Revista Intemperie

El demiurgo ha muerto y el reseñista también

Por: Juan Pablo Pereira
maurizio-cattelan

Juan Pablo Pereira abre la polémica sobre la cuestionada crítica literaria nacional. A partir de un caso muy concreto, denuncia el uso de argumentos panfletarios, la proyección de un lector estulto, y la filiación espuria a una tradición de prestigio.

 

En Revista de Libros de El Mercurio del día domingo 6 de mayo de este año, apareció una reseña firmada por Jessica Atal y que versa sobre el poemario Las palabras del Chamán en el fin del Mundo, de Cristián Warnken. Este texto trata sobre la reseña y no el libro, y sobre cómo aquella puede resultar un caso extremo de falta de responsabilidad en el ejercicio crítico, donde se convierte en parálisis y obstrucción a la lectura.

En dicha reseña, Atal parte afirmando que Warnken “se consolida como poeta” en este libro, lo que fundamenta al parecer en que “(e)l poeta llega aquí con la voz de un chamán, de un sabio que guarda dentro de sí el conocimiento más primitivo y, por lo mismo, más verdadero, del origen del mundo y del hombre”. La magnitud de la concatenación chamán = sabio = primitivo = verdadero = originario resulta alucinante por la absoluta desmesura, propia de un vendedor de milagros, con que Atal abre fuego, forzando desde ya a un lector a que le acompañe en un viaje mágico, misterioso y redentor, pero sin exponer las herramientas, es decir, los argumentos en virtud de los cuales debiéramos acompañarla.

Por el contrario, tal vez prefigurando un perfil tipo de lector al que imagina como destinatario -pongámosle nombre, llamémosle el Burgués Cansado-, Atal asume que ese lector necesita buenas noticias o al menos un analgésico a falta de las mismas, el que Atal proporciona a través del poemario de Warnken. Por cierto es un buen truco retórico, pero no demasiado honesto si lo que se pretende es convencer mediante argumentación. Más grave aún, es una lectura reductora al puro contenido -y no elevadora como parece creer- pues pasa por alto que si se trata de un poema éste no funcionará por la verdad que revela, si no por cómo la revela -si es que es cierto que un poema revela una verdad-; es decir, por cómo está escrito y no por lo por lo que sea que trate, por bonito que suene.

Pero Atal sólo está calentando motores. Tomando al chamán como arranque, nos hace seguirlo en su regreso del pasado, de paso apoyándose -porque tal vez se sienta renquear- en la mención de Pound y Poe como antecedentes (“profetas anteriores”), utilizando el viejo subterfugio de la invocación al prestigio de los muertos. El Burgués Cansado ubica a dichos antecesores y aceptará de buen grado la posición que les asigna Atal, pues ambos necesitan que Warnken y sus poemas tomen su puesto como un desarrollo logrado -en este tiempo y contra él, entre nosotros y quizá también en nuestra contra- desde una supuesta tradición de excelencia a la que los finados ilustres pertenecen. Todo lo anterior no es más que un contrato espúreo basado en sobreentendidos, no un ejercicio de comprensión que se condiga con ésta o cualquier otra obra poética.

Obviamente Atal no está obligada y, de hecho, se encuentra imposibilitada de profundizar demasiado en el reducido espacio con el que cuenta. Ella o cualquiera en su lugar sólo podría darse algunas directrices respecto a lo que considere como una lectura válida; quizá para ella sea la función de recomendar o no un libro. Pero el recurso de relatar las aventuras del desfasado Chamán en este mundo horrible en el que le tocó caer -pues a eso reduce este libro- significa pasar por alto el hecho de que para la inteligencia del mismo tiene la mayor importancia que el libro esté configurado como un poemario, por oposición a una novela o un diario de viaje. Ello no pasa porque el libro de Warnken esté escrito en versos o en prosa. Más bien tiene que ver con que resulta imprescindible tomar con el mayor cuidado la variación de intensidad, configuración y rendimiento que entendemos determina la condición de poema de un texto dado. De nuevo, Atal omite dedicarle la menor atención a esa circunstancia, contingente pero no accidental. Para ella es más importante esquivar semejante nimiedad entregándose al elogio del contenido.

