Revista Intemperie

El fuego en la oscuridad

Por: Federico Zurita Hecht


Un atormentado adolescente de colegio católico: esto no es un caso más de abuso, pero sí tiene que ver con el aplastante poder de la clase dominante. Así lo asegura Federico Zurita luego de ver la obra Campamento.

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El niño explorador es una figura que, como una caricatura que se ha formado paralela a la idea del proceso de formación y crecimiento, se nos presenta como insoportable. Uno de los méritos del montaje Campamento, con dramaturgia de Begoña Ugalde y dirección de Amalia Kassai, es retomar esa figura insoportable, mantener ese carácter y, simultáneamente, desplazarla hacia una lucha interior en ambientes oscuros iluminados apenas por un fuego. El objetivo es incorporar la figura del boy scout a una discusión que intenta formular una representación crítica de otro proceso de formación y crecimiento, uno que se realiza oculto y que esconde redes gruesas y siniestras: se trata de la conformación de los cimientos de la clase dominante en una nación donde siempre se imponen los mismos y que, para asegurarse de que esto ocurra, esta misma clase se encarga de apalear los intentos de subversión que puedan surgir en su propio seno.

El responsable de esta lucha interna es Nicolás, alumno de colegio católico, hijo de una madre separada y con nana mapuche que lo quiere a él más que a sus propios hijos. El muchacho le teme al bosque y en su último campamento ha causado un incendio que lo ha convertido en (o ha sido causado por ya ser) un jovencito atormentado. Pese a eso, Nicolás ha traído de vuelta a la ciudad aquel espacio y lo ha desplegado en su casa, propiciando que se mezclen ambos mundos, sus tiempos correspondientes y las otras figuras que los habitan. Como consecuencia, el entorno de Nicolás se ha esforzado por llevarlo de vuelta al rebaño de ovejitas exploradoras, y la madre (como hada o bruja del bosque, en una noche de Halloween) lo ha amenazado con hablar con el padre Juan Andrés, guía espiritual y moral de la clase social a la que el niño debería seguir perteneciendo.

Con estos acontecimientos, se conforma la representación de ese espacio oscuro que es tanto el mundo externo como interno que Nicolás habita. La clase social a la que pertenece está explicitada en las costumbres del muchacho, su madre y sus amigos. La disidencia del niño se manifiesta, primero, en el incendio que causa, en la necesidad de quedarse en ese espacio de tormento, en el reconocimiento de sus privilegios y en el sinsentido de estos (él mismo se lo hace ver a su nana mapuche, que se desvive por él). A propósito de esto último, un nuevo mérito aparece en Campamento. Inicialmente pareciera que el montaje busca representar los mecanismos de determinación que actúan sobre un niño que se convertirá en un miembro de esa clase dominante y, por tanto, estaría justificando el despliegue de las redes de control conformadas desde la infancia en la conciencia de estos “líderes”. Sin embargo, en los intentos de contención del entorno de Nicolás reside la verdadera identidad del muchacho (el nuevo mérito de la obra, del que hablábamos antes). Nicolás es un rebelde que nace y vive en el mundo de los que desean asfixiar a los rebeldes. En esta decisión de individualidad, Nicolás deberá enfrentarse al apaleo de sus pares.

Campamento, en su oscuridad y en su olor a fundo traído (de forma material) al escenario de Lastarria 90, expone los mecanismos de autorregulación del mundo del poder. Es, por tanto, un viaje iniciático del que no se puede escapar y Nicolás es su principal víctima. Pero en aquel fracaso, que ocurre en un mundo ficticio, se configura, en el universo del espectador, el cuestionamiento y la alerta. Así, no solo Nicolás es un rebelde. Campamento es una acción subversiva, un fuego (como el que inicia Nicolás) acorde con la necesidad de denuncia que circula (y es necesaria) en nuestra época.

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Campamento

Dirección: Amalia Kassai.
Asistente de dirección: María José Contesse.
Dramaturgia: Begoña Ugalde.
Elenco: María Olga Matte, Claudia Hidalgo, María José Contesse, Gabriel Díaz, Rocardo Montt, Cristóbal Pizarro.
Diseño: Belén Abarza.
Realizador de vestuario: Daniel Bagnara.
Creación musical: Daniel Marabolí y Valeria Jara.
Productor: Michelle Sánchez y Tomás Roche.
Fecha: del 25 de noviembre al 18 de diciembre de 2011.
Horario: jueves a domingo a las 20:30 hrs.
Lugar: Teatro Lastarria 90. José Victorino Lastarria 90.

Un comentario

  1. gabriela dice:

    El olor agradable a la madera al entrar a la sala, el olor a fundo logrado en el escenario, se va tornando espeso, no se si por todo el movimiento de los personajes en escena o también es por la temática espesa que se va construyendo, cuando a nicolas se le prohibe ser otro, es decir, ser el mismo, sin considerar el círculo al que pertenece.

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