Revista Intemperie

Premios literarios españoles y colonialismo cultural

Por: Pablo Torche
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Pablo Torche dispara contra el colonialismo cultural latinoamericano, pone en cuestión la recepción crítica de la poesía de Parra en Chile y acusa los rasgos de una “mente” colonial en nuestro país.

 

La semana pasada el gran poeta, teólogo y místico nicaragüense Ernesto Cardenal obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Reina Sofía, a la edad de 86 años, y el tema fue noticia obligada en toda Latinoamérica. Sólo en Chile lo cubrieron todos los medios de prensa a página completa, y también varias radios.

El Premio Reina Sofía fue creado en 1992 por la prestigiosa Universidad de Salamanca y el Consejo de Patrimonio Nacional, una institución española vinculada al legado de la monarquía. Desde entonces se ha otorgado en 21 ocasiones, 10 de las cuales ha recaído en un poeta español, y sólo 11 en poetas de todo el resto de Latinoamérica. Esto es escandaloso y verdaderamente inaceptable, y no obstante no se ha escuchado prácticamente ninguna voz de crítica o reclamo al respecto.

Los 400 millones de habitantes de Latinoamérica, continente que combina al menos 4 ó 5 tradiciones literarias completamente autónomas (México, Centroamérica, el Caribe, los países andinos y el Cono sur, por mencionar sólo algunas), han producido, según este grotesco premio, la misma cantidad de obras poéticas de envergadura que la península ibérica por sí sola. Mientras lo han ganado 10 poetas españoles, en toda la historia lo ha obtenido sólo un poeta mexicano, uno caribeño y uno peruano, por citar algunos ejemplos. Chile que, sin falsa modestia, es una potencia poética de la región, lleva la delantera con 2 premiados, ¡un quinto de los ganadores de España!

De manera muy similar, el Premio Miguel de Cervantes, concedido por el Ministerio de Cultura de España, con participación de las Academias de la Lengua de distintos países latinoamericanos, ha sido otorgado más de la mitad de las veces (19) a escritores españoles, y sólo en 18 oportunidades ha recaído en alguno de los más de 30 países latinoamericanos. El último de ellos fue Nicanor Parra, y obviamente la noticia fue cubierta por todos los noticiarios de televisión chilena y probablemente de varios otros países de la región, una de las pocas ocasiones del año (por no decir de la década), que la poesía hace su ingreso en este medio masivo.

Nadie, ni por asomo, se le ocurrió cuestionar un premio vergonzosamente desbalanceado y discriminador de la poesía latinoamericana, en obvio privilegio de la tradición poética española la cual, dicho sea de paso, nunca ha rimado bien con las letras de nuestro continente. Todos estaban más preocupados de si el rey asistiría a la ceremonia (¡el rey!), del boato de la premiación en Madrid, y de lo que diría el príncipe de Asturias al respecto (dijo que Parra era un poeta esencial).

No vamos a decir que Nicanor Parra había sido desconsiderado en Chile antes del reconocimiento del Cervantes, porque la situación es más bien la contraria, ha sido verdaderamente canonizado por un sector del mundo académico y periodístico, con una mezcla de admiración y otra de franco oportunismo mercantil. En realidad, da un poco de vergüenza ver a tanto académico de la UDP (lo siento por esta singularización, pero realmente no vi a ninguna persona de otra de las 10 ó 20 universidades del país siendo consultada o emitiendo su opinión sobre el tema), haciendo abluciones por la poesía de Parra y tratando de explicar su aporte poético en una jerga llena de arcaísmos y siutiquerías literarias completamente contrarias, además, al lenguaje del anti-poeta.

Parra publicó en las décadas del cincuenta y sesenta dos, o quizás tres libros capitales para la poesía chilena, en los que realmente inauguró un nuevo lenguaje literario, mucho más distendido, irónico y desconfiado de la grandilocuencia, con el cual creó también una nueva sensibilidad sobre tópicos poéticos esenciales, como la sensualidad, el amor, y las relaciones humanas, una sensibilidad escéptica y desencantada, que sin duda ha ejercido gran influencia en la tradición literaria posterior del país. El logro (por no decir la “escurrida”, que parece un término más apropiado), fue sin duda mayor, en un entorno todavía dominado por la poesía romántica y mesiánica de Neruda.

A partir de entonces, y con mucha más claridad a partir de la década de los ’80, la poesía de Parra se fue transformado cada vez en un conjunto de chistes o viñetas cómicas, ciertamente de gran ingenio y lucidez, pero de escaso (por no decir nulo) valor poético. Esta declinante evolución hacia lo superficial –respecto de la cual se han emitido muy pocos comentarios, excepto algunos publicados aquí mismo–, debería llevar, a mi juicio, a una reflexión sobre el real valor de la propuesta original -los primeros libros–, y su verdadera profundidad y proyecciones.

Esto, desde luego, no se ha hecho, no hay espacio para ello. En vez, la recepción crítica y mediática ha preferido seguir el camino de la obsecuencia o la adulación (muy típico de Chile con sus vacas sagradas), y canonizar una “poesía” chistosa y original que ciertamente será del gusto del gran público. Ahora, con este tardío reconocimiento peninsular, que claramente no valoró la obra de Parra cuando había que hacerlo, y luego ha parecido esperar hasta que la longevidad no le dejaba más alternativa, la reacción nacional no ha hecho más que profundizar esta actitud subordinada, uniéndose rápidamente al coro de celebraciones, deseosa, sin duda, de obtener los últimos réditos que pueda prodigar el anti-poeta.

