Revista Intemperie

Salón

Por: José Ignacio Silva A.

Tal como en los antiguos salones parisinos, Gutiérrez nos muestra lo que está pasando con nuestros escritores nacionales. Varios consagrados y otros no tanto, colaboran con textos inéditos en esta selección que, según José Ignacio Silva, merece atención.

 

En la esplendorosa antigüedad parisina existía lo que se llamaba el salón, una instancia en la que se exponía oficialmente el arte en boga en ese momento. Algo parecido sucede con Gutiérrez, libro de textos inéditos de poetas y narradores chilenos (que va en su segunda entrega, luego de que en 2005 apareciera el primer Gutiérrez), donde existe un cuanto hay de nueva literatura chilena.

Esta compilación a cargo de Andrés Braithwaite, uno de los prominentes editores de libros que existen en nuestro país, opera esencialmente como un catálogo, como un muestrario. Desprovisto de cualquier enredoso prólogo o de cualquiera errática explicación, mapeo o excusa en la selección, la sencillez de la propuesta (sencillez que comienza desde el título) se transforma en uno de sus grandes puntales, puesto que, entre otros aciertos, evita la posibilidad de que se genere la latera discusión del quién sí y quién no, en qué se parece este con el de más allá, el estilo que comparten fulanito y menganito, en fin, toda esa aburridísima polémica de poca monta, clásica de las antologías de toda índole con prólogo pomposo. En Gutiérrez la opción por no prologar es una opción por liberar el libro de ataduras, y una sanísima decisión del editor de quedarse donde le corresponde, y dejar que su trabajo selectivo hable por él.

Sin mayor orden que el suficiente alfabeto, como catálogo –valioso además por estar compuesto íntegramente de textos inéditos– Gutiérrez cumple una función cardinal para la literatura chilena de hoy: dar cuenta de su amplitud, esbozar sus fronteras, insospechadas muchas veces. En todo sentido, la amplitud es lo que se refleja principalmente en las páginas de este libro, amplitud de autores, de géneros cultivados, amplitud de miradas, de estilos y propuestas.

Y aun cuando el compilador no pretende dar cuenta de su selección de 32 autores, sí es bueno dar una opinión sobre la misma. La mayoría son sandías caladas. Roberto Merino, Marcelo Mellado, Antonio Gil, Leonardo Sanhueza, Alejandro Zambra y Alejandra Costamagna son algunas de esas sandías. Rodrigo Olavarría y Yuri Pérez, por su parte, hacen una nueva entrega de sus consistentes proyectos literarios. Carlos Labbé aporta con su densidad habitual. Poetas como Yanko González, Verónica Jiménez y Jaime Huenún escriben como nunca y rinden como siempre. Diego Maquieira vuelve en grande en este libro, literalmente. Por otro lado, Claudio Bertoni se mantiene firme en su proyecto poético sexual en clave jumper colegial, Julio Carrasco continúa en su larga y consistente jornada poética en las lejanías de Oriente, Héctor Figueroa plantea una poesía de puños, alcohol y lecturas que lo mantiene groggy. La muestra es grande, y tal como el libro, no ofrece pretensiones, queda como recomendación ir al libro, sugerir la lectura para apreciar la muestra en su completa dimensión.

Andrés Braithwaite nos pone al día del estado del arte de las letras criollas (o al menos de buena parte de ellas, siendo rigurosos), una labor que no solo se debe agradecer, sino que también poner suma atención a los próximos Gutiérrez, detallados mapas sin querer de lo que se escribe en Chile.

 

Gutiérrez

Andrés Braithwaite (compilador)
Santiago, autoedición, 2012.

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