Revista Intemperie

Suspense en Inglaterra

Por: Nicolás Poblete
hermana

 

Hermana es la primera novela de la inglesa Rosamund Lupton, un fenómeno best seller en su país, y ya traducida al español por editorial Principal de los libros. Esta novela es una lectura satisfactoria en muchos sentidos, pues consigue posicionarse como lo que se ha denominado un “thriller literario”, es decir, algo más que la típica novela detectivesca formateada. La lectura es rápida y vertiginosa, aunque no por eso poco incisiva en sus denuncias y en la reivindicación de los lazos afectivos que nos conectan con los otros, especialmente con nuestros parientes.

La trama viene así: En Nueva York Beatriz recibe una llamada desde Londres y nos enteramos de la muerte trágica de la hermana Tess, quien es encontrada en el baño abandonado de un parque con sendos cortes en sus muñecas. Lo siniestro es que Tess ha dado a luz a un niño días antes quien, según se dice, estaba enfermo de fibrosis quística. La versión que se le da a Beatriz, la narradora (precavida y práctica en su vida neoyorquina, con su novio desabrido y acomodado),  es que su hermana sufrió una depresión post parto, exacerbada por la enfermedad que portaba el niño, también muerto, y debido a eso, se suicidó.

La técnica de la novela es astuta: Beatriz no se conforma con esa versión, toma un avión a Londres y se transforma en la detective del misterio que, mezclando ternura y asombro, dirige la novela como una larga carta, en primera persona y dedicada a su hermana. “Hablamos de ti… tú estarías riendo en este momento… sé lo que me dirías…”, etc, son algunas de las formas en las que la voz narrativa hila sus párrafos. Como es lógico, su investigación no es nada de fácil, pues todos le piden que acepte la versión oficial, a la vez que ella misma duda de su propia sanidad y de cuán bien conocía a su hermana.

Tess, de 21 años, estudiante de arte que se dedica la pintura abstracta, ostenta una multitud de amigos, es sociable con su arrendador, manifiesta una solidaridad excepcional con inmigrantes y animales abandonados, en fin… Su candidez la lleva a involucrarse en un affaire con su profesor de pintura, del cual queda embarazada. La idealización del personaje es, como se ve, absoluta: Tess debe ser una mujer ejemplar para que el contraste con su trágico final resalte y para que la pesquisa de su asesino tenga sentido para Beatriz, y para el lector. ¿Cómo es posible que su hermana, hermosa, cariñosa, prácticamente perfecta, con sus cuadros que son explosiones de colores, luz y belleza, se haya quitado la vida?

El contraste también resulta evidente entre las hermanas y, a medida que la novela avanza, vemos a Beatriz sufrir una metamorfosis en la que termina siguiendo los pasos de su hermana menor. Lo que Beatriz deja en Nueva York es una vida segura pero aburrida, y lo que consigue en Londres es una autenticidad donde hasta sus ropas americanas resultan absurdas. La sutil crítica póstuma de Tess hacia su hermana es: “Tú prefieres la seguridad a la felicidad… le tienes miedo a la vida”. Y la perseverancia de Beatriz encuentra un sentido genético: “Eres mi hermana en cada fibra de mi ser. Es una fibra visible; dos hebras de ADN enrolladas en una doble hélice en cada célula de mi cuerpo que demuestran, visiblemente, que somos hermanas”.

Hay sentimientos de culpa, remordimientos, evocaciones idealizadas del pasado, recriminaciones al padre ausente y compasión por la madre que ha perdido dos hijos… (Tess y Beatriz habían perdido un hermano de niñas, también de fibrosis quística).  A medida que Lupton saca a flote los personajes de los cuales el lector sospecha (el profesor de arte, casado y atemorizado por haberse involucrado con una alumna; un estudiante de arte obsesionado con Tess, a la cual sigue con su cámara tomando fotos en todo momento, el psiquiatra de Tess, que ha diagnosticado la depresión; las enfermeras de la clínica; el descubrimiento de que Tess participó en un juicio donde se hablaba de posibles experimentos in utero  para curar la fibrosis quística,etc), también tenemos la sensación de que Beatriz puede estar volviéndose loca y danto palos de ciego; paralelamente, el misterio de “¿quién fue?” se acompaña del misterio de la personalidad de su hermana y de cómo va a decantar la vida de Beatriz.

Hay muchos guiños literarios en este thriller, pues Lupton está consciente de la herencia que la acompaña: desde Agatha Christie hasta Ruth Rendell, pasando por Kate Atkinson y Patricia Highsmith. La gracia de esta novela es que, a pesar de estar anclada en el formato del suspense, Lupton consigue darle una vuelta más interesante y sin trucos de último minuto.

Lupton estudió literatura en Cambridge y el texto comienza con citas de Jane Austen y William Shakespeare.  Asimismo, la lectura nos revela interesantes datos sobre la enfermedad que mató al hermano, y profundiza de modo riguroso en su exploración, sin excederse, para poner en el tapete preguntas sobre el debate científico, los dilemas éticos que rondan los experimentos genéticos, la polémica sobre la experimentación en órganos, y la manera en que tropieza la investigación científica frente a la resistencia moral y religiosa.

 

Hermana

Rosamund Lupton
Barcelona, Principal de los libros, 2011.

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