Revista Intemperie

Autoedición: el negocio de la vanidad

Por: Andrés Olave
livre

Las editoriales independientes son por lo general alabadas por publicar nuevas tendencias y autores noveles, pero aquí Andrés Olave plantea un punto de vista distinto y saca a relucir las frías cifras de un negocio que también tiene algo de vanidad.

 

Hace unos días conversaba con una amiga que vive en Roma y que se quejaba que las editoriales italianas, a falta de lectores, no han encontrado nada mejor que empezar a cobrarles a los escritores para publicar sus libros. Son cifras escandalosas para un país en crisis, me decía, entre 2000 y 3000 euros (entre 1,5 y 2 millones de pesos), que se le cobra a cada autor que quiere editar su obra.  Intenté tranquilizarla diciéndole que en Chile la realidad no era muy distinta, que las AAF (editoriales de Autores Auto Financiados) abundaban, aunque claro, como somos un país del tercer mundo, las editoriales se limitaban a cobrar cifras un poco más modestas, a saber, entre 700 y 1000 euros solamente.

La literatura vive momentos terribles, dijo mi amiga. Yo asentí. Son tiempos terribles, le dije.

Después de colgar el teléfono (el Skype en realidad), me quede pensando. Sin duda, vivimos en un mundo donde ya nadie lee, o lo que se lee son los grandes éxitos superventas como Crepúsculo, o el Código Da Vinci, o Harry Potter o, La Reina Isabel cantaba rancheras. Bajo la hegemonía de estos best seller, no quedan muchos lectores disponibles para, digamos, las últimas novedades de los autores nacionales. Con su lógica brutal, el mercado debería entonces recortar drásticamente la cantidad de títulos de libros de cuentos sobre la vida laboral o sexual de las personas; poemarios sobre la soledad y la tristeza del autor, o novelas sobre la dictadura que aparecen periódicamente y que nadie tiene tiempo o ganas de leer. Sin embargo estos libros siguen apareciendo por miríadas en pequeñas editoriales. Entonces, ¿cómo puede producirse este aparente milagro?

Dejémosle la respuesta a Umberto Eco, quien fue quien acuñó el concepto de AAF en su novela El péndulo de Foucault:

“Un AAF es un Autor Autofinanciado, y Manuzio (la editorial) es una de esas empresas que en los países anglosajones se denominan “vanity press”. Facturación fabulosa, gastos de gestión nulos. Garamond, la señora Grazia, el contable llamado director administrativo en el cuchitril del fondo, y Luciano, el mutilado que se encargaba de enviar los pedidos, en el gran almacén del subsuelo.

–Jamás he podido comprender cómo Luciano logra empaquetar los libros con un solo brazo –me había dicho Belbo–, creo que se ayuda con los dientes. Por lo demás, no es que tenga mucho que empaquetar: sus homólogos de las editoriales normales envían libros a los libreros, mientras que él sólo los envía a los autores. Manuzio no se interesa por los lectores… Lo importante, dice el señor Garamond, es que no nos traicionen los autores, sin lectores se puede sobrevivir.”

La historia de las editoriales AAF en nuestra realidad local acontece más o menos así: un orgulloso y novel autor llega con su obra recién terminada bajo el brazo a las oficinas de las grandes editoriales: Alfaguara, Mondadori o Planeta, donde lo reciben con frialdad y distancia, le toman los datos, le archivan su manuscrito y hasta la vista, baby. Pasan luego tres o cuatro meses de angustiosa espera, hasta que recibe al fin un brevísimo mail estilo: “lo sentimos señor x. pero su obra por el momento no nos interesa”.  El novel autor, contrito y dolido, mirará el retrato de Dostoievski que tiene pegado con tachuelas en la pared y se dirá: “no he de rendirme, seguiré en la lucha, encontraré un editor”. Comienza entonces su procesión por pequeños departamentos de Santiago Centro o añosas casas ubicadas en el barrio Ñuñoa donde suelen tener sus oficinas las editoriales AAF.  El contraste con las espaciosas oficinas de las grandes editoriales es insoslayable, pero el joven autor no se dejara amedrentar, mal que mal, su obra merece salir a la luz. Y a diferencia de una gran editorial, que rara vez presta atención a un autor sin experiencia, aquí el joven autor es cariñosamente recibido, se le invita (¡por fin!) a tomar asiento, el editor le platica, le pregunta de donde viene, de que se trata la obra y hasta le convida un café. Con el paso de los minutos, el novel autor comienza a relajarse. ¡Por fin ha encontrado alguien que se interese por su obra! Al fin ha dejado de estar solo en el mundo.

