Revista Intemperie

Colonialismo cultural o ¿por qué no nos leemos entre latinoamericanos?

Por: Intemperie
simon

La actual difusión de la literatura latinoamericana que parece -como todo en nuestro continente- depender de España, es el tema que convoca aquí a cuatro escritores. Dicen que el simple hecho de ser latinoamericanos no nos obliga a leernos, que hoy las redes sociales facilitan la difusión de autores locales y que la literatura es y será minoritaria.

Opinan: Patricio Pron, Oliverio Coelho, Carlos Yushimito y Nona Fernández.

 

Patricio Pron (Argentina)

Aunque responder a la pregunta que preside este artículo es indudablemente importante, pienso que tal vez sea más perentorio preguntarse por la supuesta obligatoriedad de leernos entre los latinoamericanos que parece estar detrás de ella y que a mí me resulta tan difícil de compartir (debido a que no creo que exista ninguna obligación de leer a autores latinoamericanos, como no la hay de leer a escritores daneses o filipinos); quizás también sea necesario preguntarse por la validez de la opinión tan extendida de que la publicación en España resulta indispensable para ser leído fuera de las propias fronteras nacionales (un argumento desmentido por el hecho de que, a menudo, ni siquiera la publicación en la península consigue despertar el interés por un autor más allá de su país de origen; entre otras cosas, por el precio y el reducido número de ejemplares con los que los libros publicados en España llegan al lector latinoamericano), así como discutir las razones por las que un escritor debería ser leído fuera de su país y si todos los libros deben aspirar a provocar lecturas más allá de su ámbito natural de producción y recepción, que casi siempre es nacional; finalmente, tal vez sea necesario volver a pensar sobre la verdadera naturaleza de la literatura, preguntándose de paso si los escritores no escribimos precisamente para abandonar “nuestras fronteras geográficas” e integrarnos a la república imaginaria que habitan los autores que han sido importantes para nosotros, en un territorio que no sabe de esa puerilidad que son las fronteras, que sólo deberían importar a los funcionarios culturales y a los aduaneros. Quizás después de responder a estas preguntas dar respuesta a la primera ya no parezca tan importante.

Oliverio Coelho (Argentina)

Mi punto de vista al respecto es un lugar común. Algunos nos leemos, arrastrados por la curiosidad, y conseguimos a través de referencias de amigos dar con ciertos autores. Las condiciones de circulación de los libros de un país a otro no son óptimas en Latinoamérica, y a veces un escritor argentino, para ser leído en México o Chile, tiene que pasar por el filtro de España. En los últimos años, esto ha cambiado un poco gracias a las pequeñas editoriales afincadas en cada país y a cierto recelo de parte de los lectores respecto a instancias de legitimación fundadas en mercadotecnia -premios incluidos-. Estos editores, además, se manejan con criterios literarios bastante más autónomos que los grupos editoriales, y permiten que un autor circule de una frontera a otra, en cuenta gotas. Mis libros, por ejemplo, fuera de Argentina circularon mejor en pequeños sellos. Esto lo digo suponiendo que parte de la pregunta por el colonialismo cultural involucra a la industria editorial y que a veces no nos leemos porque los libros, transformados en mercancías perecederas, no están. Pero una vez que los libros están,  sí cabe preguntarse si nos leemos o no, y en todo caso preguntarse si algo nos obliga a leernos. Tengo la impresión de que gracias a la circulación de editoriales independientes y gracias a ferias y festivales, los escritores latinoamericanos nos leemos un poco más, en cuenta gotas, pero hoy en día -quizás siempre fue así-, la literatura es minoritaria.

Carlos Yushimito (Perú)

Es cierto que los escritores latinoamericanos no vemos facilitada la circulación de nuestros libros en la región, en particular cuando estos son publicados por sellos locales. Que la publicación en España, paradójicamente, hace que los libros se visibilicen, dado que logran distribuirse mejor en nuestros países, también es un hecho. Pero de fondo, lo que aquí se está discutiendo, me parece, es el sistema generador de prestigio que prioriza la lectura de ciertos autores en desmedro de otros; es decir, la manera cómo se guía la selección de nuestras lecturas. Al respecto, creo que las cosas están cambiando. Poco a poco, gracias a las nuevas redes de comunicación, hoy en día es más fácil descubrir autores locales. Internet ha multiplicado el viejo efecto del “boca a boca” (pensemos en el facebook o el twitter como fuentes inagotables de información y recomendación) y esto es desde luego bastante positivo, más allá del alcance real de la distribución de los textos mismos -a los cuales, si hay interés, siempre habrá formas de llegar. Creo que esta circulación puede generar suficiente demanda, y que esa demanda puede (y debe) ser aprovechada por una industria editorial lo suficientemente hábil para penetrar el fenómeno (a través del comercio electrónico, del formato digital, de las coediciones, etc.).

Nona Fernández Silanes (Chile)

Si durante casi cinco siglos los imperios europeos invadieron territorios americanos ignorando el pensamiento de los pueblos descubiertos, imponiendo sus propios criterios de orden social y cultural, no es de extrañarse que ahora dependamos de España a la hora de conocer a nuestros propios autores. Hemos dejado que la colonización se perpetúe en muchas áreas de la economía, ¿por qué los libros y la cultura van a ser un tema aparte si hace bastante que ya tienen su pequeño rol en el business? La contaminación literaria intercontinental solo existe en la curatoría española. Un autor chileno debe ser publicado en Europa para ser leído en América Latina, una vuelta demasiado larga y cara. Si a esto se suma que las editoriales transnacionales no intentan internacionalizar a sus autores, o que hay países donde la industria editorial, por pequeña que sea, simplemente no existe, la idea de provincia se establece con mayor crudeza. En resumen, le dejamos a Europa la responsabilidad de desclasificar nuestra literatura para nosotros mismos. La situación no debiera extrañarnos, pero sí remecernos. El trabajo de las editoriales pequeñas, que con mucha energía y voluntarismo intentan romper ese esquema, debe ser apoyado por toda la escena literaria latinoamericana. Editoriales como Eterna Cadencia (Argentina), por mencionar alguna, intentan filtrar y armar vasos comunicantes entre los mundos literarios de los distintos países del continente y llevarlos también a Europa. Pero no es fácil instalar esta idea bolivariana en el negocio literario. Por lo menos aquí en Chile, con una tradición de provincia enraizada hasta los huesos, preferimos el libro europeo, si pasa por la aduana española será indudablemente mejor, ni siquiera importa el precio, el autor con solapa europea parece tener otro sabor.

América Latina existe mientras alguien se atreva a escribirla. Mientras haya libros que la relaten y la establezcan. Esos libros existen, aunque no tengamos la posibilidad de leerlos. El trabajo de desclasificación es una tarea pendiente, pero urgente, que no debiéramos entregarle a nadie.

 

Foto: Liberador Simón Bolívar (1994) 125 x 98 cm. Juan Dávila.

Un comentario

  1. Muy bueno.
    Subido al sitio con cita de fuente.
    Saludos Cordiales

    Polo Ayllapán

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