Revista Intemperie

La precisa velocidad de las palabras

Por: María José Navia

 

Michael Ondaatje, autor de El paciente inglés, deslumbra a María José Navia con una novela de resonancias proustianas, que se inicia con el cuaderno de viaje de un niño embarcado solo en un viaje rumbo a su madre.

 

Hay algo que siempre me trae de vuelta a Ondaatje. Después de leer textos híper postmodernos, llenos de recortes, de fragmentos, de juegos de referencias cada vez más oscuros, leer a Michael Ondaatje (nacido en Sri Lanka en 1943 y hoy residente en Canadá) es una suerte de descanso. Una experiencia de lectura en la cual las imágenes están conjuradas con maestría y las palabras tienen la velocidad precisa. Todo funciona, todo sorprende, desde una aparente simpleza de recursos. Como las mejores literaturas.

Tal vez el autor le suene por su libro El Paciente Inglés, (absurdamente mal adaptado a película, pero ganadora del Oscar, de todas formas), aunque en donde verdaderamente deslumbra es en novelas como El Fantasma de Anil, Divisadero o en ésta, su última entrega: The Cat’s Table.

The Cat’s Table es lo que en chileno se dice tradicionalmente como “la mesa del pellejo”; la mesa menos refinada y apetecida de un lugar, donde quedan las personas que no importan, o no importan tanto. El título se refiere a la mesa en la que se sienta Michael, un pequeño niño que es enviado solo, en barco, rumbo al encuentro con su madre. En el viaje, se dedicará a observar y, por sobre todo, a anotar en un cuaderno, todas las conversaciones y comentarios que escucha a su alrededor. La novela avanza y retrocede, perfecta y elegantemente, entre los acontecimientos en el barco y los destinos posteriores de todos sus pasajeros quienes se encuentran y desencuentran en situaciones más o menos tristes.

Dice el narrador en un momento: “Siempre hay una historia, unos pocos metros más adelante que tú. Una historia que apenas existe. Solo gradualmente te unes a ella y comienzas a alimentarla. Descubres  el caparazón que va a contener y poner a prueba tu carácter. Y descubres, de este modo, el camino de tu vida”. Para, en otro momento agregar: “Algunos eventos toman toda una vida para revelar sus daños e influencia”.

Ésta última cita parece ser la “carta de navegación” de esta novela. El viaje en barco, con sus encuentros, terrores y aprendizajes, deja una huella en cada uno de los personajes; va revelando sus daños, sus interferencias. El narrador, por ejemplo, disecciona con ojo crítico las rutinas de las clases altas, durante el viaje: “Bromeaban entre ellos de esa manera en que solo aquellos cuyas vidas son cómodas y seguras pueden hacerlo”.

Luego, al crecer, Michael debe lidiar con el distanciamiento y la muerte de uno de sus amigos de travesía; una muerte a la que solo parece poder enfrentarse con frialdad. Dice él: “Soy alguien que tiene un corazón frío. Si me enfrento a un gran dolor, me armo de barreras tan altas para que así la pérdida no pueda llegar tan profundo, ni tan lejos. De inmediato construyo una muralla, que no va a caer por nada del mundo. Proust tiene la siguiente línea: ‘Creemos que ya no amamos a nuestros muertos, pero…de pronto vemos otra vez la sombra de un viejo guante y echamos a llorar descontroladamente’. Yo no sé qué pasaba conmigo. No había ningún guante para mí. Si fuera honesto, debería admitir que, de un tiempo a esta parte, no había pensado en Ramadhin como en alguien cercano. Cuando tenemos veinte años, estamos demasiado ocupados tratando de ser otras personas”.

Michael también trata de hacer las paces con su historia con Emily, una joven de la que se enamora y a quien sigue, a cierta distancia, por el resto de su vida, siempre inalcanzable. Él la escucha y escucha como su eterno (y doloroso) confidente: “Entonces ella lo había dejado. Le había contado que su matrimonio había sido uno cauteloso y que se había salido de él, reconociendo que era un ‘edificio muy frío’ para vivir en su interior por el resto de la vida”.

Michael Ondaatje es un gran escritor, de esos que nos recuerdan la importancia que tienen las buenas historias y las historias bien contadas; dos aspectos que no son lo mismo pero que, en este escritor canadiense, parecen convivir de maravillas.

(PD: y si me permiten vaticinios literarios, les aseguro que se gana el Nobel. Ya van a ver).

 

The cat’s table

Michael Ondaatje
Knopf Editores

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