No pretendo con estos planteamientos pecar de resentimiento ni menos arrancarle los laureles al césar. Pero me parece importante abrir la discusión y revisar las lecturas y juicios predominantes, antes que seguir repitiéndolos como loro, y esto no se puede hacer en abstracto, como si fuera un reflexión a-histórica o desligada de la realidad, sino cuando los eventos ponen el tema de discusión en la palestra. Creo de esta forma que, en vez de ponerse a aplaudir desaforadamente esta premiación tardía, quizás incluso ya inapropiada, y tratar de obtener mezquinos réditos de marketing y reclutamiento de alumnos en el competitivo mercado universitario chileno, sería mejor aprovechar la ocasión para repensar el desarrollo cultural de Latinoamérica y la evidente relación de colonialismo cultural que todavía mantenemos con España.

En este contexto parece verdaderamente absurdo, por no decir rayano en el retraso mental, ponerse a hacer poco menos que una fiesta nacional para celebrar la entrega de premios que evidentemente discriminan y minimizan la tradición literaria del continente, en pro de la española, con la cual los propios países latinoamericanos perpetuamos una posición de colonia, ya no en el ámbito político sino cultural.

No hay aquí espacio para reseñar la relación entre estas dos tradiciones, que han circulado, muy legítimamente, por cauces paralelos, a veces derechamente opuestos, pero es evidente que Latinoamérica ha desarrollado un lenguaje poético propio, mucho más rico, variado y, diría incluso “moderno” que el español. No se trata de establecer una competencia, sino simplemente de comparar de manera racional la poesía de todo un continente enorme, con decenas de naciones, léxicos e imaginarios, con las de un solo país. (Han pasado 5 siglos, ya no somos una colonia, para los que no se han dado cuenta).

Para empezar a equiparar esta situación será necesario en algún momento la renovación de las instituciones, la industria editorial y los premios, pero requiere en primer lugar y de modo fundamental, un cambio de mentalidad. Es la “mente” latinoamericana (o al menos chilena), la que parece todavía “colonizada”, cuando uno observa este tipo de reacciones, siempre pronta a recibir y valorar acríticamente los juicios provenientes del primer mundo, pero incapaz de formar un juicio crítico autónomo, o de abrir una discusión propia que permita lograrlo.

Es precisamente esta mentalidad todavía colonial, que sólo se valida a partir de la aprobación externa, la misma que dificulta la apertura de un espacio amplio y crítico para la discusión literaria y cultural. Las dos cosas van unidas, son de hecho anverso y reverso de la misma moneda. Sin espacio para la crítica y el disenso, con una tendencia increíble a hegemonizar las opiniones y acallar las diferencias, las cuales se consideran enseguida un insulto o una descalificación, es obviamente imposible construir un ámbito crítico propio, que sea capaz de valorar y situar la importancia de nuestra poesía de manera autónoma e independiente.

Solo si se logra construir una discusión de este tipo, abierta y en relación con el mundo, pero no subordinada a él, será posible lograr una apreciación real de nuestra poesía, tanto en los países latinoamericanos como en le mundo, antes que seguir esperando patéticamente como un perro golpeado, que el amo vuelva otra vez y nos regale una galleta, una vez cada 10 años.

 

Foto: Revista Ñ

5 Comentarios

  1. gonzalo dice:

    españoles
    hay amigos y enemigos
    lo peor de todo
    es creer en su capacidad de legitimarnos

    eso es realmente idiota

    sabemos que son limitados
    y poco talentosos

    pero no compararnos

    encau(z)a tus deseos de otra forma

  2. Felipe dice:

    y sobre todo qué hacen
    el rey el príncipe y la reina
    metidos en todo esto

    parecemos idiotas como Alberti
    yendo a besar sus manos

    hay que decir a todo esto
    que también el premio Nobel
    es monárquico y eurocentrista
    españa cuenta 5 galardones
    latinoamérica sólo uno más

    así que no miren tanto los premios
    y miremos al gran Memet
    él sí sabe lo que se hace
    no le gustan nada los premios
    y es por eso que los desdeña

  3. Marina Catrileo dice:

    Bueno y claro, Pablo
    Aunque ya alguien lo habia dicho también, para ser justos:
    “Por esas razones muy estratégicas, el Premio Cervantes del Ministerio de Cultura de España, se le otorga un año a un español y un año a un latinoamericano. De ese modo, desde que fue creado en 1976, se ha premiado a 19 escritores españoles.
    No son huevones, los españoles.
    Primero, ellos.”

    http://letras.s5.com/ops051211.html

    saludos

  4. mar lira sol dice:

    No se trata de arrancarles los laures al cesar…pero Parra es Parra de Chilemás aun no asistió a besarle las manos a los reyes, su poesía, perdón anti o después poesía, no la escribe aun, los objetos o imágenes son un juego poético y transitorio que permite al poeta o escritor avanzar libremente en letras mas profundas que necesitan tiempo, deja establecido enpedir un año para entregar su discurso, eso es valorar el tiempo…. y regalar su maquina de escribir, más bien la maquina del tiempo.

  5. Rossana dice:

    En lo personal, lo que me choca, es la poca luz, en carencia de espesura…

    Parra, hasta el último día, estará sonriendo con una sonrisa chueca y aquel gesto de ironía, que le sembró, quizás el entorno de sus primeros tiempos en tierra Chillaneja, cuando la pobreza no era sombra y el hambre me medía en dolor de tripas.
    En fin, que mas me ha gustado la Violeta, a pesar y con su voz y todo.Lástima grande que la tierra ya no de ese tipo de FRUTO.
    VIVA LA POESÍA!!

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