Finalmente, la reunión termina y el editor se despide con un cordial apretón de manos. El autor novel debe esperar menos de una semana para que le llegue la respuesta a su correo electrónico con las felicitaciones correspondientes pues el manuscrito es sin duda una obra excelente y que está lista para ser publicada por la editorial, distribuido en las grandes cadenas de librerías, y claro, se entregará una cierta cantidad de ejemplares al autor, digamos unos 200. Sin embargo, “lamentablemente, por razones presupuestarias”, solo puede serle ofrecida el formato de la coedición, lo que significa que para publicar el libro el autor debe “colaborar” con los gastos de edición, gastos que pueden más adelante ser cubiertos con las propias ganancias que el libro dejará con su venta. Viene un presupuesto como archivo adjunto, donde desglosados los gastos de corrección de ortografía y estilo, edición, impresión y distribución y al final de la columna, una cifra, que como ya dije, oscila entre los 700 y los 1000 euros.

“Vaya” piensa el novel autor y vuelve a mirar el retrato de Dostoievski mientras se pregunta si el maestro ruso habrá tenido alguna vez que financiar sus propias obras. Pero bueno, “así están las cosas”, piensa, la situación está dictada por el principio de realidad y el autor, que de paso suele ser un profesional tipo ingeniero, abogado o periodista saca las cuentas, consigue un préstamo, se apreta el cinturón y la próxima vez que se presenta a la editorial lo hace junto a un jugoso cheque. Por supuesto, montones de fondos de becas para la creación del Fondo del Consejo de Cultura van a parar también a las arcas de las AAF. De una u otra forma, el dinero siempre les llega.

Dejemos al joven autor novel con sus sueños ahora. Vamos a las crudas cifras. Actualmente, las editoriales AAF están cobrando uno 800 mil pesos por publicar la cantidad estándar de 500 ejemplares. Ahora, el autor nunca ve en realidad esos 500 ejemplares, pues muchos de ellos, según la editorial “van a las librerías”. La verdad, (y así el menos lo sugiere Eco), es que probablemente dichos ejemplares no existan, se editen solo la mitad, unos 250, donde 200 van a manos del autor, y 50 quedan para la propia editorial que los exhibirá orgullosamente en stands ubicados estratégicamente en ferias del libro veraniegas o en la mismísima Feria del Libro de Santiago, que es la actividad estrella donde las AAF se suelen dar a conocer. De este modo, considerando los gastos de imprenta que no deben llegar ni a un cuarto de los 800 mil, más unos 100 mil que alguna vez se le devuelven al autor como comisión “por las ventas de sus libros”, y considerando que cada una de estas editoriales publica de ocho a diez libros al mes, nos damos cuenta que tener una editorial AAF es un excelente (y muy fácil) negocio para salir al paso hoy en día.

Pensemos ahora la problemática: si viviéramos en un mundo perfecto, los editores AAF pondrían en las puertas de sus oficinas la cita del Infierno de Dante: “perded toda esperanza los que entran aquí”. En vez de eso, los editores reciben a los autores con sonrisas calurosas, apretones de mano, les endilgan sueños e ilusiones por montones. Tiene sentido para ellos, a fin de cuentas, son los autores quienes están pagando la universidad de sus hijos. Pero en verdad vale la pena preguntarse si es necesario pagar 800 lucas por 500 copias de un libro, recibir en realidad 200 de las cuales, al final, apenas unos 20 ó 30 serán realmente leídos por una que otra alma caritativa. ¿Vale la pena entonces tomarse toda esa molestia? Puede que no, pero la vanidad, ¡oh la vanidad!, es el pecado por el que los autores pagan. Por supuesto, la mayoría de ellos quedan felices. Tienen de su lado una editorial que asegura vender sus libros, tienen ejemplares que pueden repartir entre sus conocidos y amigos, y el autor es presentado muchas veces en las reuniones sociales como “escritor”. “El mundo marcha hacia adelante”, le dirá el joven autor al retrato de Dostoievski y se pondrá a escribir su siguiente obra. El mundo marcha, ciertamente, pero siempre, y de forma un tanto inevitable, bajo oscuros y engañosos senderos.

 

Foto: Le Livre des VisagesAdam Baron

13 Comentarios

  1. - Eru - dice:

    …Lamentablemente realidad, tan terrible como inexorable…

  2. place dice:

    ¿y los nombres de las editoriales? ¿y los nombres de los libros espantosos que has debido leer gracias a la autoedición? Si quieres polemizar, intenta, al menos, hacerlo bien.

  3. Como gestora cultural, más bien en el campo animador de lectura, puedo decir que el problema va porque somos un país que no lee. Tenemos los peores puestos en lectura y comprensión de…
    Este año junto a otras compañeras y con el Fondo del Libro y la Lectura, llevamos la biblioteca a cinco poblaciones en riesgo social y con orgullo puedo decir que hicimos muchos nuevos lectores y otros muchos potenciales lectores en niños.

