Revista Intemperie

Guaridas comunes y falta de honestidad

Por: Francisco Ovando Silva
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Francisco Ovando no se deja seducir por la última novela de Germán Marín, que le parece impostada y poblada de lugares comunes.

 

El problema con esta novela está casi totalmente en su falta de honestidad. Esa la raíz, al menos, de allí se contamina el resto. Y no hablo de transparencia y fidelidad de los personajes, aunque tocaré ese punto, sino de honestidad literaria, de voz. Sería impreciso comenzar de otra manera esta crítica. Aquí cuesta que el oficio que uno espera forjado por los años en Marín esté a la altura.

El Guarén, historia de un guardaespaldas, es una novela que funciona sobre la estructura clásica del viaje heroico/de formación. El viaje se emprende, hay obstáculos, adquisición (readquisición, en realidad) de un nombre, y por fin la vuelta (amparada por la mano extraña de un mentor). Relato circular, sin duda se desenvuelve como una novela de personaje. Y si menciono estas obviedades es precisamente porque por ahí viene la falta de honestidad.

Narrado en primera persona y en estilo indirecto libre –árido, poco elegante y con escaso aprovechamiento de las posibilidades de esta opción–, el primer problema que salta a la vista es lo mal logrado que se encuentra el discurso. La voz del protagonista, proveniente de La Pincoya y familiar del mundo del hampa (desde pequeño, hasta gendarme y luego CNI), se nota constantemente forzada, plagada de palabras y formas lingüísticas que resaltan como un artificio que no logra convencer. La floritura del lenguaje que busca delinear los mismos orígenes y carácter del protagonista (uso de léxico coa y popular) se siente incómoda, innatural. De ahí la sensación de falta de honestidad, porque desde la primera página sospechamos constantemente que se nos miente. Y ojo, no digo que mentir sea malo, pero el deber del escritor es saber mentir bien.

Ahora, es cierto, cuando nos acostumbramos a estos errores, nos guiamos por una prosa limpia, que si bien está llena de oraciones yuxtapuestas, se deja leer. Quizás esta sintaxis de superposiciones sea lo más acertado de la novela, puesto que remite a los movimientos de un guarén en su guarida. Pero, todavía bajo la costumbre, la sospecha constante de no terminar de comprarle al narrador es algo que aflora constantemente.

El argumento también está lleno de clichés y lugares comunes. No es mi intención  puntualizarlos todos pues no quisiera arruinar totalmente la lectura de la novela (puesto que desconfío de la gente que por una mala crítica no lee la novela, y confío en que mis lectores le echaran al menos un ojo, desconfiando a la vez de mi crítica), de manera que, sólo a modo de ejemplo, menciono el  ejemplo, en El Guarén encontramos el escenario de la esposa que se mete con el mejor amigo de un personaje, y de ahí en adelante la mayoría de las dimensiones de los personajes son adivinables, volviéndolos planos y sin sorpresa.

Por lo general, los personajes no quedan bien delineados, no llaman la atención. Son, a excepción quizás del protagonista, totalmente olvidables. La escasa particularidad de los personajes pasa porque se pierden en una generalidad – en lugares comunes. El cuico es ese típico cuico, el “maleante” es ese típico maleante. Cosas típicas que en la novela abundan, a veces hacen pensar que lo que se trata de hacer es una especie de escritura alegórica de Chile, pero sería peor ese caso, en el cual lo parcelado y retrógrado de la analogía sería una herida cruenta a la novela

Respecto a las decisiones estructurales hay dos puntos que juegan en contra de esta novela. El primero son las seis páginas del inicio, donde encontramos un embutido muy poco elegante, a modo de resumen, de la historia del protagonista desde su infancia. El modo en que la escritura abre, refiriéndose a la vida del Guarén, es tan rápida y torpe, y tan poco aporta a lo que luego vendrá en la novela, que es posible plantear que pueden (y deberían) ser eliminadas. Narrar los orígenes de un personaje, siempre y cuando venga a cuento, puede hacerse de maneras mucho más sutiles y originales. Aquí la linealidad de la novela, que responde a su subtítulo de Historia de…se presenta burda, indicando sino falta de trabajo u oficio, de edición.

