Revista Intemperie

Un autosabotaje

Por: Federico Zurita Hecht


El hijo de la reina del pop perdido en Sudamérica: esto sucede en la obra El hijo de Madonna, de la Compañía de teatro La Junta. Federico Zurita cree que de tanto divagar, esta historia se pierde, tal como el hijo de la diva.

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El hijo de Madonna de la Compañía de teatro La Junta es un montaje sobrecargado de información que tiende a algo que podría ser definido como fragmentación de la acción, pero que finalmente constituye un divagar que produce ruido en el planteamiento de los discursos. Los acontecimientos se originan con un grupo de campistas que, en mitad de la noche, se preguntan por el mito que señala que un hijo de Madonna viajó a Sudamérica y se encuentra perdido en algún lugar desconocido. Entre las diferentes especulaciones que surgen, se señala que este es un viaje místico de conocimiento interior y cada personaje construye su versión de acuerdo a lo que le parece más atractivo. De forma intercalada se muestra el proceder de unas mujeres indígenas que realizan un negocio en el que explotan a los gringos que buscan la Sudamérica cursi. Este negocio, ideado por otros gringos, busca proveer a los mismos extranjeros, de algún objeto valorado por sus características pintorescas.

El problema de El hijo de Madonna no está en la aparente fragmentariedad de los acontecimientos, pues esta no afectaría la unidad de acción. Ejemplo de aquello son los montajes Multicancha y Celebración (2010) o la obra 2010 Instrucciones de uso (2009), en la que además participaban tres de los miembros de la Compañía La Junta. Es la tendencia a la divagación la que constituye un atentado a la unidad, lo que en El hijo de Madonna se evidencia en la falta de jerarquía en la elección de los acontecimientos incluidos en la fábula. En algunos momentos parece que se busca la risa vacía y no la construcción de símbolos que, en su significado (irónico, por ejemplo), hagan reír.

Esta forma de divagación, emanada de una elección estructural (con lo que el problema es de dramaturgia y, en alguna medida, de dirección, pero jamás de actuación), termina ocultando los verdaderos méritos de El hijo de Madonna. Efectivamente hay un intento, logrado solo en cierta medida, de discutir acerca de la construcción identitaria de sociedades que han sido colonizadas política, económica y sobretodo culturalmente por otras sociedades dominantes. De esta forma, la relación de valoración y de obtención de dividendos se manifiesta siempre en función de una imposición del dominante. El hijo de la reina del pop, entonces, adquiere un valor simbólico en esta formulación, el que se pierde en la ya descrita estructuración de los acontecimientos.

Otros elementos valorables que parecen perderse en este atentado a la unidad, son el caos controlado (presentes con fuerza simbólica en los montajes Hurlyburly, 2010 Instrucciones de uso y El Once, todas obras donde es posible identificar a miembros de La Junta) y la noche interminable en la que ocurren los acontecimientos en esta Sudamérica perdida. Al entender El hijo de Madonna, como haríamos con cualquier montaje, como una textualidad, consideramos que esta obra falló en la edición (si es que este concepto tomado del mundo editorial sirve como metáfora para graficar el problema). El hijo de Madonna es un ejemplo de una formulación discursiva que atenta, inconscientemente, contra su propio discurso.

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El hijo de Madonna

Compañía: La Junta
Dramaturgia: Camila Celis
Dirección: Gonzalo Venegas y Esteban Cerda
Elenco: Manuela Mege, Pablo Mois, Constanza Muñoz, Juan Pablo Troncoso, Ximena Sánchez
Diseño integral: Benjamín Pinto
Música: Patricio Barrientos y Gonzalo Vargas
Técnico: Christian Aguilera
Producción: Nicole Sazo
Fechas: 14 al 22 de enero
Horario: 20:30 horas
Lugar: Lastarria 90, Sala 2
Foto: Stgo. a Mil

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