Revista Intemperie

Más raro que violarse a un ángel

Por: Héctor Andrés Rojas

Héctor Andrés Rojas valora la copiosa revisión que hace Óscar Contardo del tratamiento de la homofobia y la homosexualidad, desde la Edad Media hasta el Chile contemporáneo, incluyendo la última campaña presidencial

 

El último libro de Óscar Contardo (Planeta, 2011) no tiene nada de raro en cuanto a documento periodístico: está organizado, posee diversas fuentes, construye un panorama más o menos general del tema que aborda. Lo más novedoso es que ofrece una lectura envalentonada sobre la serie de discursos epocales e intencionados, incluso malintencionados, que tienden a juzgar negativamente la homosexualidad.

Más que una historia gay de Chile, Raro es una crónica sobre la culpa impuesta a los hombres que se acuestan con otros hombres. Para esto, Óscar Contardo documenta el proceso histórico cultural que habla de cómo se ha abordado este tema, y luego establece una cronología que se va focalizando cada vez más en el panorama chileno. Este periodo, desde la Edad Media hasta la actualidad, es un recorrido más sobre la homofobia que sobre la homosexualidad. Por lo mismo, deja fuera la lectura sobre las prácticas sexuales en la cultura clásica, visible tanto en La Ilíada de Homero (donde se vislumbra una relación culturalmente aceptable entre Aquiles y Patroclo, considerándolo vínculo entre maestro y discípulo), así como también en la recordada “Égloga II” de Virgilio, que insiste en un enamoramiento hacia el joven Alexis en un ambiente de tranquilidad próximo a la naturaleza.

El recorrido temporal de Raro parte con la mención a la reticencia de militares y religiosos a aceptar la homosexualidad desde la Edad Media, cosa paradojal considerando que, históricamentente, iglesia y ejército han sido instituciones controladas exclusivamente por hombres. Otro antecedente es que Tomás de Aquino establece que el coito perfecto solo es posible entre un hombre y una mujer cuando los fines son reproductivos. Además, se menciona el desplazamiento, en la cultura mapuche, del machi hueye a la machi mujer al comienzo del siglo XX como resultado del encuentro con la cultura europea, que ve con malos ojos esta imagen afeminada del machi. El recorrido continúa señalando que sugerir la homosexualidad era una grave ofensa, con la sinonimia cultural que se crea entre homosexual y pedófilo; también se menciona cuando Karl María Kertbeny acuñó en 1868 la expresión homosexualität, que junto a uranismo se instalaron en la medicina y en el discurso científico para reemplazar el insulto en el vocabulario culto. Óscar Contardo destaca que al llegar al siglo XX, el tratamiento médico que le daban a la homosexualidad era propio de una enfermedad. En este sentido, una historia especialmente reveladora que ofrece este libro es aquella que narra cuando al matemático inglés, Alan Turing, lo condenaron por el delito de “indecencia” a un tratamiento con inyecciones de estrógeno para controlar la libido, luego de que se viera presionado a reconocer su homosexualidad.

La lectura que ofrece Raro de las últimas décadas, se centra en la relación que la homosexualidad ha tenido con la política y los discursos, destacando el maltrato a los homosexuales en Cuba, la aparición del sida y la vinculación directa que se le hizo como una enfermedad propia de la comunidad gay. Incluso se expone cómo Piñera y Bachelet han buscado el voto de la comunidad homosexual. El comando de esta última, dice Contardo, durante la campaña presidencial del 2005 repartió volantes en las cercanías de bares y discoteques gays que en el reverso decían: “Bachelet presidente: por las lesbianas, por los gays”. Por supuesto, todo esto se hizo de manera oculta; otorgar apoyo oficial a la comunidad gay le dificultaría a la candidata establecer una alianza política con algunos sectores más conservadores.

Lo de Raro como título del libro es una jugada inteligente, en la medida que captura el eufemismo de esta expresión y a la vez permite preguntarse, ¿es realmente indiferente llamar raro, maricón u homosexual al sujeto en cuestión? Por momentos, el autor aborda el tema con claridad, por ejemplo, cuando indica el uso médico de lo homosexual y por tanto, muestra la relación evidente que se establece con la idea de enfermedad; también es claro cuando señala que gay es una expresión que refiere a una cultura y un estilo de vida. Este espacio de análisis no queda agotado en el libro, pero sí instalado como lugar de reflexión.

Lo que sí se evidencia con gran fuerza es el carácter intencional del tratamiento represor que se le ha dado a la homosexualidad. Muestras de esto hay varias, por ejemplo, el hecho de que hasta hace poco la imagen de Gabriela Mistral fuera trabajada desde la emocionalidad, postergando lo físico. Lo mismo ocurre con el origen del mito de Sodoma como un tópico relacionado con lo homosexual. Dice Contardo que el debate surge a partir de la traducción del hebreo del verbo “conocer”: “el castigo a los habitantes de Sodoma se debía a que habían intentado «conocer» – en un sentido sexual y, en este incidente, violar- a los ángeles”, sin embargo, una traducción diferente indica que en vez de “violar”, quisieron “expulsar” ángeles de su pueblo. El castigo de Dios sería, en este último caso, debido a una simple falta de hospitalidad y aunque era la lectura más probable, quedó en el olvido. Eso, por supuesto, no es raro, tampoco casual, sino que habla de los pudores de cada época y de cómo son sostenidos a través de los siglos. Esa denuncia es la que le da valor a Raro.

 

Raro. Una historia gay de Chile

Óscar Contardo
Santiago, Editorial Planeta, 2011.

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