Revista Intemperie

Paseando cerdos

Por: Oscar Orellana

Oscar Orellana ofrece un elogio descarnado de este clásico de David Mamet, y con el mismo desparpajo sentencia el montaje que se presenta en Lastarria 90.

 

David Mamet; dramaturgo, novelista, ensayista, guionista y director de cine. De cerebro amargo y una inteligencia a ratos infecciosa, confiesa en su libro Una profesión de putas, que la única razón interesante por la cual accedió a presentar una de sus películas en el festival de Cannes, se debió a que un amigo le había contado que aquel era el lugar perfecto para quedarse todo el día borracho en la playa y observar  mujeres desnudas que se dedicaban con exótica solemnidad a pasear enormes cerdos usando delgadas correas de cuero.

En la premiada obra de Mamet Glengarry Glen Ross (1984) –ganadora de un Pulitzer, que algunos promocionan con agotadora insistencia- no hay mujeres, ni desnudas ni de ningún tipo. Es más: uno de los insultos preferidos en este universo de atribulados  vendedores de zapatos negros, y trajes erectos de patetismo y masculinidad, es gritarse: Tú no eres un hombre, eres una secretaria. Así, como en un delicioso merengue de misoginia, las mujeres son apenas un espectro. Cuando no son secretarias, son niñas. Niñas que hacen adorables gestos mientras se las tiran. O esposas precavidas, que permanecen alerta e inmóviles, entre los muebles de sus casas. O hijas enfermas a las que un padre debe proteger. O cualquier cosa sin importancia. En dos palabras: da igual.

El argumento de Glenngarry es de lo más simple: Chicago, años ochenta. Cuatro vendedores de una agencia inmobiliaria son forzados a competir entre ellos. El que venda más terrenos se llevará un Cadillac como premio. El segundo, un juego de cuchillos. Los restantes, serán despedidos. Así, se da inicio a una carrera frenética de llamadas telefónicas truculentas, deslealtades y compañerismo de bondad envenenada. Un mundo larvario oculto detrás de cada palabra. La fauna cadavérica de la codicia reprimida. De la naturaleza humana, genuinamente repulsiva.

Todo esto, que suena a gran provocación contemporánea, a reproche feroz al modelo económico y a la naturaleza enfermiza del individuo competitivo  –y que en parte lo es-, en el montaje a cargo del norteamericano Tom Kremer, se queda más en una pesadilla reblandecida. Quizá por una comicidad desencajada, especialmente en el caso de los actores que interpretan al cliente arrepentido que conocemos como Jim (Benjamín Hidalgo) y al torpe vendedor llamado George (Vittorio Yaconi), no sabemos si por una encantadora muestra de incompetencia actoral, o una decisión consciente del director en la puesta en escena.

“Entonces él se acercó y firmó. Entonces ella se acercó y firmó. Fue como si cedieran, como si se derrumbaran imperceptiblemente. Fue fantástico” le dice Shelley La Máquina Levene (Tito Bustamante) el vendedor más viejo y desesperado, a Ricky Roma (Tiago Correa) el vendedor más exitoso y el de los zapatos más brillantes, en un momento  lleno de virtud y vicio, que agrega una extraña dignidad a la obra. Una especie de grave profecía, sobre el propio destino de estos hombres que también parecen desvanecerse ante nuestros ojos. Hombres que se han convertido en propagandistas de sí mismos. Hombres, que tal como escribía Pío Baroja, están a veces, un milímetro por encima del mono, y casi siempre, un centímetro por debajo del cerdo.

 

Glengarry Glen Ross

Autor: David Mamet
Director: Tom Kremer
Elenco: Tito Bustamante, Tiago Correa, Carlos Díaz, Vittorio Yaconi, Pablo Zabala, Francisco Rodriguez
Escenografía: Rocio Hernández
Vestuario: Rocío Hernández
Iluminación: Miguel Stuardo
Música: Cuti Aste
Desde el 6 al 29 de julio, viernes a domingo 20 hrs.
General: $5000, estudiantes y tercera edad $2.500,
estudiantes DUOC-UC $ 1.500
Reservas: 6327497 – 88986253
Teatro Lastarria 90

Un comentario

  1. Alejandro dice:

    Estoy de acuerdo en gran parte con lo que sostiene la reseña.fui a ver la obra y sali muy decepcionado.
    Sin enbargo,Mamet es un genio.

    Felicitaciones por la revista.

    Alejandro Barra

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