Revista Intemperie

De Budas y transparencias

Por: Fernando Ortega

Fernando Ortega valora la poesía transparente, que considera cercana a la inmediatez del budismo, en el último libro de Andrés Florit.

 

Después de leer Materias de libre competencia y regulación me obligué a llevar una libreta en el bolsillo o la mochila, la libreta de la que nace ese “poema polaroid” que se escribe/imprime al instante (antes lo había intentado infructuosamente). Tras una primera lecturapude reencontrarme con esas experiencias y verlas desde otra arista, descubrir su belleza en su, por así decirlo, especificidad y exactitud. Cliché, de acuerdo, pero eso pasa con pocos libros, los lees y se te ‘pega el estilo’, sobre todo si coincide ese conocimiento en cuanto experiencia. Valoré esa influencia y me motivé a compartir mi propia lectura, una de muchas posibles. Cito una de estas experiencias comunes:

Lucecitas rojas intermitentes.
Lo invisible me habla en clave.
(es cosa de asomarse a la azotea de un edificio en la noche)

Estos poemas -experiencias colectivas subjetivadas-, a diferencia de los demás (a excepción de las citas), no son interpretaciones. Son la constatación del hecho abstraído y aprehendido. Al percibir esos hechos “tal como son”, Florit se vuelve un poco budista (probablemente sin el menor interés en serlo), ya que los asimila en un estado de conexión profunda con “lo otro”. Esta suspensión de juicio sobre la Realidad para verla sin velos implica potenciar otro dentro de los muchos que componen nuestra personalidad. Así, Florit elije un ropaje (el que usa más seguido, pero ropaje al fin), se convierte en un camaleón que, además, puede volverse transparente.

Las primeras señas aparecen temprano en el libro, donde versiona/traduce a otro autor (Gastón Carrasco profundiza muy bien en esto) y se refuerzan con la mención del “Cover”. Me atrevo a mencionar que el mismo Florit es el cover que cita en el poema El buen cover hace olvidar la original (¿el original de uno mismo hace unos meses?). No se trata sólo del poema cover (la traducción, la versión, el remake). Se trata sobretodo de la “persona cover”. Florit lo explicita en el anhelo o percatación de que se es otro:

(…) el olor de la pieza de todos los días, que de pronto es el olor de otro etcétera.

Y en ese pinponeo de Ego y No Ego al que se somete, aparece un tercero en muchos poemas. Ejemplo, la figura del voyeur:

Miro a una rubia que no me mira.
Está leyendo y yo la leo
como una revista couché en la sala de espera.

Florit es un voyerista que indica: Lo sexual es la mera resta de dos fuerzas. El voyeur suma tres. Y pone la cita de Karl Kraus a capella, porque el tercero es él mismo. De hecho se confiesa: Yo no tengo una personalidad; yo soy un coktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades. Y esta vez cita a Oliverio Girondo, porque el tercero es él mismo. El tercero eres tú mismo. Intuir esto es profundamente oriental. Y luego pasa a delinear ese dejo de vivir “lo otro” hacia un plano más general:

La cortina del vecino, como un gran pañuelo
se despide de la tarde.
El viento que siento también está con él.

Este último verso se corresponde con quien considera natural ese desdoblamiento. En estos poemas el remate define el poema y a la vez lo distingue de sus pares más occidentales (que privilegian un yo a costa de sí mismos) y lo hace otra cosa, ya que tampoco es oriental:

(…) Y no sé por qué escribo en verso
si no estoy escribiendo poesía.
Ya no sé qué es que.

y refuerza la idea, incluyendo reflexiones y anécdotas, como queriendo, a través de una tomadura de pelo, abrirnos los ojos, dejando incluso que otra persona lo haga:

Mi sobrina viendo a alguien vestido de huaso:
‘mira, va vestido de cueca’.

Este ejercicio de llevar a cierto límite al lector (¿esto se pone en un libro de poesía?) se emparenta con el método que tienen los maestros de budismo zen para presionar a sus discípulos: por medio de preguntas sin respuesta aparente (Koans), incitan a abandonar el pensamiento lógico y abrir el inconsciente para lograr estados de lucidez. Leer poesía tiene algo de eso.

En este poema Florit explicita parte de su poética:

Esta tarde parece una hoja por llenar
y es tan perfecta así
sin significar nada
las pequeñas y grandes ramas que el viento
hace sonar sin intención alguna,
los colores, el aire límpido
la persiana abierta hacia el patio de baldosas,
el mantel, los tejados, la cordillera
todo es perfectamente innecesario
una voluminosa hoja en blanco
sin significaciones
sin engaños.

El momento es perfecto en sí, sin significar nada. Todo sucede sin engaños (sin ilusión, sin Māyā). Lo certero de este poema es ofrecer ‘una bajada’ en los versos intermedios. Mencionar “las pequeñas y grandes ramas” no es ripio porque enriquece la intención. Luego de esos versos -enumeración- se presenta la idea clave: “todo es perfectamente innecesario”. Sin duda una afirmación de mayor aporte que su “Poco me Importa” (libro anterior). Y probablemente sin que el autor haya leído una línea del Canon Pali u otras corrientes orientales, sino a punta de vivencias, oficio y lecturas anglo.

La transparencia en la escritura de Florit se distingue en dos frentes: lo coloquial (lo común y vulgar, la posibilidad de embellecerlo y renunciar a ella) y la documentación abierta del proceso de obra.

Florit apunta al lenguaje con que se arman las primeras impresiones, aparentemente sin un refinamiento posterior; incluso los poemas explícitos de las páginas 22, 46, 48 llegan a parecer fáciles, aquellos que no mencionaría en el almuerzo familiar del domingo, y si ese fuera el caso, cualquier vulgaridad suena rotunda y espléndida, acertada, cuando toda la lengua da en el blanco, al decir de Millán (página 58).

En cuanto al proceso de obra, el autor pone en evidencia las decisiones que fueron tomadas en el camino y no duda en develar el diálogo con los amigos. Bajo esa lógica, Florit insiste en la inclusión de citas como si fuesen otro poema más, eligiéndoles posiciones dentro del conjunto y logrando una continuidad a pesar del carácter fragmentario. Las citas son un punto importante, ya que en la decisión de incluirlas convergen dos bases argumentales del libro:

En primer lugar, la apuesta del autor por una anulación del prejuicio, basada en la convicción de que sí es posible situarse en el mundo desde la perspectiva del otro. En segundo lugar, una especie de intento del autor por mostrarse lo más nítidamente posible -a sí mismo- dentro del contexto libro, en un esfuerzo por universalizar su experiencia transfigurada en conocimiento, vía lenguaje. En lugar de hacer un elogio de la artesanía, opta por develar la exactitud de las cosas tal cual son, y en ese intento devela una verdad que se sostiene con ayuda de un conjunto de recursos validados por esa transparencia.

 

Materias de libre competencia y regulación
Andrés Florit
Santiago, Das Kapital Ediciones, 2012

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