Sigámosle el juego. Atal habla desde un esencialismo o -lo que es lo mismo- un conservadurismo catastrofista, quizá spengleriano, caracterizado por el desprecio a esta contemporaneidad anárquica, incomprensible y corrompida, a cuyo respecto es necesario oponer un desprecio altanero desde los valores del pasado o de un pasado -cualquiera, da lo mismo- como gesto refugiante que vuelva a poner en su lugar los goznes de un mundo puesto de cabeza por culpa de [llene el casillero según el Pasado Idílico de su elección].

En esa Era de lo Mágico, pre o protocultural, el Todo se caracterizaba por ser Uno. Eran bellos tiempos, sencillos y austeros, en que no nos devoraban las bestias, las chicas no eran impregnadas por la fuerza y el frío, la enfermedad, la guerra ente tribus y en general la muerte no estaban a la orden del día, como ahora. Además estaba el chamán, quien sabía más cosas que nosotros y tenía los consiguientes privilegios, a cambio de los cuales nos guiaba en la oscuridad de nuestra miserable existencia, ciega y muda. En el Paraíso este chamán era el único que la tenía clara y era el Habla plena; pero en algún momento todo salió mal, las claridades se acabaron y con ellas los señores chamanes. Esta pérdida irreparable, según Atal, al fin viene a ser reparada por Warnken mediante una espectacular operación -el Regreso del Chamán- que resurge de las cenizas para poner orden en este mundo enfermo. Y claro, ello a través de la Poesía, hija y madre de la Magia. Como todos debiéramos saber, la Poesía ha de traernos claridad y consuelo, especialmente ante las terribles realidades a las que se enfrenta el lector de Revista de Libros. Para ello Atal nos trae de regalo el libro de Warnken, como un presente tembloroso y redentor que curará todas las heridas.

El problema con Atal no es tal vez siquiera que haga una crítica fundada en el elogio de la sabiduría del libro, sino la falta de aquilatamiento de los procedimientos que construyen -o no- su poemario como eso: un libro de poemas que sólo son tales no por su sabiduría intrínseca, sino por cómo fueron escritos y la eficacia de dichos procedimientos en enunciar dicha sabiduría o apariencia de tal. En concreto, lo lamentable de la seguidilla de afirmaciones eufóricas de Atal, algunas derechamente peregrinas, es que en resumidas cuentas su texto no es siquiera una reseña mal construida por la insuficiente atención a los poemas de Warnken, sino un panfleto espiritualista sobre el dolor de estar vivo en estos tiempos de mierda, que no dice absolutamente nada sobre su objeto de lectura, en cuanto ente distinto a una mesa de cocina, un perro dálmata o una iglesia gótica.

El flaco favor que Atal le hace al libro de Warnken consiste en asegurar la atención de sus lectores ofreciendo propaganda bellamente ilustrada (“el poeta, el demiurgo ha muerto, como el héroe que ha perdido la batalla, pero, alto, debe renacer. Debe recrear el mundo desde el origen, devolverle sentido a la existencia”), con el fin de que aquellos no lean el poemario ni se detengan en su condición de tal, siendo que dicha lectura es la única a cuyo respecto el reseñista está llamado a emitir opinión.

Aun más: esta omisión es una falta de respeto, un acto de condescendencia hacia el Resucitador del Chamán y hacia el Burgués Cansado, pues al primero lo celebra por sus buenos sentimientos y al segundo lo apoltrona en la tibieza de los contenidos predigeridos. Si esto es la lamentable función de la reseña literaria, cabe preguntarse si los remedios de Atal no se subsumen precisamente en los síntomas de los que dice aborrecer, convirtiéndola en comparsa de la disolución que parece señalar mediante el adormecimiento de cualquier lectura coherente y, paradójicamente, reconstructora.

