Revista Intemperie

Peso mosca

Por: Pablo Soto

Si usted cree que su vida es insignificante, entonces no sabe nada de moscas. En Don Mosco se narran las aventuras de generaciones de moscas, cruzadas por la desdicha de vivir tan poco. Pablo Soto cree que esta publicación se inserta con ingenio en la tradición gráfica local.

 

La narración gráfica en Chile está alcanzando tal nivel de desarrollo que en noviembre de este año, las novedades que se lanzaron llegan casi a la docena, si tomamos en cuenta solo la producción nacional. Una cifra demencial si miramos un par de años atrás, inverosímil si nos remontamos unas décadas más cuando las viñetas nacionales se encontraban comatosas tras acusar el golpe de la dictadura. No es casual que en un año de movilizaciones sociales, marcadas en lo profundo por las ganas de no olvidar el horror, la muerte, la violencia y el saqueo de la dictadura, la historieta chilena se haya levantado del nicho y haya retomado su andadura interrumpida a sangre y fuego. No es casual que los manifestantes hayan elegido a Condorito, Mafalda y al V de David Lloyd y Alan Moore como estandartes en la lucha. Se podría escribir una tesis sobre las connotaciones discursivas, sobre los niveles expresivos desde lo local a lo global que están contenidos en estos tres personajes.

Entre la ola de novedades del último tiempo encontramos Don Mosco con Patricio Mena en los textos y Sergio Lantadilla en la ilustración. A medio camino entre el cómic y el libro ilustrado esta obra narra a lo Cien años de soledad, las desventuras genealógicas entre los descendientes de Don Mosco, una suerte de gentleman de la vieja escuela, y Dángelo que viene a ser el rufián del lugar. Todo comienza cuando el segundo viola a la esposa del primero desatando una serie malentendidos, rencillas, conflictos, traiciones, asesinatos y revoluciones de tal magnitud que parecen exceder las sesenta páginas del libro. Y es esa desproporción entre la forma y el fondo la idea principal de la historia, la que se desarrolla en varios niveles al usar como metáfora a las moscas, imagen sartriana que en este caso es desarrollada con vena paródica, al dar cuenta de ciertos rasgos de la condición humana, cuyas dimensiones parecen bastante más pequeñas en comparación a las aventuras en las que se embarca.

Desde el punto de vista gráfico el libro está narrado con viñetas del tamaño de una página, donde Lantadilla utiliza unas pequeñas masas negras para representar a las moscas y perfila los ambientes con escala de grises en digital. Lo más original y donde Lantadilla se luce es en la planificación visual de cada página-viñeta, porque las moscas están metidas en cada una como si les quedaran grandes, como si estuvieran volando en círculos en el rincón de una casa donde las dimensiones de esta contrastan con las de los insectos. En el apartado textual, Mena introduce unos textos precisos y unos giros argumentales que le sacan provecho a la corta vida de las moscas.

Se le puede achacar un problema a Don Mosco, y este es su afán de ser una obra humorística y política y a la vez su poca capacidad llevar ciertas cosas más al límite, aprovechando el contexto y la situación del país. Probablemente no querían otra obra con Piñera en la portada, pero quizás se alejaron demasiado de lo factual, que pudo haber entrado de manera contundente en una obra con un lenguaje tan bien planificado y estructurado como esta. Sin embargo, Lantadilla y Mena se arraigan a una tradición gráfica local con ingenio, energía y bastante trabajo, al mismo tiempo que se afilian a otra tradición que tiene relación con la novela gráfica moderna, en la medida en que son conscientes de que la narrativa gráfica es un modo narrativo antiautoritario, que no busca explicar la realidad ni ordenarla, sino que más bien reírse de sus grietas y dar cuenta del sinsentido de aquello que a veces parece tan grave.

 

Don Mosco

Patricio Mena y Sergio Lantadilla
Santiago, Pehúen, 2011.

Un comentario

  1. Clepanto dice:

    “reírse de sus grietas” Creo que es la frase que mejor le queda a un análisis sobre Don Mosco. Está muy bueno el comentario, saludos.

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