Revista Intemperie

¿Qué hay debajo del nado sincronizado?

Por: Héctor Andrés Rojas

Los noventa y nueve es una obra protesta que critica el modelo neoliberal imperante en Chile. Héctor Rojas cree que es una buena síntesis de las últimas demandas ciudadanas que han surgido en nuestro país.

 

Los noventa y nueve es un egreso de la Escuela de teatro La Olla. Este dato permite entender la cantidad de personajes en escena y la sincronización en los parlamentos y movimientos. Hay una necesidad de trabajar como grupo que funciona de forma eficaz, una suerte de nado sincronizado que llama la atención en primera instancia, precisamente por su sincronización en movimientos y en turnos de voz e incluso en el acompañamiento de imágenes y pequeños íconos, que ilustran la lectura que hace la compañía de teatro La Criatura de la contingencia. Afortunadamente el acto performático que permite encabalgar cada historia contada no es solo forma sino también discurso.

La propuesta teatral se presenta como un montaje híbrido en muchos sentidos. Es una obra- protesta, obra -marcha a favor de la educación y también una obra- documental. Se pasea sin resolver demasiado los tránsitos entre una exposición con la invitación a ser parte de una idea. Buena parte de la obra consiste en una especie de monólogo donde el personaje que habla se dirige al público explicando un factor más en esta lectura apocalíptica de la contingencia. La interacción entre personajes se desplaza a la ejemplificación de lo relatado, que es la manera que sostienen consecuentemente todo el montaje.

Sin embargo, es posible identificar elementos metateatrales que en otras propuestas tienen valor discursivo, pero que en este caso en particular parecen ser un exceso de honestidad  que no se justifica en escena, donde los personajes comentan qué decisiones tomaron al montar Los noventa y nueve y que le restan emoción a la atmósfera que han ido creando, una suerte de intersticios entre lo expuesto y lo compartido con el público. Ejemplos de esto son los recordatorios de que lo acontecido es teatro, que ellos son actores y actrices y que en su caso particular son estudiantes de teatro montando su examen final de egreso.

Una decisión interesante es el fondo negro tras la escena, es un cuadro neutral que sirve de derrotero de los diálogos que acontecen en escena. El fondo negro poco a poco se va convirtiendo en un caos repleto de símbolos y dibujos. Lo interesante es el paso del parlamento a la imagen gráfica. El discurso sostenido en esta propuesta teatral insistentemente va acompañado de imágenes que, sin embargo, lo que hacen es contextualizar una molestia, un disgusto o inconformidad que todos los chilenos –entendido desde la mirada de este montaje- sentimos, o al menos el 99% de nosotros, para hacerle juicio a lo presentado en la obra. Lo teatral está ahí, en el instante en que construyen un discurso donde todo calza, desde la tarjeta de crédito del presidente, las ofertas laborales deshumanizantes y el fin del mundo que se vuelven una sola cosa. Este año se acaba el mundo, es una de las primeras ideas que se instala en Los noventa y nueve, luego la aclaración de que no creen que suceda con un meteorito, pero que sin embargo en las calles es posible identificar sin buscar demasiado un clima apocalíptico del que es necesario hacerse cargo. Algo está acabando y algo podrá comenzar de nuevo. Esta posibilidad de tránsito es el espacio que instalan los personajes en escena para invitar al sumar 99% de la población que quiere que las cosas cambien. Es también una obra- reclutamiento, incluso al borde de restarle mérito a lo teatral, pero no, afortunadamente se quedan en la orilla dramática.

La propuesta es una seguidilla de pequeñas historias, un grupo de narraciones enmarcadas que en la medida en que aparecen en escena con pequeños guiños a personajes, personas o situaciones, nos pasean por hitos que dan estructura a esta visión político-ciudadana del fin del mundo. Una buena síntesis de las decisiones políticas que en consecuencia han generado la situación actual de la educación y las molestias sociales. Se trata de seis personajes en escena comentando el modelo neoliberal que provoca la desigualdad, el endeudamiento.  Una buena parte de la crítica se hace riéndose del abuso que el chileno promedio siente con este modelo socioeconómico. Hasta ahí queda la propuesta teatral que instala una pregunta que escapa a la teatralidad y que buenamente no se responde.

 

Los noventa y nueve

Compañía La Criatura
Dirección: Manuel Ortiz
Elenco: Fabián Sáez, Carol Jaque, Alexandra Parra, Natalia Lagos, Catherine Gaete, Cristopher Estay
Duración: 1 hora
Fechas y horario: sábado 19 de mayo a las 18 hrs.
Dónde: Junta de vecinos Santa Enriqueta / Radón esquina Nobelio
Aporte voluntario

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