Revista Intemperie

Entrevista con Camilo Brodsky

Por: Josefina Cabezón
camilo

El editor de Das Kapital se refiere al panorama literario actual –en narrativa y poesía–, y dispara contra las políticas culturales del “modelo” chileno

 

¿Cuáles son, a tu juicio las temáticas que orientan la generación de escritores de la última década? 

Eso de las generaciones, en términos literarios, no me convence, no lo compro mucho; los esfuerzos taxonómicos por clasificar y meter en paquetitos cómodos y manipulables la literatura no son parte de mi horizonte de lectura, no me interesa esa mirada neurótica del asunto. A los textos prefiero aproximarme por lo que son en cuanto tales, situándolos, claro, pero más en relación con su contexto social, cultural, político, que en función de manadas o tropas de coetáneos.

Eso me permite, como editor, poner en línea a autores como Daniel Hidalgo, Juan Colil y Alejo Cabrera en narrativa, por ejemplo, que de otra manera correrían el riesgo de quedar aislados en el archipiélago de las generaciones.

¿Y más allá de las generaciones entonces, cómo ves las temáticas que se abordan?

Me parece que lo más interesante, y siempre hablando en el ámbito de la narrativa, pasa por los ejes del silencio, la memoria ―o su contracara, el olvido― y la violencia. Eso tú lo ves en textos que se mueven en zonas que en ocasiones ni siquiera se rozan, como podrían ser las escrituras de Jorge Baradit y Diego Zúñiga, por ejemplo, o el mismo Daniel Hidalgo y Ramón Díaz Eterovic, autores que, por lo demás, tampoco son de lo que podrías denominar como una misma “generación”.

Ahí creo que, con sus digresiones, sus diferencias de enfoque y sus autonomías estilísticas, se mueve la literatura que hoy día vale algo la pena. Porque lo otro es perder el tiempo con los folletines de porno soft para viejas cuicas de Simonetti, cosa que honestamente sería una pura h…

¿Cuáles son los principales escritores que te parecen destacan en el momento actual, tanto en narrativa como en poesía?

En términos de poesía, hay mucha gente escribiendo y publicando, y aunque mucho de eso no pasa de ser divertimento, sí puedes tomar un puñado de nombres nada despreciable de gente que está haciendo buena poesía, que van desde poetas que vienen de las experiencias de los años 70 y 80, como Harris, Bertoni, Zurita, Pepe Cuevas o Elvira Hernández, a otros de las promociones más recientes, como Marcelo Guajardo, Jaime Pinos, Gustavo Barrera, Andrés Anwandter, Jorge Velásquez, Germán Carrasco, Carlos Henrickson, etc.; Está también lo que hacen en Valparaíso Rodrigo Arroyo y Jorge Polanco, cuyo último libro ―Sala de espera― está muy bien, por ejemplo; o lo que han estado sacando en lo últimos años los cabros que estaban en el taller de Santa Rosa, como Juan Pablo Pereira, Ángel Valdebenito, Andrés Florit, Carlos Cardani, Ernesto González, etc. A ellos se suman, además, poetas que están sacando sus primeros libros, algunos muy buenos, como Compro fierro, de Juan Carreño. La cosa se está moviendo, y aunque siempre hay mucho libro malo circulando, mucha megalomanía y muy poco filtro, mucha impostación gratuita y marginalidad impostada, hay también mucho texto bueno dando vuelta.

¿Y en narrativa, cómo ves el panorama?

En narrativa creo que la cosa, aunque también pasa por un momento de eclosión, es menos frondosa que en poesía. Hay cosas choras apareciendo entre los cabros más jóvenes como lo de Zúñiga, lo de Pablo Toro, Simón Soto, Hidalgo. Hay un lote un poco anterior que también está produciendo harto, incluso muchos de ellos después de un buen tiempo de silencio, como Alejo Cabrera y Marcelo Leonart, o López Aliaga y la Alejandra Costamagna, que han estado publicando harto, igual que Carlos Tromben. Están las cosas más alambicadas de Labbé, la persistencia en la novela negra de Díaz Eterovic, los textos recientes y por venir de Juan Colil, el trabajo de Fátima Sime y Eugenia Prado, toda la movida que tienen Baradit y su troupe en torno al cyber punk y sus derivaciones perversas. Hay harto material dando vueltas, y en ese sentido te digo lo mismo que con respecto al tema de la poesía, y es que aunque hay muchas de esas expresiones que a mí en lo personal pueden no atraerme especialmente, sí te das cuenta de que hay gente trabajando el asunto en serio, hay laburo involucrado ahí, y eso es evidente.

Por último, ¿Te parece que en este momento Chile trata bien a sus escritores? ¿Ha existido un cambio en este aspecto desde la década pasada hasta ahora? 

El cómo Chile trate a sus escritores, hoy por hoy, creo que es de una irrelevancia total. El problema es que Chile, su Estado y sus gobiernos, tratan mal a sus trabajadores, a los mapuches, a sus estudiantes, a sus mujeres. El tema de los escritores está completamente supeditado, como casi todos los que importan, al respeto a dignidades y derechos, a un cambio sustantivo en las relaciones sociales y la estructura político-económica de este país. En lo relativo específicamente al campo literario, suponer que hay una mejora es prácticamente inviable mientras se siga concibiendo a la cultura en tanto mercancía; mientras el libro siga siendo un objeto suntuario, gravado como tal; y, sobre todo, mientras las políticas públicas en materia educacional y cultural sigan siendo lo que son: una extensión del modelo de segregación económica sobre la que hoy se basa la sociedad chilena, un tentáculo licitador, privatizador, enajenador de nuestro patrimonio, de las proyecciones culturales del país y del futuro de nuestros hijos. Es absurdo hablar de una mejora en la situación del escritor con los niveles de lectura que tenemos, por ejemplo, los que son producto, por lo demás, de las pésimas políticas públicas en materia de fomento de la lectura que hay en este país.

¿Qué pistas permitirían mejorar esta situación?

El “mejor trato” a los escritores, en este sentido, no pasa por más o menos premios, más o menos becas, más o menos agregadurías culturales y embajadas para fantoches como Ampuero o Edwards, sino por elevar los niveles y potencialidades culturales del país. Elevar la dignidad del trabajo escritural pasa por generar condiciones para que la gente lea y el escritor pueda entonces ver su trabajo desplegado donde debe desplegarse, y no exclusivamente en círculos reducidos de lectores vinculados ellos mismos a la tarea escritural.

 

Foto: Camilo Brodsky (Santiago, Chile, 1974), Pablo Gallo.

Más información de Das Kapital Ediciones, aquí.

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