 

Foto: Untitled 2002, Maurizio Cattelan

12 Comentarios

  1. 100% de acuerdo con JP Pereira. No es primera vez que en Revista de Libros somos testigos del impúdico corneteo a seudo-autores (antes lo han hecho Vargas Saavedra y otros). Después de leer la reseña a lo de Warnken tuve que leer las instrucciones del horno microondas para des-horrorizar mis pupilas agonizantes ante la espantosa (e increíble) reseña.
    Saludos,

  2. Una pena. Warnken me merece el mayor de los respetos como divulgador de la cultura (me da lo mismo si es un mal poeta), pero acá le hicieron, en el mediano o largo plazo, un flaquísimo favor. No sé porqué Bisama -que sí era un aporte- dejó de escribir en ese suplemento vergonzante; quizá lo pautearon y se mandó a cambiar.

  3. Ariel Badilla dice:

    Consulta; El autor del post, leyó el libro de Warken? Es válido criticar una crítica literaria sin conocer el texto que la originó?

  4. Paulina Riquelme dice:

    Está bien criticar al críticao, vigilar a los vigilantes, monitorear a los que monitorean.

    Me preocupa, de todas formas, que a partir de UNA reseña, de UNA articulista, de UN medio en específico, se diga -con una liviandad sorprendente- que Juan Pablo Pereira pone en el banquillo de los acusados a “la cuestionada crítica literaria nacional”.

    Son buenos estos ejercicios de denuncia, son bienvenidos. Lo que sí es condenable son las generalizaciones.

  5. Juan Pablo Pereira dice:

    Estimado Ariel Badilla: el autor del post no ha leído el libro de Warnken. Y sí, es válido criticar una crítica literaria sin leer el libro por que es válido leer una crítica literaria sin leer el libro. La crítica no es más que una lectura de un texto, y en este caso el texto era de Atal, no de Warnken. Leer el texto original en el específico, da para otra crítica, que podrá, vgr. confirmar o descartar que los supuestos de Warnken son los mismos de Atal, ante lo cual podría afirmarse que pueden entenderse como partes articuladas de otra cosa, etc. Pero en concreto, aquí yo no me meto con Warnken, salvo alguna broma pesada.

    Estimada Paulina Riquelme, creo que tu crítica es más a Intemperie que a mí, pero supongo que reseñas como la de Atal son más o menos abundantes y en general sabemos que la crítica nacional es de continuo “cuestionada” y quizá también de suyo; y está bien que sea así. Me parece que entendemos por “cuestionada crítica nacional” una escena más bien anémica de comentarios de libros hechos por encargo, conveniencia o amistad: o más bien -dado que en virtud de la endogamia nacional lo anterior es casi inevitable- una crítica en que el encargo, la conveniencia o la amistad influyen decisivamente en la mano blanda (o dura) del reseñista. En sentido, la generalización parte de una sensación previa al artículo y que se asume compartida, no pudiendo desprenderse de forma responsable del mismo.

    Saludos y gracias por su lectura
    JPP

  6. Ariel Badilla dice:

    Juan Pablo

    Sigo con la duda; cual es el criterio para evaluar si una crítica es buena o mala?

    Según entiendo la finalidad de una crítica es comentar/recomendar una obra literaria y supongo debiera ser juzgada en ese sentido, me cuesta un poco entender entonces que se pueda juzgar una crítica sin leer el texto original.

    Ojo que en el argumento entregado :

    “Y sí, es válido criticar una crítica literaria sin leer el libro por que es válido leer una crítica literaria sin leer el libro ”

    Leer es válido en cualquier momento, yo consulto por “criticar”.

    Está la idea de entender la crítica como un texto separado de la obra. Raro.

