Revista Intemperie

Una pasión llamada inteligencia: Leer a Contra luz. Estudios sobre narrativa chilena de Blest Gana a Varas y Bolaño

Por: Felipe González Alfonso

La literatura chilena desde el ojo de la crítica académica es lo que nos trae Leer a Contra luz. Un repaso por autores tan importantes como disímiles: Donoso, D’Halmar o Bolaño, perfecto para los interesados en las letras nacionales.

 

En sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana Mariátegui abominaba de “los disimulos evidentes e inútiles” de ciertos teóricos para ocultar “la trama política de su exégesis”. Él la explicitaba y así se oponía a un tipo de pretendida objetividad que no es sino el disfraz científico de ciertos intereses de clase. En una tradición similar —lo dicen sus prologuistas—, los de Jaime Concha “Son juicios elaborados en contra de la inclinación corriente de la academia profesional por borrar las huellas de la enunciación”. Leer a Contra luz. Estudios sobre narrativa chilena de Blest Gana a Varas y Bolaño (Ediciones UAH, 2012), propone iluminar a nuestros clásicos nacionales, antiguos y recientes, reinsertándolos en la trama social y política que los vio nacer. En ella, por supuesto, también se inscribe el escritor, como otro más de los factores propiciatorios de la gestación artística. Lectura materialista y sociológica que señala el difuminado social promovido por ciertas estéticas a las que recurrieron varios de nuestros novelistas, desbarata las interpretaciones tradicionales de sus obras y en definitiva denuncia el falso desinterés y la sospechosa universalidad de las luces oficiales.

Lo de Jaime Concha es también la constatación de algunos hitos y, en consecuencia, la propuesta de un canon. Aquí aparecen aquellos escritores nacionales que supieron mezclar y amasar con más hondura y lucidez los materiales de su arte y el entramado social al que pertenecían. No basta con escribir bien; este es el criterio manifiesto de la selección realizada por Concha. Tampoco para el crítico basta con categorizar la dimensión formal de los textos, enfoque predominante, según se apunta, en la crítica sobre Donoso. Entre el lenguaje y el símbolo hay otra hebra constitutiva del tejido: el referente histórico-social. Esta es una de las lecciones principales de Concha, pero en cada uno de los ensayos, además del análisis específico, se intercalan otras reflexiones de orden general que en conjunto constituyen un discurso que transciende la autonomía de cada texto. Son las estrategias del propio método del autor, diseminadas generosamente por todo el libro. Pronto el lector lo descubre: no sólo se trata de un conjunto de ensayos sobre literatura chilena; se trata también de una agudísima clase de lectura.

Leer a contra luz significa, por ejemplo, doblarle la mano a la interpretación anacrónica de Domingo Melfi y Alone, y dejar en evidencia que Martín Rivas no es un héroe de las capas medias, estrato inexistente en la época de Blest Gana, sino más bien una suerte de Adán burgués, un maquiavélico escalador. En este sentido, Rivas se parece más al energúmeno que tenemos hoy por presidente que a quienes se han avocado a exigir una educación medianamente digna. Leer a contra luz también significa hacer un cruce entre materialismo y psicoanálisis al estilo de Frederic Jameson o Slavoj Žižek y mirar bajo ese prisma la harto freudiana Juana Lucero. El personaje de D’Halmar aparece así como una transposición del propio autor, como la condensación de los traumas sexuales y sociales de un espíritu sensible y refinado. La evidencia es una novela en que los ensueños se ven siempre obliterados por la impronta brutal del origen. Juana Lucero c´est moi, diría D’Halmar.

Otra característica de la lectura de Concha es su minuciosidad cabalística para detectar lapsus y pequeños gestos conscientes o inconscientes que descubren los presupuestos ideológicos imbricados en las obras. Las conexiones entre literatura y sociedad quedan probadas de manera casi incontrovertible a través de esas señales concretas, textuales. Alternativamente, Concha se acerca con lupa al texto y luego lo mira desde lejos para comprender el significado de lo micro en el marco de lo macro. Ejemplo delicioso de este procedimiento es el análisis de una pequeña escena en la casa de Carlos Fuentes descrita por Donoso en su Historia personal del boom. En este ensayo, como en el dedicado a José Miguel Varas, Concha saquea la cantera poco explorada de los títulos y los epígrafes, aquellos textos que no están ni en la realidad ni en la ficción, pero que conectan a ambos y constituyen espacios privilegiados a fin de localizar las huellas que signan el contexto de origen. Por último, es interesante que se escogieran obras no tan celebradas de algunos de los narradores. Esto sucede con Barrios, Droguett, Varas y Bolaño.

En el mismo libro de Mariátegui ya mencionado, el autor peruano señala el período cosmopolita como un paso necesario antes de llegar a una literatura propiamente nacional. La multiplicidad de influencias, el aire del mundo, otorgan una variedad más rica de herramientas para fraguar y representar lo nacional; eso que siempre está por crearse. Tal vez lo mismo se requiera para proponer una lectura consistente de la literatura de un país, como la que Concha sin duda ha hecho de nuestra narrativa, prácticamente desde su origen hasta la actualidad. La vida itinerante del crítico, aludida por sus prologuistas, quedaría así más que justificada.

 

Leer a Contra luz. Estudios sobre narrativa chilena de Blest Gana a Varas y Bolaño

Jaime Concha
Santiago, Ediciones UAH, 2012

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