Revista Intemperie

Reedición de Miltín 1934, la escritura imposible de Juan Emar

Por: Francisco Ovando Silva
miltin

Francisco Ovando Silva celebra la reedición de un clásico relegado de la literatura nacional, con una obra sobre el fracaso y la borrachera de la escritura a medianoche

 

En el “Panorama Literario de Chile” de Raúl Silva Castro Emar está fuera. No por falta de méritos, sino por el aire de cuidado con que la crítica miraba a un autor que no podían encasillar. El exilio se había fundado años atrás, con la crudeza con la que el mismo Emar interpeló a Alone en Miltin 1934; en su momento esta obra sólo fue revisada en una columna que no dudó en calificarlo de antinovela. Desde entonces el desconocimiento y un deuda editorial que sólo creció con los años. Sólo basta pensar que Umbral fue publicado en el ’77 en Argentina, bajo dictadura y recién veintidós años después en Chile.

Encarando la deuda con Emar el año pasado la editorial Mago volvió a Miltín 1934, publicando el texto con las ilustraciones originales.

Miltín, sin duda, se resiste a las etiquetas. Los devaneos del texto inquietan y obligan al lector a plantearse constantemente la duda sobre el lugar desde donde lee. No hay una trama central ni son claros los nudos narrativos. La lectura se va quebrando a medida que se avanza, lo mismo que la escritura y es precisamente en este punto donde yace la riqueza de Miltín.

El texto funciona haciendo tangible el acto de escritura. Si se intenta responder la fastidiosa pregunta sobre “de qué trata” habría que limitarse a decir que Miltín 1934 es, en realidad, el fracaso del autor de asir al protagonista y la imposibilidad asfixiante de escribir El cuento de medianoche, que se trata “cada noche, ebrio o no, de escribir algo, cualquier cosa, lo que caiga a la punta del lápiz”.

A esos tres nortes (y perdiéndose tanto como quien intenta navegar con una brújula de tres nortes) Miltín se despliega. Es la persecución frustrada del hombre Martín Quilpué, el estreñimiento literario que ataca al Cuento de medianoche, y además todo lo que caiga a la punta del lápiz. De ahí que el viaje del narrador nos lleve a cualquiera y a todas las partes. Las más descaradas burlas al ambiente literario de mediados del ’30 se mezclan con los parajes más surrealistas y las investigaciones más personales del autor – que lo ligan a las zonas grises del ocultismo y la numerología.

Y sobre esa materia Juan Emar trabaja los engranajes de la experimentación. El texto está contaminado por fotografías de pinturas, dibujos y bosquejos trazados por Gabriela Emar –su segunda esposa- y otros ilustradores. Invitaciones al lector, poemas, bitácoras, tablas matemáticas y la conciencia constante de que se está escribiendo Miltín 1934 terminan por sazonar un recaudo de situaciones, seres y personajes que parecen nunca venir a cuento y al mismo tiempo tener que ver con todo lo que se nos relata.

En Miltín está la posibilidad del encuentro de ideas revolucionarias, que siempre bordean el caos. A ese caos fecundo hay que volver, a la búsqueda de las piedras fundacionales de la experimentación y del agotamiento de la escritura. Los juegos que se ofrecen aquí no nacen de una necesidad rabiosa de diferenciarse ni de la pretensión literaria, sino de la honestidad de la búsqueda de Emar (la búsqueda inacabable que encarna el protagonista Martín Quilpué) que termina por cansar su escritura, fracturándola.

El regreso de Miltín a las estanterías nacionales ofrece la oportunidad de rescatar la materialidad sobre la cual esta obra está tan consciente. Así nos invita a reflexionar no sólo sobre la imposibilidad de la escritura, sino también sobre su soporte, en un momento en que el formato digital se hace popular. La fractura del trazo de Emar está pensada para las hojas y la tinta, precisamente por la experiencia de lectura lograda en el momento en que el libro alcanza la propiocepción textual.

De todos modos, si le quieren echar un ojo, aquí les dejo un enlace a la pagina de Memoria Chilena, donde pueden descargar el texto completo y gratis. Sin embargo es totalmente aconsejable echar mano a un ejemplar de la reedición lograda por Mago, antes de que vuelvan a pasar los años y nos volvamos a olvidar de Emar.

 

Miltín 1934

Juan Emar
Santiago, Mago Editores, 2011.

Un comentario

  1. Victoria dice:

    No creo que nos vayamos a olvidar. Bueno, y si eso sucede es porque no lo entendieron, como antaño.

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