    La crítica que si encuentro válida y me hubiera gustado leer es la falta de disclaimer, por decir lo menos, en el Mercurio al no explicitar que Warken es columnista del medio y la reseña es hecha por una editora del mismo diario. Ahí si que hay harto paño que cortar.

  7. Pablo dice:

    Cuando no se da ningún nombre, y se cuestiona, por ejemplo la “crítica literaria” o las “editoriales independientes”, etc, así en general, muchos se quejan de que se dispara al boleo, sin dar nombres. Cuando se es super específico, algunos reclaman de que no se puede generalizar a partir de un caso concreto. Yo lo que creo es que en Chile simplemente nos cuesta aceptar la crítica, y nos gusta correr “el tupido velo”

  8. Paulina Riquelme dice:

    Estimado Juan Pablo Pereira:

    Efectivamente, la crítica estaba dirigida a Intemperie, responsable del texto introductorio; ese fue el motivo de mi intervención anterior. Creo que tu disección de la reseña de Jessica Atal al libro de Cristián Warnken es realmente acuciosa, oportuna y válida.

    Eso sí, difiero en la generalización en la que ahora incurres tú, al postular que las “reseñas como la de Atal son más o menos abundantes”. Supongo y confío que podrás aportar los ejemplos, con pelos y señales como sucedió con Jessica Atal, que prueban esta aseveración, porque ya es un lugar común decir que la crítica literaria en Chile es “anémica” o “cuestionada” (vaya a saber una las razones de esto). Esto puede ser perfectamente cierto, pero no es fácil avalar estos dichos si falta el fundamento. Aportas importantes denuncias (muy bienvenidas, reitero) en tu comentario previo, por tanto sería adecuado ver las pruebas de esas denuncias. Ya que destapamos el flagelo de la crítica literaria en Chile, sigamos excavando para rastrear -con algún grado de certeza- la causa de la “anemia” e identifiquemos a “los que encargan” y a “los que reciben los encargos”, a los “convenidos” y los “amigos endogámicos”. Lo anterior, no con el ánimo de apuntar con el dedo, sino para sacar insumos en limpio para que de una buena vez la crítica literaria chilena deje atrás la “anemia” y los “cuestionamientos”.

    Saludos y gracias por el texto y tu respuesta.

  9. Juan Pablo Pereira dice:

    Estimada Paulina: cierta generalización es inevitable en un formato como éste, todavía más en su página de comentarios. Por otro lado, el propósito de un artículo como éste no puede ser el análisis exhaustivo de una zona eventualmente tan amplia como la crítica chilena. Todo ello requeriría un estudio en regla, que tal como lo planteas tiene cierto tinte policial que me incomoda. Este artículo nació de una irritación espécifica, que se relaciona con pero excede otras irritaciones anteriores, que son a las cuales me refiero con la escena más bien anémica: pienso en las reseñas que se pueden leer semanalmente en Revista de Libros, del tipo que realiza un señor tan anquilosado como Luis Vargas Saavedra, o los malhadados casos en que Marks decide reseñar poesía; muchas -uff, muchas- en letras.s5 y otras que ahora no recuerdo, lo que espero me perdones desde la suposición de que la impresión usualmente sobrevive a lo impresionante. Por supuesto, hay gente interesante en muchos lados, partiendo por la misma RdL, vgr., Bisama cuando está en vena; en páginas como La Calle Passy, Letras en Línea, Sobrelibros; en Grifo también; aun en LUN con Espinosa y Sanhueza, etc., todo lo anterior con las inevitables irregularidades. Si creo que la crítica es anémica es porque el inevitable desbalance entre las debilidades terrenales de los críticos y las exigencias de su trabajo están las más de las veces desbalanceadas en favor de las primeras. Las debilidades son las obvias: el tener que ganarse la vida con decoro o sin él, la autocensura, el amiguismo, la simple cobardía, la pereza, en fin. La observación de todo lo anterior no está en mi anaquel de evidencias, catalogadas según tamaño y peso, sino en el de recuerdos crujientes bajo el peso de kilos de papel desordenado.

