Revista Intemperie

Un infierno inclinado

Por: Federico Zurita Hecht

En Solo la muerte de Pablo Barbatto, Federico Zurita escudriña una discusión sobre la libertad y la condenación del hombre.

 

La acción en Solo la muerte, obra escrita y dirigida por Pablo Barbatto, transcurre en un mundo inclinado que describe el permanente riesgo de que los personajes, en cualquier momento, experimenten una caída. Este caer se presentaría como un hecho inminente propiciado por el ser humano, el mismo que cae (o está por caer), pero no con la forma de concreción de un destino, sino más bien con la apariencia de una condena existencialista en la que, tal como ya propuso Jean Paul Sartre en el siglo XX, cada sujeto es el infierno de los demás.

El mundo inclinado se presenta como inquietante. El encierro (propio de la condena) no se limita sólo a la casa donde transcurre la acción, pues la puerta de calle, al abrirse, trae al interior todo el mundo externo como una apertura que más bien es un cierre: un encierro aún mayor que se constituye en infierno. Algo cambió al mundo hace ya cuarenta años (los hombres lo cambiaron), y el olor de afuera conforma una muralla maloliente que enfatiza el encierro. Pero el mal olor ya está en la mirada de la protagonista, una mujer con una asquerosa herida en su ojo izquierdo, que es testigo de cómo su esposo abusa de su hermana menor (que es aún una niña).

En medio de este infierno, la acción se moviliza con la apariencia de un fatalismo mecanicista. Pero no hay en Solo la muerte un afán cientificista que busque, desde la herencia del naturalismo, demostrar que el ser humano está determinado y que esa determinación puede ser controlada si se le conoce. Más bien hay una constatación de que no es posible eludir aquella condena desvestida de esencialismos, y aunque ésta se presente como terrible, puede ser aún peor. La mujer que es engañada por su esposo es guiada, por una vecina, a la venganza. A esto nos referimos al señalar que la condena se presenta como un acontecimiento terrible, pero el desenlace de la obra demuestra, tal como dijimos, que los hechos pueden ser aún peores. El aparente fatalismo mecanicista, entonces, toma forma de infierno y el mundo que construye Solo la muerte es coherente con esa sensación. Así, la casa donde ocurren los acontecimientos es como cualquiera, como todas, pero el desplazamiento de sus habitantes se hace cuesta arriba, se hace infernal. Simultáneamente, la mujer ve el mundo a través de su ojo herido y se hace aún más infernal.

Solo la muerte ofrece una visión infernal de la realidad que se enmarca en una forma de pensamiento que se desarrolla desde mediados del siglo XX y que aún mantiene vigencia en la posibilidad de relacionarla con un contexto específico. Insistimos, entonces, que se trata de un mundo que ha cambiado en los últimos cuarenta años, un mundo social representado simbólicamente por la obra de Barbatto como un dolor de cabeza que retuerce a la protagonista hasta provocar alguna muerte en este maloliente infierno en vida.

 

Solo la muerte

Dramaturgia y dirección: Pablo Barbatto
Elenco: Catalina Osorio, Vania Osorio, Gabriela Arancibia y Gastón Salgado
Diseño: Manuel Pérez y Pablo Barbatto
Desde el 1 al 18 de agosto
Miércoles a domingo 20 hrs.
Victoria Subrecaseaux 99, Barrio Lastarria. Metro Universidad Católica

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