Revista Intemperie

Ofelia viaja al centro a morir

Por: Federico Zurita Hecht

Una nueva lectura del personaje de Ofelia se presenta en esta obra que, según Federico Zurita, se pregunta por el papel de la mujer hoy.

 

No es ninguna novedad el recurrir a referentes dramáticos de otra época para realizar una construcción de significado renovada que hable del aquí y ahora. Ya hace casi dos mil años Séneca pensó en las tragedias griegas (de cinco siglos antes) para hablar de su propio tiempo. Muchos años después Jean Racine recurrió también al mundo antiguo para representar idea del siglo XVII, al igual que Bertolt Brecht y Heiner Müller lo hicieron para discutir sobre preguntas del siglo XX. Igualmente Séneca y Racine actuarían como referentes en la dramaturgia de Luco Cruchaga; Shakespeare, en tanto, lo haría en Cesaire; el mundo antiguo en Galemiri, Gambaro, Sartre y Virgilio Piñera; además de Cervantes, la Grecia clásica y el mismo Brecht en Alfonso Sastre. No es mi afán hacer un listado, sino sentar las bases para afirmar que si esta práctica de revisión se realiza sin la posibilidad de actualizar los motivos antiguos para producir nuevo significado, se incurre en un ejercicio ocioso de ostentación.

Nada de ejercicio ocioso hay en los ejemplos anteriores, como tampoco lo hay en el desplazamiento de Macbeth a Shakespeare falsificado de Luis Barrales ni en La violación de Lucrecia desplazada a Violación de Aldo Droguett, pues el foco está puesto en la posibilidad de que los motivos isabelinos actúen en un contexto diferente produciendo significados renovados. Algo similar ocurre con el reciente estreno de la obra Ofelia, escrita y dirigida por Esteban Carvajal, que recupera la figura de la muchacha enamorada del príncipe de Dinamarca en el drama Hamlet de William Shakespeare con el objetivo de preguntarse por la construcción cultural de lo femenino aquí y ahora.

Efectivamente, Ofelia, que en el drama de Shakespeare se presenta como un personaje utilitario que potencia la figura del protagonista Hamlet, arrastra, en el montaje de Carvajal, la misma subordinación que vive frente a la figura del príncipe de Dinamarca, pero ya no como personaje utilitario, sino como una protagonista marginal que transita por el mundo siendo determinada por el ahora utilitario Hamlet. Ofelia es el centro de este drama (no del mundo, porque es mujer y esa es su desgracia en la obra de Carvajal) y Hamlet está ahí sólo para iluminar su padecimiento. Ofelia se enamora de Hamlet, pero también se excita y discute con ella misma por este amor. Ofelia habla por cuatro y hasta habla por él, solo para cumplir con una imposición cultural de enfermera atenta (que esa es profesión de mujeres). Él, por su parte, ni siquiera se toma la molestia de hablar, pues el mundo ya está construido para que él baile y Ofelia (cada Ofelia en este mundo) lo contemple. Ofelia, que es el centro de la obra, es el margen de este mundo, en cuyo centro se encuentra el utilitario Hamlet. Esto ha sido así por un tiempo largo, desde que la Ofelia vieja era joven hasta ahora que hay otra Ofelia más joven aún. Y ellas, tontorronas, incapaces de entender que pueden hacer un cambio, se pelean por él.

En este mundo que se perpetúa, Gertrudis, por su parte, una mujer que ha participado de la muerte del padre de Hamlet, pero no entendiéndolo como un plan propio (el plan es de Claudio, su amante), se encarga de regir esa perpetuación. Las madres, se sabe, son las responsables de la transmisión de la cultura masculina. Y Gertrudis, medio enamorada de su hijo, obliga a Ofelia a amarlo, pero a su vez (insistiendo en este rol contradictorio de las madres) pelea con ella por el amor de su “cabro”. A fin de cuentas esta Gertrudis decadente debió ser una Ofelia en su juventud. Esta es la muerte de Ofelia, una muerte en vida que se intensificaría si Hamlet muriera, pues esa libertad sería, en el absurdo de la transmisión del discurso de Gertrudis, un sinsentido. Este sinsentido, sin embargo, parece precipitarse en la acción dramática. Ya hemos comprendido que Ofelia no encontrará la salida de su padecimiento, pero el espectador necesita que se siente a digerirlo y de esta forma el público pueda, también, digerir su culpa (ya sea que este mundo incluya Ofelias, Gertrudis o Hamlet).

De esta forma, la obra Ofelia desplaza la figura del personaje isabelino y se hace cargo de distribuir responsabilidades sobre el estado del mundo (tanto en el nivel de la ficción como en el de los espectadores, aunque principalmente en el primero). Ofelia construye una imagen de la estructura jerarquizada de la realidad en que vivimos, en esta Dinamarca sudamericana donde la muchacha enamorada se sumerge, empujada por Hamlet, en las frías aguas de una muerte en vida.

 

Ofelia

Dirección y dramaturgia: Esteban Carvajal
Elenco: Javier Agular, Valeska Alcalde, Sofía Elso, Romina Landerer, Alondra Vera, Debora Weibel
Universo sonoro: Daniel Castro
Técnico y producción: Julia Toledo
Diseño de vestuario: Luisa Pozo
Diseño integral: Marcia Lefiman
Escenografía: El otro Esteban
Fotos: Gabriela Lobos
Lugar: Victoria Subercaseaux 99. Metro Universidad Católica
Desde el 25 de mayo al 10 de junio. Jueves, viernes y sábado 20:30 hrs. Domingo 19:30 hrs.

Un comentario

  1. Héctor Rojas dice:

    Al parecer yo vi otra cosa en la obra (no dudo que quizás muy equivocado), donde Gertudris era solo una alucinación de Ofelia y las otras Ofelias también, quizás respetando la obra de Shakespeare me pareció muy interesante que la muerte del personaje solo estuviese rodeado de una alucinación, porque en Hamlet miramos esta muerte con distancia. Creí ver una propuesta donde los espectadores estábamos invitados a la cabeza de la protagonista horas antes de su muerte.
    Debo decir que es esta posiblemente muy mala lectura que hice, me pareció una propuesta interesante en cuanto presentaba a Ofelia engañosamente en otros personajes, hasta mostrarla realmente al final.

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