    Estimado Ariel: me temo que no pude haber hecho la crítica que tú encuentras válida, sino sólo alguna de las que yo encuentro ídem. Me temo que para mí resulta obvio que todo texto es criticable, al punto que hay recopilaciones de textos críticos que son a su vez criticados, y si para ti no lo es creo que ello excede mis capacidades. Como algún tipo de evidencia te ofrezco precisamente todo este diálogo, que es crítica sobre crítica (sobre crítica), y así podríamos seguir. Todo texto se relaciona con otros textos -incluyendo el “original”, concepto totalmente discutible si no derechamente desacreditado- y a su vez todo texto puede entenderse en sí mismo. Quizá sea más parecido a una profesión de fe que a una explicación valedera, pero si Atal cree en el Chamán yo puedo tener mi propia parcela de tonteras sin fundamentar.

    Saludos.

  10. Paulina Riquelme dice:

    Estimado Juan Pablo:

    Concuerdo con lo que mencionas del formato, tal vez no es el más adecuado para encarar este tema como se debe, es decir, no solamente estableciendo culpables, sino (y es lo que más falta) discusión amplia y propuestas claras que permitan mejorar el panorama actual de la crítica literaria chilena, usualmente bajo sospecha. Estoy de acuerdo con que sería un estudio una instancia más adecuada para combatir la “anemia” y acallar los “cuestionamientos”. Entiendo que el tinte policial es incómodo, pero no es menos incómodo el disparar a la bandada. Incomodidad que no le mueve un pelo al que aprieta el gatillo, claro está.
    Valoro, de todas formas, los ejemplos que incluyes en esta nueva respuesta, junto con un destaque positivo de críticos locales. Da gusto ver un cariz positivo en un ámbito en el que el panorama suele difuminarse bajo un manto de sospechas y prejuicios. Y quizás repetir estos análisis a futuro con nuevos casos sería constructivo para generar debate, tal como ha sucedido en esta ocasión.
    Finalmente, repito y recalco que este artículo me parece del todo oportuno y suscribo casi todos sus postulados, y vuelvo a plantear mi desacuerdo con la plana editorial del sitio de Intemperie que generalizó a partir de un caso particular.

    Saludos y gracias.

  11. AUTOBOMBO HERNANDEZ MONTECINOS dice:

    El señor Pereira ojala quiera Dios
    no se convierta
    en lo que tanto critica.
    Es decir, en la “critica literaria chilena” que es “AParataje de poder”,
    endogámica, de amiguismos, Dictatorial en definir qué es poesía viva actual y qué no es poesía actual viva, es decir, “critica literaria nacional Tendenciosa llena de amigos”.
    Sin animo de ofender, sr Pereira, sólo veo que las cosas se repiten ciclicamente,
    a través de los siglos. Y espero, sinceramente,usted señor Pereira, se escape a ese vórtice de la “critica literaria chilena”..

    y me acorde de Eliot: “Y que habrá sido de Pereira”.

  12. Juan Pablo Pereira dice:

    Estimadx Autobombo: nice choice of names. Vaya a saber uno en qué se va a convertir, ¿no? Por ahora sólo trato de no ser un monstruo -con lo que implico obviamente que he visto a muchos de mis pares convertirse en tal-, a lo que ayuda mi dedicación a estos temas sólo a tiempo parcial (porque trabajo en otra cosa). Salvo algo alguna estupidez juvenil -y afortunadamente ya no soy joven- creo que no he defendido nada por el solo hecho de la amistad. Puede ser que ya no tenga tantos amigos, en todo caso, lo que hace más fácil la cosa. Y si todo se repite cíclicamente, bueno, pues no hay mucho que hacer, ¿no? Mejor quedémonos en la casa. En todo caso, mi relevancia es marginal y, para entrar al vórtice, me temo, carezco de algunas de las certificaciones necesarias, así que despreocúpate. Aunque como dice Eliot: you can’t trust me.

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