Revista Intemperie

La condición de extranjero del nacido acá

Por: Federico Zurita Hecht

Un muchacho fueguino que representa a todos los “otros”, es decir, a los marginados. Ellos son -aunque suene paradójico- protagonistas en esta obra que a partir de la historia de un joven Selk’nam, reflexiona sobre el lugar de los sin voz. Eso piensa Federico Zurita Hecht.

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La Compañía de Teatro La Patogallina ha preparado su montaje más reciente, Extranjero, el último Hain, intentando discutir sobre las relaciones jerárquicas que el centro de occidente (Europa) ha establecido con el resto del mundo, ejerciendo múltiples tipos de violencia en estos contactos culturales. Para esto, la obra recurre como referente al positivismo del europeo del siglo XIX, que intenta conocer a los extranjeros como si se tratara de objetos que deben ser clasificados. Así, la fábula se construye a partir de la experiencia de un muchacho fueguino de la etnia Selk’nam que experimenta el paso de la niñez a la adultez. Este paso, que en su cultura se lleva a cabo a través del ritual de iniciación Hain, se ve matizado por la experiencia del rapto del muchacho y otros miembros de su comunidad, por parte de una expedición europea que los lleva a París para ser exhibidos al público en la Francia de 1889.

El mundo de ficción de Extranjero… se construye desde la visión del muchacho que comienza a ser hombre. Así, desde el primer minuto de la representación ofrece al espectador occidentalizado un mundo que, pese a desarrollarse en un territorio que viene a formar parte del Chile joven de fines del siglo XIX, se presenta como desconocido y distante ya sea por su inhóspito ambiente o por su configuración mítica. A partir de esa distancia el montaje empieza a instalar la representación de la violencia europea frente a lo desconocido. El fueguino se vuelve objeto de la observación para el europeo y se decide sobre su estatuto de ente sin que él pueda tomar parte de esta decisión. El Selk’nam es determinado, de esta forma, por el europeo y se le priva, así, de ser un “yo” para ser simplemente un “otro”, un extraño, un extranjero. En este proceso, el muchacho no es solo violentado al impedírsele ser un “yo”. La violencia que padece es ideológica, pero no por eso es solo teórica. El lenguaje y la ideología forman parte de una violencia material que, además, se manifiesta en golpes, encierro, hambre, exposición a enfermedades, crueldad y más. Para este muchacho, entonces, su Hain es el más duro, y eventualmente el último vivido por su cultura.

El niño Selk’nam funciona como referente de la representación, y a su vez, en el proceso de construcción simbólica de esta, actúa como metonimia de la constitución del “otro”. Esto sucede pues Extranjero… propone que esa anulación de la posibilidad de ser un “yo” a partir de la determinación que ejerce el europeo sobre lo desconocido, se llevaría a cabo sobre todo sujeto concebido como marginal por esa visión central. De esta forma, el montaje se preocupa no solo de la relación del europeo con América, sino del vínculo con todo habitante del inmenso margen extraeuropeo.

En escena confluyen Tierra del fuego y su clima, un barco, un tren y la Europa de fines del siglo XIX. Se abren los espacios habitados por el muchacho, pero también sus impresiones sobre estos. En escena está la conciencia del pequeño fueguino, y su sueño de regresar a casa ocupa un lugar importante en la peripecia. Las máscaras, que están presentes en casi todo el desarrollo de la acción dramática para intensificar la noción de representación, juegan un rol importante a la hora de establecer, en la realidad al interior de la ficción, qué ha sucedido y qué ha sido soñado. Veamos esta relación inversa: El mundo de Extranjero… asume su carácter teatral (ficcional) para, en este, hablarnos de nuestra realidad. Así, cuando se recurre a la ausencia de esta intensificación de la ficción (la ausencia de máscaras), se aludiría a lo opuesto (los pensamientos o los sueños del muchacho).

El pequeño fueguino, entonces, habla de sí mismo como un extranjero para otorgarle un grado de responsabilidad al espectador. En nuestra condición de sociedad occidentalizada, nos enfrentamos a la acción manifestando empatía con el europeo, pero no en el sentido aspiracional propio de las sociedades latinoamericanas. Si hay algo del ser europeo con lo que los espectadores chilenos de Extranjeros… deben cargar, es con la culpa de participar del ejercicio violento de construir “otros”. A fin de cuentas, el asunto de la anulación de diferentes “yo” en el Chile del siglo XXI sigue vigente, sin bajar su intensidad, y esos “otros” nacidos acá son vistos como extranjeros, como extraños.

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Extranjero, el último Hain

Dirección: Martín Erazo
Argumento original: Martín Erazo
Guión dramático: Patricio Pimienta
Actores: Sandra Figueroa, Francisco Ramírez, Victoria González, Eduardo Moya, Rodrigo Rojas, Carolina Mardones, Cael Orrego, Pilar Salinas
Músicos: Jaime Molina, Emilio Miranda, Alejandra Muñoz
Producción: Carolina Cabezas
Duración: 1 hora 10 minutos
Fechas: 05 al 08; 12 al 15 y 19 al 22 de enero
Horario: 20:30 hrs.
Lugar: Centro Cultural Matucana 100.
Foto: Stgo. a Mil

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