Revista Intemperie

Los enamoramientos de Javier Marías

Por: Nicolás Poblete

 

En su última novela –elegida libro del año en España–, Javier Marías ofrece un suspenso magistral, precisamente sobre la base de lo que una novela detectivesca deja fuera, opina Nicolás Poblete.

 

Después del monumental proyecto Tu rostro mañana (cuya compilación en tres tomos se editó el 2009), Javier Marías confesó en una entrevista que había pensado no escribir más, o, por lo menos, durante algún tiempo. ¿El resultado?: Los enamoramientos, publicada el 2011 por Alfaguara España, y considerada como la mejor novela el año pasado en ese país.

María Dolz es la protagonista y la que se apodera de la voz narrativa. Se trata de una suerte de voyeur que se encandila con “la pareja perfecta”, como llama a la pareja que ve cada mañana tomando desayuno en un café. Por su parte, ellos también tienen un apodo para María: “La Joven prudente”. Prontamente nos enteramos de que el hombre ha sido asesinado en la calle; días después María se acerca a darle el pésame a la mujer… y ahí comienza todo.

Aunque la trama se podría resumir en muy pocas palabras (en las que habría que referirse a los géneros del suspense y el thriller), el verdadero enigma se halla en el despliegue narrativo ya característico en Marías, donde los episodios, los hechos concretos, los marcadores que nos guían en una lectura convencional, se suspenden, se congelan y se retoman cuando ya casi hemos perdido su procedencia.

La lectura de Los enamoramientos resulta así en un fascinante e insólito viaje, aunque, hay que decirlo, no es una lectura para todos. Ya se ha hablado del “estilo” de Marías, que causa ansiedad e impaciencia en algunos lectores. Quizá esto se debe a que el autor utiliza demasiados intertextos en sus obras. En el caso de ésta nos pasea por Balzac, Shakespeare (Macbeth) y otros. “El Coronel Chabert”, de Balzac, es acá de vital importancia, con su reiterado enigma: “¿Los muertos hacen mal en volver?”.

Marías no es un escritor en el campo de batalla y tampoco ostenta la experiencia ruda de quienes se han labrado en la calle, sino que es miembro de la Real Academia Española y ex profesor de literatura en Oxford. Su prosa está plagada de referencias culturales, guiños a otros autores y consideraciones respecto a la dificultad de la traducción. En varias partes se detiene para ver el sentido de una traducción aproximada, o de cómo sería aquélla la más adecuada según el contexto. Sus personajes están de uno u otro modo ligados al mundo editorial o intelectual (María Dolz es editora, por ejemplo); en su novela Corazón tan blanco (que, como Los años, de Virginia Woolf, se erige como una novela-ensayo)  también hay una pareja de traductores. Tanto Corazón tan blanco como Mañana en la batalla piensa en mí, son títulos sacados de versos de Shakespeare. Marías hace gala de su bagaje literario y homenajea una y otra vez a los autores que lo acompañan en su ejercicio narrativo.

De este modo, podría decirse que el armazón “detectivesco” de la novela es una disponibilidad arquitectónica que el autor dispuso para su obsesión hiperliteraria. Las preocupaciones que acá se analizan pasan a primer plano: La muerte, el duelo, la viudez, el egoísmo, la solidaridad, el oportunismo, la venganza, la mediocridad, ésos son los temas de esta novela. A continuación, algunas citas de Los enamoramientos:

“Sé que no me ofendería ser un sustitutivo, porque en realidad lo es todo el mundo siempre… Sí, todos somos remedos de gente que casi nunca hemos conocido, gente que no se acercó o pasó de largo en la vida de quienes ahora queremos, o que sí se detuvo pero se cansó al cabo del tiempo y desapareció sin dejar rastro o sólo la polvareda de los pies que van huyendo… No podemos pretender ser los primeros, o los preferidos, sólo somos lo que está disponible, los restos, las sobras, los supervivientes, los que van quedando, los saldos, y es con eso poco noble con lo que se erigen los más grandes amores y se fundan las mejores familias…”.

“… inverosímilmente logramos convencernos de nuestros azarosos enamoramientos, y son muchos los que creen ver la mano del destino en lo que no es más que una rifa de pueblo cuando ya agoniza el verano…”.

“Se aceptan los excesos de los enamorados… basta con decir que alguien lo está mucho o lo estuvo para ahorrarse otras razones”.

“Es otro de los inconvenientes de padecer una desgracia: al que la sufre los efectos le duran mucho más de lo que dura la paciencia de quienes se muestran dispuestos a escucharlo y acompañarlo, la incondicionalidad nunca es muy larga si se tiñe de monotonía”.

Los enamoramientos juega con vuelcos enrevesados que sorprenden, a la vez que convencen, y nos mantienen en ascuas hasta las últimas páginas de la novela. Aquí Marías se propuso desarrollar un misterio aparentemente clásico, pero la narración nos llena precisamente de lo que se excluye en una novela detectivesca; el estilo especulativo de Marías funciona como una tentación cuasi cruel que se acerca, se aleja; que posterga, procrastina la resolución, a la vez que nos ofrece una multiplicidad de interpretaciones para un hecho; cientos de reflexiones, percepciones, conflictos, sugerencias (que recuerdan esa corriente de conciencia woolfiana), para luego demostrarnos que sí, la respuesta al misterio sí está allí, viene a continuación. La resolución (que no es del caso dejar ver), acompañada de un despliegue lingüístico riquísimo, florido y sensual, es absoluta convicción y credibilidad. No hay trampa alguna acá, sino pura maestría narrativa de un autor que es un lujo leer.

 

Los enamoramientos

Javier Marías
Alfaguara. Madrid, 2011.


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