Revista Intemperie

Nada nuevo entre la niebla

Por: Francisco Ovando Silva


Francisco Ovando no se impresiona con Casa de niebla, la novela de María Luisa Bombal escrita en inglés en 1948 y recién ahora publicada en español, que parece más un bien un producto de mercado orientado a dueñas de casa ociosas.

 

Después de 65 años de su publicación bajo el título House of Mist (ed. Farrar Straus & Giroux, EE.UU.) la editorial de la Universidad Católica publica la primera traducción al español a cargo de Lucía Guerra Torres titulada Casa de niebla. Pero a pesar de las generosas palabras previas de la traductora, no encontré en esta novela tardía – por llamarla de algún modo – un solo espacio de interés. Con este rescate nada nuevo sale a la superficie salvo las relaciones, visitadas ya, entre la novela y el cine.

Dejo en claro que nunca he sido muy amigo de las palabras preliminares. Me parecen sospechosas casi todo el tiempo y en el caso más suave, siempre, de algún modo u otro, se inmiscuyen en la relación entre el texto y el lector. Una vez terminada la lectura de Casa de niebla le eché un ojo a las palabras previas que corren por parte de la traductora donde se puede encontrar una breve biografía de la Bombal y así también una pequeña historia de la novela que se traduce.

De ahí se desprende que Casa de niebla es una respuesta de Bombal a las exigencias del mercado editorial norteamericano de posguerra, que contaba entre sus filas a mares de dueñas de casa de clase media, ociosas y urgidas por novelas de larga duración. En principio, La última niebla no podía satisfacer con su cuerpo de nouvelle la demanda del público, por lo que sobre su relato se construye House of Mist.

Esto es lo que marca de principio a fin la novela. Por un lado, aquellos familiares a La última niebla, se sentirán revisitando lugares ya conocidos. Por otro, los lectores menos cercanos a la prosa de la Bombal se encontraran constantemente con pasajes innecesarios, escenas que embotan la lectura y la sensación permanente de falta de economía literaria.

Para peor la traductora –quien de pasada es una autora crítica de Bombal y la responsable por las ediciones de sus obras completas–, en sus palabras preliminares deja las expectativas altas. Habla de ironía frente al género romántico, desplazamientos del género detectivesco y una posición crítica al orden patriarcal. Pero no es posible encontrar nada de eso sin forzar el texto o por lo menos hilar en él demasiado fino.

El punto álgido de la novela es la dimensión de autoconciencia de la escritura. Breves momentos donde la narradora se dirige al lector (que comienzan con el mismo prólogo) y declara escenarios hipotéticos, donde de ser escrita de otra manera, esta u otra cosa se podrían modificar. Donde más brilla esta intención es donde esta conciencia permite hacer un cambio de narrador –en permanente primera persona– para dar a entender mejor una parte de la historia.

Al final, Casa de niebla se reduce a sí misma (cumple con su intención, no es justo olvidar que siempre fue pensada para satisfacer un criterio comercial específico) a una especie de culebrón gótico. Hay huérfanos, historias de amor, madrastras crueles, niñas sufridas, esposos malos y buenos, sueños reveladores, gente que muere, un final digno de Disney, mansiones oscuras y bruma, mucha bruma.

Aquellos que quieran encontrar algo nuevo en esta novela mejor abstenerse. Cumple con su propósito y nada más. Se podría decir que entretiene, en el sentido de entretención que entendían las editoriales comerciales de mediados de siglo pasado en EE.UU. (el mismo sentido, digamos, de las telenovelas). Pero más allá de eso y de ciertos dulcecitos de los cuales la crítica podrá vivir un tiempo más, en esta novela no hay nada nuevo entre la niebla.

 

Casa de niebla

Maria Luisa Bombal
Traducción de Lucía Guerra
Santiago, Ediciones UC, 2012.

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