Revista Intemperie

El Erudito y el Flaneur

Por: Rodolfo Reyes Macaya
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Rodolfo Reyes revisa la última aventura intelectual de Roberto Calasso, que toma Baudelaire como punto de partida para recorrer los meandros de la modernidad naciente del siglo XIX

 

Para el excesivamente célebre W. Benjamin, Baudelaire escribió un libro que tenía escasas perspectivas de éxito inmediato, por confiar en un tipo de lector al que la lectura de la lírica pone en dificultades. Tal lector, el más ingrato, puntualiza, prefiere los placeres sensibles y está entregado al Spleen, que anula el interés y la receptividad. El libro en cuestión es, por supuesto, Las Flores del Mal, que a lo largo del tiempo se ha convertido en un clásico ineludible para quien pretenda pensar la Europa decimonónica y, también, la génesis de la modernidad. Un libro oscuro, compuesto por poemas que concentran en sí la métrica clásica con un pálpito desesperado, fugitivo e incluso escandaloso; fue juzgado por inmoralidad el mismo año en que también era procesado en los tribunales Madame Bovary de Flaubert.

Sin embargo, no haríamos más que engañarnos si sostuviéramos que Baudelaire, como Whitman, fue el autor de un solo libro, singular y fundacional. Baudelaire fue también el escritor de una serie de textos excéntricos, como Los Paraísos artificiales, una investigación psicotrópica-metafísica sobre el opio y el hachís, o El Spleen de París, pequeños poemas en prosa, cuya elaboración supuso una loable zambullida en la extranjeridad de la vida cotidiana. Además fue uno de los críticos de arte más importantes de su siglo, aunque ni los Salones ni otros escritos sobre arte lograron salvarlo de una fama de extravagante que le privaba de toda respetabilidad burguesa. Dicho de otro modo, cuando intentaba ingresar a la Academia, el más importante juez literario de su tiempo, Sainte-Beuve no pudo sino tomarlo como una broma.

Si París fue en realidad (por más que para nosotros, habitantes hipermodernos y lamentablemente primitivos, todo esto no desborde el estatuto de la ficción) la capital del siglo XIX, Baudelaire fue su poeta. No un poeta al estilo vate de Hugo o, más cercano a nuestro tiempo y espacio, Neruda. Sino un poeta de lo singular, de lo caprichoso, de la miniatura, de lo raro, de la ciudad, del tedio, de lo fugitivo, de lo pernicioso. Un paseante que se pierde en la multitud, en los museos y en los prostíbulos, y que sólo se encuentra en la producción breve y fragmentaria de sus textos. Una figura que manifiesta su extrañamiento frente al cruel espectáculo del progreso, rehusándose a hacerse portavoz de una masa o de un pueblo para, mejor, marchar solitario y final a lo largo y ancho de los bulevares.

Por otra parte, Roberto Calasso el erudito y contemporáneo italiano autor de las Bodas de Cadmo y Harmonía (1988), de temática griega mitológica, La ruina de Kasch (1983), donde a partir de un tan siniestro como atractivo Talleyrand el lector es llevado torno a una leyenda sobre un reino africano, y también de Ka (1996), sobre la mitología india. Novelas que a menudo parecen ensayos o, incluso, fichas bibliotecarias. Ensayos que, a veces, parecen novelas. Propuestas narrativas sumamente seductoras que fatigan una pluralidad de caminos que nos llevan a un centro que está en todas partes, como también La Folie Baudelaire (Anagrama. Panorama de Narrativas. 2011), la última de sus obras que ha sido traducida al español por, su fiel traductor, Edgardo Dobry –Los traductores como esos seres furtivos y en la sombra; como los ejes invisibles gracias a los cuales constelaciones enteras tienen la suerte de girar para ser vistas desde diversas latitudes del planeta-.

En La Folie Baudelaire, Calasso reconstruye el núcleo de la modernidad torno a los pasos perdidos y encontrados de la figura del gran flaneur. Pasos que no sólo desembocan en el amplio entramado de las calles del París decimonónico, sino también en una suerte de río espiritual que baña las costas de la tradición occidental. La pregunta por la modernidad sigue siendo una pregunta tan vigente como la pregunta por el capitalismo. La Folie Baudelaire es un “lugar de caprichos y voluptuosidades- dice el autor- como cualquier Folie del siglo XVIII, pero también asilo de seres perdidos en la desolación de una tierra en la que sólo se puede ser chamán o exiliado o lo uno y lo otro a la vez.”

Los seres perdidos como puntales de un cuerpo textual ampliamente respaldado (las últimas cincuenta páginas son exclusivamente de citas) donde Calasso va de Ingres a Proust, no sin pasar por Delacroix, Manet, Degas, Stendhal, Flaubert, Rimbaud, volviendo constantemente, luego de páginas y páginas de meandros narrativos, al centro neurálgico que es, por supuesto, Baudelaire. Una novela que no es, de manera alguna, una novela, por más que se encuentre situada en la colección Panorama de narrativas de Anagrama. Una investigación que resulta una aventura arqueológica y exotista por el descubrimiento del origen de nuestra cultura globalizada, cuya lectura es altamente recomendable para cualquiera que se pregunte por la postmodernidad aunque no se trate de este concepto en ninguna de sus páginas.

 

La Folie Baudelaire

Roberto Calasso
Anagrama, 2011.

Un comentario

  1. lyd dice:

    Usted siempre creyó en las casulidades, las rayuelisticas? Eres Ro? Aquel que se libera entre letras del Club de la Serpiente?

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