    Debemos atacar por fomentar la lectura para que esto aumente la demanda…
    y quizá las editoriales se vuelvan un poquito menos mezquinas con los escritores emergentes.

  4. Luis Marín dice:

    Hablaré de Chile y de la poca demanda de escritores nuevos.

    El problema, más allá del neo-analfabetismo y la indigencia lectora, se suscita porque la gente prefiere referentes conocidos a algún “¿quién es él, nunca lo había escuchado?”. Pero hay algo aún peor: nadie quiere leer a alguien que no sea Bolaño o en el peor de los casos Fuguet, porque lo sentimos como competencia. Nadie está escuchando al otro; los que leemos, a lo más, lo hacemos para decir “¿a ver quien chuchas es este huevoncito?, en una de esas le puedo robar ideas”.

  5. Dve dice:

    Es cierto que hay una cantidad altísima de libros de poca monta circulando efecto de la coedición. Sin embargo, demos gracias también a la otra parte de obras maestras que fueron rechazadas por las empresas literarias dominantes y que fueron rescatadas por Editores “menores”. Hablo de poesía, narrativa e incluso dramaturgia. Además, y ya que por este sitio hay atracción por lo clásico, pensemos en Proust o Joyce, quienes fueron rechazados tajantemente, y que si estuvieran vivos por estos tiempos no lo hubiesen pensado dos veces y habrían recurrido a un Editor independiente ( no creo que a Joyce le haya gustado recibir 22 negativas), quien en casi ninguno de los casos les cobraría.
    Creo que el gran error de esta notita (y de su inexistente edición ) es el tono de humorada con el que habla de un tema delicado y bastante más profundo. No especifica, no analiza, no critica ni menos contextualiza. Además, creo que basarse en el gran Eco para exponer una situación más antigua que el hilo negro en Chile es tratar de darse por ganador con el mérito ajeno. Mucho ruido pocas nueces. Eco se sorprendería de la industria creativa llevada a cabo por personas obstinadas que se mueven mucho más que por la vanidad. Asociados a la edición independiente existen talleres, fomentos, proyectos, investigaciones, formación de público lector, etc etc etc. POr eso ¡Larga vida a la edición independiente!

    PD: si se debiese hacer un listado de quienes cobran excesivamente y “estafan”, ya que la sugerencia de que todos los editores se cagan a los autores es un insulto.

  6. place dice:

    estoy de acuerdo con Dve: el texto da cuenta de una denuncia de varias estafas que el autor parece conocer (es estafa porque habría disposición patrimonial a través de un engaño) y que ni siquiera se atreve a contar, y en el medio, deja la idea que todas las editoriales independientes son poco transparentes y ladronas, que los escritores menores son unos ingenuos, medios patéticos y que él -el mismo autor de la vulgar y superflua nota sobre Pynchon en este mismo medio- está por sobre ellos, porque no tiene el defecto de la vanidad. Mal.

  7. Felipe B. dice:

    Las verdades a medias no gustan a nadie.

    Seguramente más de algún autor se sintió identificado con este artículo, para algunos esta puede ser una realidad (puede, pues no tengo como confirmarlo), mas el señor Andrés Olave a tachado a todos los autores nóveles autoemergentes de pobres y penosos ilusos, además de referirse a las editoriales independientes de las grandes empresas indiscriminadamente como estafadoras desvergonzadas… pero sin atreverse a dar nombres, sin cifras que lo respalden, sin dato claves, en otras palabras, sin mojarse el culo.
    Y como si fuera poco, mete a todos los autores en un mismo saco, en el juego de la vanidad. Gracioso, se podría decir lo mismo de un autor publicado por Alfaguara, incluso a un editor o colaborador de una revista digital X (ejem, ejem), pero claro, para qué caer en esa falacia-sucio juego que es la generalización apresurada.

    Como dicen más arriba, un ejemplo de como polemizar. Triste.

    Qué más decir. Darle crédito por la ilustración que acompaña al artículo, solo eso.

  8. Pablo dice:

    Seamos super serios entonces, más aún, profundos, no nos permitamos ninguna nota cómica o “desacralizadora”, eso dejémoslo para la política, los curas pedófilos, el terremoto, no sé. Este es un tema que merece un tratamiento completamente serio,más aún, merece delicadeza y complejidad, quizás un panorama completo de la edición independiente, unas 20 páginas más o menos. Sobre todo, que no exprese diferencias, de hecho, ojalá sin opìniones personales, sobre todo cuando estas difieran de la versión oficial: todo lo que hacen las editoriales independientes son la raja, incluso cuando no tienen los libros impresos para el lanzamiento, y cuando no los distribuyen ni siquiera en las librerísa del centro, también cuando no reimprimen los libros que se agotan, todo eso no importa, lo importante es que son un aporte igual.
    Ah! casi se me olvidaba, a todo esto, cuál es la opinión sobre los autoedición pagada?? Está bien, más o menos, mal? ¿Es debatible al menos? Favorece a los que tienen plata quizás? De todas formas es válida?
    POr otro lado, pregunta Simce 8º básico (está bien, quizás 2º medio): ¿Es posible establecer un distingo entre editorial independiente y autoedición pagada? Es lo mismo?? El que critica la autoedición pagada critica también a la editorial independiente? Son miembros de la misma santísima trinidad?

