Revista Intemperie

Dedicados a (con) fabular

Por: Héctor Andrés Rojas

Una narrativa de sentidos desparramados es Las confabulaciones, un libro raro, no recomendado para lectores cachorros. Héctor Rojas piensa que aunque su lectura es agotadora, vale la pena ver el ejercicio de la promiscuidad de sentidos.

 

Las confabulaciones no se ofrece al lector amablemente, y en cambio guarda distancia y se encierra en sí mismo. Curiosamente este rechazo aparente a ser leído cobra sentido en la idea misma de una confabulación que le da título.

Dos elementos parecen perceptibles en la forma en que está escrito el libro de Olivera. El primero es una aproximación a la corriente de conciencia como forma de narrar que, si bien no significa escrituralmente un riesgo, permite actualizar el recurso. Cada confabulación (división que se usa a modo de cuento o capítulo) se inicia de manera legible y secuencial, un inicio posible de comprender y que adelanta –falsamente– una historia continua: “Por Av. Coronel Alejandro Sepúlveda me adentré sin saber a dónde iba y me encontré en una parroquia desolada”.

Lo que realmente sucede es la fragmentación del relato inicial y la lluvia de ideas que difícilmente estarían unidos sin el libro: “Vamos a echar la última meá y seguimos cantando con ustedes vuestras salmodias blasfemas, invocando a la Malvada, a la Asesina, a la niña buena que me hechizó, me sometió y me martirizó”. En ejemplos como el anterior a menudo se ve un tránsito violento entre la formalidad y el coloquialismo en el lenguaje, así como también en las ideas. La confabulación ignora la necesidad de un contexto, relacionando las referencias religiosas con la presencia de extraterrestres, animales con características vengativas como la “malvada avispa con ojos de serpiente enloquecida”. El uso del lenguaje incluso evidencia la posibilidad de instalar una segunda lectura forzada donde no necesariamente la hay: “Está muy cerca el (des) esperado final”, “sus (mis) mujeres”, “el cálculo me falló (¿follé?)”, “No quiero más sobras (¿sombras”). Lo que queda entre paréntesis es lo que transforma lo fabulado en lo (con) fabulado, permitiendo establecer vínculos diversos y promiscuos de sentido.

Las confabulaciones le instala al lector la sensación de que no está entendiendo de qué se trata la historia y no basta con retroceder y pasar lentamente por las líneas impresas del libro, porque Mauricio Olivera desplaza la lectura a la investigación. La lectura es una confabulación de sentidos, la evidencia de que no basta con comprender una historia, porque la historia que sustenta el libro no está en él; los elementos centrales no se corresponden entre ellos porque la confabulación como duda es lo realmente central. ¿Qué es una confabulación? Es el miedo-resultado de la cultura, este es el segundo elemento que da cuenta de cómo está escrito el libro, por eso la confabulación deberá ser por esencia mestiza, o mejor, quiltra, que es una forma no oficial ni declarada de la mezcla. La confabulación se completa con el miedo a todo: “Si te descuidas mueres/ No hay que pensar mucho/ Estamos completamente solos en el mundo”. Un miedo que se da por la relación entre cualquier elemento como trompetas celestiales, música axé, Alá y las plagas. Un panorama de cómo se piensa hoy en día.

Confabular y fabular es por sobre todo un ejercicio interpretativo, e incluso más específicamente la confabulación es un ejercicio sobreinterpretativo, que se toma del detalle para construir sentido, cualquier detalle sirve, con o sin paréntesis, y devela la confabulación artificialmente oculta. El libro de Olivera construye la sensación confabulativa desde el inicio, incluso en la portada, donde aparece una pintura de Vicente Irarrázaval (Sin título, 2010) que podría ser una oscura vista aérea de una isla, una forma fálica o incluso una especie de oruga. En este sentido, la visión aérea encaja mucho más con el sentido mismo de creer que existe una confabulación secreta que nos provoca miedo.

La experiencia lectora no es narrativa en Las confabulaciones, es sin apellidos una experiencia que a momentos parece confusa e incongruente, un rescate de la corriente de  conciencia fuera de moda, pero es así como se presenta el libro. Seguramente es un gran error leer Las confabulaciones como si se tratara de un libro lineal y narrativo porque en realidad es un libro confabulativo, conspirativo, engañoso y oculto.

Este libro ofrece una experiencia difícil de lectura, agotadora e incluso desmotivante, pero con un grato efecto tardío. No me queda claro que sea un libro recomendable para leer pero sí una valiosa experiencia después de leído, lo que termina por justificar lo primero.

 

Las confabulaciones

Mauricio Olivera
Santiago, Chancacazo, 2011

2 Comentarios

  1. Mauricio Olivera dice:

    Gracias por la crítica. Sinceramente. Notaréis que no soy escritor profesional (ni queremos ser menos), pero quiero a este libro con el cariño que se tiene a un hijo que ha nacido con una grave discapacidad. Si les parece “difícil de lectura”, deberían haberlo leído antes de ser editado y dividido en capítulos, cuando era un ladrillo infumable y plúmbeo. Ya podrán imaginarse la orgía reinante en mi cabeza cuando fue perpetrado.
    Y, sin embargo, pese al aparente hermetismo y hostilidad que puede transmitir en una primera lectura, resulta transparentar de modo casi impúdico el avispero de emociones intensas y contradictorias que vomitan sus líneas. Ira, miedo, tristeza, exultación, amor, Valparaíso, nostalgia, erotismo, despecho, se van quedando pegados en las yemas de los dedos al pasar cada página, de ahí el sabor agridulce que quizás sientan en la punta de la lengua al humedecer los dedos para pasar a la siguiente. O, quizás, sólo yo sea capaz de traducir el texto en sentimiento, ya que sé mejor que nadie de qué vivencias íntimas, terribles y regocijantes, está hecho.
    Gracias, nuevamente.
    El autor.

  2. Marta Lopez dice:

    Tormenta de sentimientos, huracán de ambivalencias en el camino que todos labramos hasta la mesura, el equilibrio. Mauricio Olivera te arroya mientras te transporta a un mundo que todos en algún momento nos hemos visto sumidos.

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