El otro punto, y quizás el más grave, es que la novela se hace trampa a sí misma, al final. Mala sorpresa el último capítulo, que no es desenlace ni cierra nada, que no da a entender nada nuevo. Tal como las primeras seis páginas, estas dos también podrían volar sin quitarle nada al relato. La addendaes el otro problema.

En este suplemento a modo de dedicatoria – encontrado después del último capitulo –, que va a un cuerpo de hombres anónimos y terribles, al final se encuentra el reconocimiento por mano del autor, del tema de la novela y su contenido de vidas condenadas. Y aquí está la trampa, y quizás el signo máximo de la falta de honestidad, puesto que el viaje del protagonista –el argumento de la historia– no apunta a otra cosa que la redención y nunca a la condena. El resto de los personajes son sólo decorado y sería difícil hablar de condenas en sus casos.

Y en fin. En efecto hay oficio, la novela se deja leer, avanza, se mueve. Cumple con ser nouvelle. Pero es sólo eso. Diré que es una novela poco honesta consigo misma. Que es sumamente difícil comprarle al narrador y que para más, si bien nos movemos rápido, avanzamos por un lugar común gigante, que parece no ser otra cosa que un ejercicio de degradación del viaje de caballero, contextualizado a principios de los ’90 en Chile. Y esto claro, teniendo en cuenta la poca elegancia narrativa que existe en el texto.

Creo que era una buena idea en general, pero fallida en su ejecución.

 

El Guarén, Historia de un guardaespaldas

Germán Marín
Santiago, Fondo de Cultura Económica, 2012.

6 Comentarios

  1. Una vergüenza que se siga hablando de HONESTIDAD. Tanto concepto al voleo, sin reflexión. O sea, para taller de crítica hubiese sido triste, pero acá…

  2. Francisco Ovando dice:

    Abre la discusión, entonces, y vamos viendo.

  3. Javier C. dice:

    Buena la contra-crítica. También hay que darle a las vacas sagradas.

  4. “Una voz honesta”. Husserl? Genette? Levinas? Bajtín?

  5. Francisco Ovando dice:

    Bueno, entendiendo que tienes cero ánimos de conversar, te lo aclararé con puntitos.
    1) Si vas a revisar las exigencias de cooperación que existen para la Revista Intemperie te darás cuenta de que se trata de un texto “periodístico”, no de teoría literaria, que pueda entender la mayoría de la gente. Si quieres una discusión teórica este, lamentablemente, no es el medio.
    2) La tiradita de caballos teóricos no impresiona. De verdad ¿qué buscas? Esa si una caterva teórica que da vergüenza. Mucho más productivas serían los aportes de Barthes, Blanchot, Deotte, Deleuse y Guattari, Nancy, Cerda, Oyarzun y un largo etcétera.
    3) Precisamente, y disculpa el ad hominem, pero por estantes de arrogancia como la tuya es que la discusión literaria fuera de los círculos especializados da vergüenza.

    Fuera de estas delimitaciones (te invito, además, si quieres seguir una discusión teórica a enviarme un mail), si no te quedó claro lo de la honestidad de la voz (producto de lo que supongo es una pobreza en la lectura) te lo explico.

    Una voz honesta en la literatura se conduce con un buen engaño. La otra verdad, como dijo Donoso (Taratuta, 12. Mondadori), que aquí se tiende trampas a través de partículas lingüísticas que nos hacen dudar constantemente de la veracidad del discurso del protagonista. Aquí no hay una voz honesta precisamente porque no hay una correspondencia entre el discurso del protagonista (que es el narrador en este caso) y la naturaleza del mismo.

    Cualquier otra duda, siempre que sea con buena onda, te la respondo.
    Y te reitero mis ganas de conversar contigo de teoría literaria por mail.

    Atte.

    Francisco Ovando

  6. Estimado

    no tiene nada que ver con teoría literaria ni con la recalcitrantemente reaccionaria separación entre “academia” y “periodismo”. lo que me hubiese gustado que explicaras es cuál es el valor de hablar de honestidad en literatura. solo eso.
    lo de donoso aparece un par de milenios atrás en otra parte. y en todo caso, qué valor tiene la opinión de donoso en todo esto?
    en fin, todavía no entiendo lo de la deshonestidad.
    y en verdad por un momento pensé que eras poeta, pues todavía en ese gremio hay habitantes del siglo XVIII que hablan de inspiración, voz y esas pachotadas

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