piedras y no salir arrancando, quedarme ahí para defenderme y defender a mi pueblo. Ahí hay toda una actitud de confrontación y de lucha, yo hablo y digo y ese es mi discurso. Sin embargo, yo tomé distancia cuando se hablaba de que el arte, la cultura, las manifestaciones estéticas tenían que ir de la mano de la lucha. Pienso que está bien, pero para mi no necesariamente tiene que ser militante, pienso que también desde acá puedo hacer muchas cosas. No es que esté discrepando con los otros peñis, pero también puedo estar en acuerdo y en desacuerdo en algunas formas. Somos hartos y estamos todos buscando distintas formas para reflexionar y hacer una transformación del alma de un pueblo y de una transformación, que quizá suena cliché, revolucionaria. Porque está mala la situación tal como está. Nosotros también podemos hacer el cambio desde nuestras propias trincheras, pero no como una poesía militante, ¿cachai? Porque al final yo mismo me estaría alejando de mi poesía, estaría hablando sólo por lo otro siendo que tengo muchas otras cosas dentro de mi. Sin embargo, al final, está bonito darle sentido a tu vida a través de la escritura, y uno va y aporta con lo que uno sabe hacer o le sale, porque si no lo hiciera de verdad, yo no sería persona. Hace rato me habría “puesto la corbata”.

*

He estado leyendo harto a Bolaño. Me gusta mucho su narrativa, que nunca se aleja de la poesía. Eso es lo que me está atrayendo. He andado bien enchufado con Bolaño. Me pasa que  de repente no escribo porque también creo que nuestra vida es un poema. No es que no escriba, igual me gustaría hacerlo más, pero sí esa máxima me remueve y me inspira a salir y hacer mis cosas. En ese sentido, Bolaño ha influenciado esta última etapa de mi actitud, con su imagen del sujeto, del artista y activista político. Yo quiero dedicarme a esto, creo que es el afán de todo creador, de todo artista. Pero no po, yo soy un obrero, quizá gestor cultural, y aún pre-poeta. No es que no tenga la ambición, pero la realidad te dice, “la posta, tenís que tener doble o triple vida”. Es la realidad de muchos otros poetas en todos lados del mundo. En Argentina, donde estoy viviendo ahora, los locos son cocineros, son ayudantes de cátedra, son profesores, son profesionales de cualquier otra índole, o trabajadores de cualquier otra clasificación, pero también la mitad ó el 51% de su vida está arraigada a la pasión, con la creación, y creo que a mi me pasa eso. Pero yo recién voy en el 21%. Porque el otro mundo es el que te domina, ¿no? A eso yo le llamo sobremorir: lo que te queda de tiempo lo vives, pero ¿cuándo?, ¿un día feriado?, ¿un fin de semana largo? ¿Y si te ofrecen el 100% de gratificación? Mandai a la chucha el fin de semana largo y los locos van a trabajar. Así la es hueá, los locos quieren plata, y es cruel todo esto. Me da rabia.

En realidad, tenemos una vida de mierda. Pero yo creo que si no hubiéramos desarrollado la poesía o el arte estaríamos más cagados aún. Pienso que somos producto de un desajuste social, de una enfermedad social; entonces, la válvula que tenemos para poder vivir es quizá la poesía, el arte. Creo que todos los artistas tienen algún tornillo menos y ahí, en la creación, nos compensamos, nos hacemos más personas.

En mi caso, de pre-poeta quiero ser poeta y me gustaría sondear, flirtear con otros géneros. Quiero pulir esto, pero quiero alejarme de la construcción, dejar de ser obrero de la construcción. Quiero estudiar otras cosas, no sé. Aunque pienso que esto va a ser así: 51% de mi vida para creación y el otro parael qué comer. Al final, el día de mi muerte dejaré de ser pre-poeta y seré un poeta porque, ese día de mi muerte, comprenderé todo el tiempo que estoy perdiendo y se unirán los cabos. Del 51% pasaré al 100%, y terminaré mi mejor poema. Hay muchas cosas que están pendientes, pero de pre-poeta a poeta hay un gran tramo, y realmente quiero ser un poeta, es lo que le da sentido a mi vida, la actitud, la escritura, mi poesía. Habría tenido las manos sucias si no hubiera sido por la poesía, y eso le ha dado sentido a mi vida.

 

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Un comentario

  1. Saludo a mi amigo David Aniñir, a la vieja usanza de los poetas populares, con lo que tenemos y vivimos, con poesía:

    Nacimos en Septiembre.

    Nacimos en el humo que surge de la entre piernas
    cuando el goce de los cuerpos
    llega a su estado máximo de satisfacción,
    de libertad.

    Nacimos en el canto de los pájaros salvajes
    que anidan acciones en el viento primaveral
    con volantines cortados que dejamos ir en atardeceres naranjos.

    Nacimos en el controvertido mes de septiembre
    fundido entre la vida y la muerte
    y rabiosos días perdidos en la calle resistencia
    con esquina esperanza,
    en medio de esa tristeza de nuestros padres y vecinos,
    bajo la lluvia más acida de la historia de Chile.

    Nacimos en septiembre y los triunfos de otras épocas,
    entre ojos morenos encendidos,
    en el proyecto de una vida más justa y de bienestar para todos,
    en la conquista de un nuevo mundo.

    Nacimos junto al vino y las empanadas de pino horneadas
    en el barro de nuestras poblaciones y las barricadas,
    en días en que septiembre
    prometía traer a nuestros hermanos ebrios
    algo más que cueca, chicha y aguinaldo.

    Nacimos en el mes de la rebeldía
    de los desparecidos, perdedoras, locos, tristes, soñadoras…

    Nacimos en medio del rock político
    y la poesía de máquinas de escribir,
    a la luz de la velas y tirados de guata en el flexi
    del departamento del block 20, junto al canal San Carlos.

    Nacimos para morir y volver a nacer en cada septiembre,
    y como lo ha dicho nuestro amigo Bukowski :
    ¡Nacimos para robar flores en las avenidas de la muerte!

    Ronald Gallardo.
    Calle Magnolia
    Producción y Ediciones

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