    divergencias y ojalá sin opiniones personales, sobre todo cuando éstas difieren

  9. Jorge dice:

    La mayoría de las editoriales independientes son meros intermediarios de imprenta, incluso aquellas que intentan transmitir cierto sello antimercado. Eso es algo que se sabe hace rato.

  10. José dice:

    Os mando un enlace interesante de cómo se financian estas editoriales de autoedición. Mi problema fue con la editorial Prósopon Editores (grupo editorial Belgeuse). A mí me engañaron; pero, al menos,descubrí el mecanismo de gestión que tienen estos señores para embaucar a los autores nóveles:
    http://www.reflejosdenadie.com/belgeuse.pdf

  11. Red Professor dice:

    Puchas que escriben lindo, muchachos.

  12. Matías Fuentes Aguirre dice:

    Si bien es una realidad, es sólo parte de ella. Este texto al no entregar nombres de editores ni editoriales, generaliza toda la industria “independiente y/o autogestionada” del libro en Chile y la deja muy mal parada; hay gente que está haciendo bien la pega y eso hay que destacarlo, aunque sean los menos (sé que no es el tema directo de la columna, pero no se puede dejar de mencionar ya que haces una generalización apresurada: finalmente se termina entendiendo que todas las editoriales “independientes” cobran a los autores que publican en ellas. Ojo con eso que en cultura es un tema sensible y puede desviar el objetivo que te planteas en el texto, que es criticar el fenómeno del Vanity Fair). Lo más “terrible” aún de esta situación, es que un grupo de personas como los de RIL o MAGO supieron encontrar un nicho de negocios que dentro de los parámetros del mercado, es totalmente válido: a nadie se le obliga con una pistola en la cabeza a pagar esas exhorbitantes cifras para que se les publique y tienes razón Andrés, la criticar el hecho de que hay gente dispuesta a verse en una estantería o alardear que tiene una publicación a cualquier precio. ¿Mencioné que tampoco les importa si los leen o no en realidad? Buena columna dado el fenómeno de la que habla, pero te sugiero que seas más específico en nombres y hechos.

  13. Matìas Correa dice:

    Si bien este comentario es a título personal, los hechos que menciono atañen a Chancacazo Publicaciones, la única editorial nacional que conozco por dentro, en tanto que formo parte de su catálogo. En razón de lo anterior, nadie más que yo puede hacerse responsable de mis opiniones.

    Por otro lado, esto no es una defensa a favor de la industria editorial chilena —que sí opera de manera indigente— ni tampoco una réplica al artículo de Andrés Olave —el cual, a mi parecer, describe fielmente el negocio que gira en torno a la autoedición—. Mi única intención es precisar que no todas las llamadas “editoriales independientes” operan del mismo modo y, así, contribuir a completar el cuadro que ofrece Olave en su texto.

    (1) Hasta la fecha, Chancacazo Publicaciones me ha pagado semestralmente por cada ejemplar vendido de mi novela.

    (2) Salvo por el valor de un par de pasajes en bus, unas cuantas cervezas y una noche de hotel en Valparaíso, como autor no he desembolsado un solo peso para costear gastos asociados a labores editoriales, los cuales han sido gestionados absolutamente por Chancacazo. No obstante, sí he contribuido a apoyar a la editorial en tareas y actividades promocionales tanto para mi novela como para otras publicaciones.

    (3) Dentro del catálogo de Chancacazo, hasta donde tengo entendido, sí hay autores que se han hecho cargo parcialmente del financiamiento de sus publicaciones. Ignoro si la editorial procede todavía de esta manera para trabajar ciertos títulos, pero sé que las últimas novelas que han publicado recibieron el mismo trato que la mía.

    Por último, yo mismo he revisado y corregido obras de autores autopublicados, y soy de la opinión que estos merecen un trato idéntico al que recibe cualquier otro escritor: ser criticados por el peso de su obra y no por su rol dentro del mercado editorial, el papel que jueguen dentro de la escena literaria ni la cantidad de nombres célebres que haya en su lista de contactos. (Lo anterior no quita que muchas obras autopublicadas sean tediosas e insufribles, pero hay excepciones como Sergio de la Pava, quien este año obtuvo el premio PEN / Robert W. Bingham con una novela de 600 páginas publicada por su cuenta.)*

    *Antonio Díaz Oliva escribe sobre él en el último número de Qué Pasa.

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